De la escritura a la IA: por qué cada revolución tecnológica cambia el trabajo, pero no lo elimina

La IA no elimina el conocimiento humano: lo transforma. Como la escritura o la Pascalina, redefine cómo aprendemos, trabajamos y tomamos decisiones.
Ángel Pérez Puletti, CEO de Baufest.
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Por Ángel Pérez Puletti, CEO de Baufest.

Nuestra historia, tal como la conocemos, comenzó hace unos 5.000 años en la Mesopotamia. Hacia el 3.000 a.C. la humanidad inventó la escritura y, con ella, abandonamos la prehistoria. Lo curioso es que esa tecnología fundacional no nació para la poesía, sino para la gestión: fue una herramienta contable diseñada para registrar cuántos granos, cuánto ganado y cuánta cerveza se movía entre los hombres.

Escritura y matemáticas germinaron juntas en un caldo de cultivo de cambios sociales profundos. Gracias al riego y al arado, las ciudades crecieron y creció  también la necesidad de organización. Surgieron los primeros reyes y, casi de inmediato, los impuestos. Así nació un nuevo género de trabajo: la burocracia estatal. La escritura cuneiforme fue, en esencia, el software de administración de la antigüedad.

Miles de tablillas de arcilla cocida que sobreviven hasta hoy revelan una verdad fascinante: el éxito de la élite profesional de aquel entonces dependía de saber contar. Existían escuelas y exámenes rigurosos para ingresar al cuerpo de escribas; el gran desafío era la matemática. Durante milenios, ser “contador” -el que cuenta- fue una habilidad de un distinguido grupo, indispensable en cortes reales y congregaciones religiosas. Incluso en el siglo XX, el oficio de “calculista” fue vital; basta recordar a las mujeres de la NASA que, a fuerza de lápiz y mente, hicieron posibles los primeros viajes espaciales.

El salto de Pascal

Si bien el ábaco fue un truco temprano, a mediados del 1600 se produjo un “salto cuántico”. Blaise Pascal construyó la Pascalina, la primera máquina mecánica para hacer cuentas. Su objetivo pragmático era ayudar a su padre con la recaudación fiscal en una región de Francia.

La Pascalina representó una revolución silenciosa. A diferencia de la polea o el arado, que reemplazaban la fuerza física, este ingenio sustituía un proceso que se creía exclusivo de la mente humana ¿Qué habrán pensado sus contemporáneos? ¿Habrán sentido el vértigo de un mundo sin “contadores”?

Hoy, sabemos que las computadoras -hijas evolutivas de aquella Pascalina- poseen un poder de cálculo que roza el infinito. Y, sin embargo, el apocalipsis laboral no ocurrió de la forma prevista. Aunque las máquinas hacen hoy la totalidad de las cuentas de las organizaciones modernas, seguimos enseñando matemáticas, teniendo empresarios, banqueros y científicos que aplican su inteligencia a los números. No dejamos de saber; aprendimos a usar ese saber a otro nivel.

La nueva Mesopotamia

Hoy nos encontramos en un umbral similar. La Inteligencia Artificial (IA) irrumpe en un momento de transformaciones sociales tectónicas. Es una herramienta que, sin duda, redefinirá el horizonte del empleo, un proceso que no estará exento de fricciones, conflictos y dramas humanos. Es nuestro nuevo salto cuántico.

Ante la IA, surge la pregunta recurrente: al tener máquinas que parecen saberlo todo, ¿dejaremos de aprender lo que ellas ya dominan? La historia sugiere lo contrario. La tecnología no ha venido a vaciar nuestra mente, sino a desplazar la frontera de lo posible.

En la Mesopotamia, la escritura no reemplazó la memoria, sino que la expandió para fundar ciudades. La Pascalina no eliminó a los matemáticos, sino que les permitió mirar más allá del simple cómputo. Quizás la IA no sea el fin del conocimiento humano, sino una herramienta para que, una vez más, nos apoyemos en ella para hacer nuestra vida un poco más ancha, más compleja y -ojalá- un poco mejor.

Preguntas frecuentes: 

1. ¿La inteligencia artificial reemplazará habilidades humanas como las matemáticas o el análisis?
No necesariamente. La historia muestra que cada avance tecnológico desplaza, pero no elimina, las habilidades humanas. Así como la Pascalina no sustituyó a los matemáticos, la IA no elimina el pensamiento analítico, sino que lo eleva. Hoy, más que calcular, el valor está en interpretar, cuestionar y tomar decisiones con base en datos.

2. ¿Qué impacto tendrá la IA en el empleo en América Latina?
El impacto será significativo, pero no uniforme. Habrá automatización de tareas repetitivas, especialmente en sectores administrativos y operativos, pero también se crearán nuevos roles enfocados en supervisión, estrategia y uso ético de la tecnología. La clave estará en la adaptación y el desarrollo de nuevas habilidades.

3. ¿Dejaremos de aprender si la IA “lo sabe todo”?
No. La IA no sustituye el aprendizaje, lo redefine. Así como la escritura permitió expandir el conocimiento humano en lugar de limitarlo, la IA amplía nuestra capacidad de entender problemas más complejos. El aprendizaje se moverá hacia habilidades más críticas, creativas y estratégicas.

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