Sabemos que las amenazas de ciberseguridad evolucionan con rapidez, complejidad y precisión, el más reciente informe sobre el Estado de Internet (SOTI) de Akamai Technologies en ciberseguridad y servicios en la nube, advirtió que el ransomware se transformó y ya no se trata solo de cifrar datos y exigir un rescate.
Según Akamai, esta estrategia emergente combina el cifrado de datos con amenazas de filtración, ataques DDoS (de denegación de servicio distribuido) para interrumpir operaciones críticas, y presión directa a terceros, como socios, clientes y medios de comunicación.
“Hoy en día, las amenazas de ransomware ya no se limitan al cifrado”, afirma Steve Winterfeld, Chief Information Security Officer (CISO) de Akamai. “Los atacantes utilizan datos robados, la exposición pública y las interrupciones del servicio para aumentar la presión sobre las víctimas. Estos métodos están convirtiendo los ciberataques en graves crisis empresariales y obligando a las empresas a replantearse su preparación y respuesta”.

México es terreno fértil para el ransomware
México no es ajeno a esta amenaza, las instituciones gubernamentales han sido blanco frecuente de ataques sofisticados, como el caso reciente del grupo RansomHub, que vulneró los sistemas de la Consejería Jurídica de la Presidencia.
Expertos en seguridad reiteraron un llamado urgente a reforzar los sistemas y aplicar modelos de defensa más robustos. A nivel nacional, la falta de políticas uniformes de ciberseguridad y la limitada capacidad de respuesta en ciertas dependencias permiten que estos ataques generen un impacto mayor.
De acuerdo con datos del Banco de Información de Ciberataques en México, en 2024 se registraron más de 85 mil intentos de ataques de ransomware, lo que representó un incremento del 36% con respecto al año anterior, siendo que sector salud, instituciones gubernamentales y las empresas financieras fueron los más afectados.
Una de las alertas más relevantes del informe SOTI es el papel que la inteligencia artificial generativa está jugando en la evolución del ransomware, aunque esta tecnología ofrece grandes oportunidades para la innovación, también se convirtió en una herramienta peligrosa en manos equivocadas.
Los atacantes están utilizando modelos de lenguaje como los LLM (Large Language Models) para crear código malicioso y perfeccionar tácticas de ingeniería social democratizando el cibercrimen, permitiendo que incluso personas con conocimientos técnicos limitados puedan lanzar ataques sofisticados.
“Estas herramientas facilitan el lanzamiento de campañas sofisticadas, incluso para personas con conocimientos técnicos limitados”, detalla el informe.

América Latina con conectividad pero sin regulación
El informe también lanzó un llamado de atención sobre la situación en América Latina, donde la rápida digitalización y crecimiento acelerado de la conectividad no han sido acompañados de políticas de ciberseguridad sólidas, dicha combinación se convirtió en blanco preferido para grupos de ransomware.
“La aplicación desigual de las políticas de ciberseguridad y la ausencia de regulaciones sólidas en muchos países siguen limitando el impacto de los intentos de extorsión vinculados a la exposición regulatoria”, advierte el reporte.
Aunque el ransomware es la cara más visible de la amenaza, el informe de Akamai también destaca un crecimiento para ataques de criptominería, especialmente dirigidos a organizaciones educativas y sin fines de lucro. Según el estudio, casi el 50% de los ataques de este tipo se enfocan en estos sectores, aprovechando su limitada infraestructura de defensa tecnológica.
Estas organizaciones, muchas veces desprovistas de recursos técnicos y financieros, se convierten en objetivos accesibles para grupos criminales que buscan explotar sus capacidades computacionales con fines lucrativos.
Frente a este panorama, James A. Casey, vicepresidente y director de privacidad de Akamai, subraya la necesidad de adaptar continuamente las estrategias de defensa. “Las leyes de ciberseguridad actuales aplican al ransomware, pero las regulaciones se enfocan en desincentivar el pago del rescate más que en prevenir el ataque”.
Casey recomienda a las organizaciones adoptar modelos de defensa como Zero Trust (Confianza Cero), que parte de la premisa de que ningún usuario o sistema es confiable por defecto, incluso si está dentro de la red corporativa. También sugiere implementar la microsegmentación, que permite dividir la red en zonas más pequeñas, limitando el movimiento lateral de los atacantes una vez que ingresan.
Además, se hace énfasis en la creación de protocolos de reporte de incidentes, gestión de riesgos, formación continua del personal y simulacros de ataque para evaluar la respuesta organizacional.
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