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Por: Leonardo González, Director Regional para América Latina en Ivanti
Cuando una terminal de punto de venta deja de procesar pagos, un lector de códigos de barras pierde conectividad o un kiosco de autoservicio queda fuera de servicio, el problema deja de ser únicamente tecnológico. Las filas en las cajas se alargan, las entregas se retrasan y la experiencia del cliente comienza a deteriorarse. En cuestión de minutos, un incidente técnico puede tener un impacto directo en los ingresos del negocio.
Las operaciones del retail dependen hoy de miles de dispositivos conectados que deben funcionar sin interrupciones. Sin embargo, este ecosistema ha crecido mucho más rápido que la capacidad de muchas organizaciones para administrarlo. Cada nueva tienda, aplicación o endpoint incrementa la complejidad operativa y amplía la superficie de ataque.
A medida que se acercan grandes temporadas comerciales como el Buen Fin, el Black Friday y las fiestas de fin de año, muchas organizaciones concentran sus esfuerzos en el inventario, la logística y la experiencia del cliente. Sin embargo, la infraestructura tecnológica que sostiene toda la operación no siempre recibe el mismo nivel de atención, a pesar de ser fundamental para mantener las tiendas funcionando sin contratiempos durante estos períodos de máxima demanda.
El verdadero desafío ya no consiste únicamente en identificar vulnerabilidades, sino en determinar cuáles representan un riesgo real para el negocio. Este enfoque, conocido como Gestión de Vulnerabilidades Basada en Riesgo, permite priorizar las vulnerabilidades según el contexto operativo y su impacto potencial en el negocio. En lugar de intentar corregir miles de vulnerabilidades al mismo tiempo, las organizaciones pueden concentrar sus esfuerzos en aquellas que realmente podrían afectar las ventas, la logística, la operación de las tiendas o la experiencia del cliente.
Esta realidad explica por qué las organizaciones están replanteando la forma en que gestionan las vulnerabilidades. Aunque la inversión en ciberseguridad continúa creciendo, muchas empresas siguen sintiéndose cada vez más expuestas. El State of Cybersecurity Report 2026 de Ivanti reveló que el 63 % de las organizaciones considera que el ransomware será una amenaza crítica en 2026, pero solo el 30 % se siente realmente preparado para responder. Esta brecha demuestra que el desafío ya no consiste en contar con más herramientas de seguridad, sino en saber dónde actuar primero.
A medida que la inteligencia artificial acelera el descubrimiento de nuevas vulnerabilidades, también reduce el tiempo disponible para responder. En este entorno, las organizaciones deben evolucionar desde una gestión reactiva de vulnerabilidades hacia una estrategia capaz de anticipar las brechas de remediación antes de que se conviertan en interrupciones del negocio. Ya no basta con aplicar parches con mayor rapidez; es necesario identificar de forma proactiva qué dispositivos representan el mayor riesgo, dónde existen brechas de remediación y qué acciones tendrán el mayor impacto en la continuidad operativa.
Este desafío se hace especialmente evidente durante las temporadas de mayor actividad comercial. En cuestión de semanas, los retailers incorporan nuevos dispositivos, otorgan accesos a empleados temporales y ajustan los procesos operativos para responder al incremento de la demanda. Una vez finalizada la temporada, comienza otro reto: garantizar que los dispositivos, las cuentas de usuario y los permisos regresen rápidamente a su estado habitual para eliminar riesgos innecesarios. Gestionar todo este ciclo de vida con rapidez y visibilidad se ha convertido en un componente esencial para asegurar la continuidad del negocio.
En este contexto, las organizaciones están evolucionando hacia modelos de gestión autónoma de endpoints, capaces de ofrecer visibilidad continua del entorno, automatizar tareas rutinarias y responder con mayor rapidez a los cambios en la infraestructura de TI. El siguiente paso es incorporar capacidades de remediación predictiva, que permitan anticipar qué vulnerabilidades o problemas operativos podrían convertirse en riesgos para el negocio antes de afectar la operación de las tiendas.
Más que acelerar la aplicación de parches, el objetivo es identificar qué requiere atención primero, priorizar las acciones con mayor impacto y reducir el riesgo operativo para fortalecer la continuidad del negocio y ofrecer una mayor confianza en el cumplimiento de las políticas de seguridad.
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