Por: Julia Fraser, EVP Americas en Sinch
Todos hemos pasado por eso. Mirando en alguna pantalla, un menú o una nueva aplicación, sintiendo esa punzada de inseguridad: “¿Lo estoy haciendo mal?”, “¿Por qué es tan complicado?”. Durante décadas, la tecnología habló su propio lenguaje: un dialecto críptico de acrónimos y pasos ilógicos diseñados para unos pocos elegidos. Y nosotros, los usuarios, fuimos los que tuvimos que adaptarnos. Se esperaba que aprendiéramos el lenguaje de la máquina para poder interactuar con ellos.
Pero ha estado ocurriendo algo extraordinario y, que realmente está cambiando el panorama. Discretamente, la tecnología empezó a usar un nuevo traductor e inició el aprendizaje de un nuevo idioma. Y es crucial hacer una distinción aquí, porque es fácil confundir la promesa con la realidad.
No me refiero a la promesa aún incumplida de la “hiperpersonalización”, hablo de la idea de que la tecnología nos conocería tan íntimamente que podría saludarnos por nuestro apodo o, inclusive, anticipar cada uno de nuestros deseos. Y siendo, sinceros, aún con los avances tan increíbles que hemos vivido, ese nivel de personalización profunda todavía parece muy lejano.
La verdadera revolución, la que realmente está ocurriendo, es mucho más profunda. Hablo de la creación de un lenguaje universal y humano, que es la unión que faltaba para entendernos mutuamente. El cambio no es que tu banco sepa cuál es tu película favorita. El cambio es que tu abuela puede pedir cita con el médico desde su móvil sin pedir ayuda, es darle esa independencia que tal vez ya no sentía. Esta es una innovación que no se centra en el “yo”, sino en el “nosotros” y en el cómo la tecnología nos brinda apoyo en nuestro día a día.
Entonces, ¿quiénes han sido los catalizadores de este cambio? En gran medida, los profesionales que, al entrar en el mundo técnico, aportaron algo más que solo habilidades de programación: llegaron con una perspectiva centrada en la empatía, en simplificar la comunicación y en crear conexiones útiles y necesarias. En particular, las mujeres. Tras haber sido durante mucho tiempo “outsiders” en un mundo tecnológico predominantemente masculino, ellas nos unimos a los equipos de desarrollo no solo por talento, sino también con un superpoder: la perspectiva de alguien que no damos nada por sentado. Es la idea para hacer la pregunta más simple, pero a la vez más devastadora: “Ok, pero ¿cómo se va a sentir una persona real usando esto?”.
Esa pregunta lo cambia todo, entra a romper la lógica de “siempre se ha hecho así” y la sustituye por el filtro del sentido común y la conexión humana. Son esas preguntas las que han permitido la creación de un nuevo paradigma en el mundo tencológico y nos ha impulsado a reducir esta brecha de comunicación.
Esta perspectiva es el motor de la innovación inclusiva. Cuando un equipo incluye voces de diferentes orígenes y experiencias de vida, la probabilidad de crear tecnología que sirva a todos aumenta exponencialmente.
Esta es la innovación que realmente importa. No es el tipo que nos deslumbra por su complejidad técnica, sino el que hace nuestras vidas más sencillas, seguras y conectadas.
Y lo más inspirador es que este movimiento acaba de empezar. Los movimientos globales que animan a niñas y jóvenes a dedicarse a la tecnología no solo enseñan a la próxima generación a programar; Están cambiando la narrativa, fomentando una cultura de creatividad y confianza que asegura que estas nuevas voces seguirán desafiando el statu quo.
En este Día Internacional de la Mujer, celebremos a las ingenieras, diseñadoras, investigadoras y todas las profesionales que están “rompiendo el código” desde dentro. Celebremos su impacto, que nos beneficia a todos. Porque cuando diseñamos pensando en la accesibilidad y la empatía, no solo abrimos la puerta a más mujeres; Construimos un futuro digital más humano para cada persona, independientemente de su género, edad o habilidad técnica.
La próxima vez que uses una canal como WhatsApp o RSC y sientas que “simplemente funciona”, piensa en las mentes y corazones que se esforzaron para que tu experiencia fuera tan intuitiva. La tecnología más brillante no es aquella que piensa por nosotros, sino aquella que, por fin, nos hace sentir comprendidos.
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