El boom de la inteligencia artificial en México dispara el consumo de energía fósil y agrava el impacto ambiental

La expansión de los centros de datos impulsados por inteligencia artificial en México acelera la demanda eléctrica y profundiza la dependencia de combustibles fósiles, en un contexto de infraestructura energética insuficiente y promesas de transición verde que avanzan más lento que la industria tecnológica.
El crecimiento de la infraestructura digital pone en tensión a la red eléctrica mexicana, aún dominada por los combustibles fósiles.
El crecimiento de la infraestructura digital pone en tensión a la red eléctrica mexicana, aún dominada por los combustibles fósiles.
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El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial (IA) está transformando la economía digital global, pero también está generando efectos colaterales cada vez más visibles. En México, el auge de los centros de datos —infraestructura clave para el desarrollo de la IA— está impulsando un aumento significativo en el consumo de energía proveniente de combustibles fósiles, en un contexto donde la capacidad de generación renovable no logra crecer al mismo ritmo que la demanda tecnológica.

Durante los últimos años, México se consolidó como un destino estratégico para la instalación de grandes centros de datos extranjeros, especialmente en el estado de Querétaro. La cercanía con Estados Unidos, los costos operativos competitivos y la disponibilidad de suelo industrial atrajeron inversiones de gigantes tecnológicos como Microsoft, Google y Amazon. Sin embargo, esta expansión ocurre en medio de una infraestructura energética limitada y altamente dependiente del petróleo, el gas natural y el diésel.

Centros de datos e infraestructura energética al límite

Los centros de datos, estructuras que pueden alcanzar el tamaño de un estadio olímpico, albergan cientos de miles de servidores que requieren un suministro eléctrico constante e ininterrumpido. Esta necesidad convierte a la estabilidad energética en un factor crítico. En México, donde el 77% de la energía generada en 2024 provino de combustibles fósiles, según datos oficiales, la presión sobre la red eléctrica es cada vez mayor.

Una investigación de Context reveló que la infraestructura de energías renovables del país no está creciendo lo suficientemente rápido como para abastecer la demanda que genera el desarrollo de la IA. Como consecuencia, muchas empresas recurren a soluciones inmediatas: generadores de gas natural, diésel e incluso la quema directa de petróleo.

“Es mucho más fácil simplemente bombear más petróleo que construir rápidamente un sistema solar de tamaño industrial”, explicó Masheika Allgood, fundadora de AllAI Consulting, una firma especializada en el impacto ambiental de los centros de datos.

Los centros de datos, clave para el desarrollo de la inteligencia artificial, se multiplican en México mientras crece la presión sobre una red eléctrica aún dependiente de combustibles fósiles.
Los centros de datos, clave para el desarrollo de la inteligencia artificial, se multiplican en México mientras crece la presión sobre una red eléctrica aún dependiente de combustibles fósiles.

Querétaro, epicentro del boom tecnológico

Querétaro se posicionó como el corazón del crecimiento de los centros de datos en México. Actualmente, la demanda energética asociada a estas instalaciones ronda los 200 megavatios, lo que desencadenó una carrera por ampliar la infraestructura de transmisión y distribución eléctrica.

Marco del Prete, secretario de Desarrollo Sustentable del estado, aseguró que los nuevos proyectos están invirtiendo en redes eléctricas para aliviar la tensión existente. No obstante, los tiempos de expansión de la infraestructura no coinciden con la velocidad de llegada de los centros de datos.

Un ejemplo concreto es Microsoft, que reconoció en una manifestación de impacto ambiental que la infraestructura eléctrica necesaria para uno de sus centros de datos tardará años en completarse. Mientras tanto, la compañía utiliza siete generadores de gas natural que suministran 10,5 megavatios anuales, con emisiones equivalentes a las de más de 2.000 automóviles por año.

Promesas verdes y una transición lenta

Las grandes tecnológicas llevan años anunciando compromisos ambientales ambiciosos. Microsoft, por ejemplo, apunta a alcanzar el 100% de energía renovable directa en todas sus operaciones para 2025, mientras que Amazon asegura haber compensado todo su consumo eléctrico global con proyectos de energía limpia.

Sin embargo, la realidad local presenta matices. Aunque las empresas firmen acuerdos de compra de energía renovable en otros países, la transición efectiva de los centros de datos instalados en México sigue siendo incierta. En 2023, la Asociación Mexicana de Data Centers prometió convertir las energías renovables en su principal fuente, pero sin establecer plazos concretos.

Adriana Rivera, directora del organismo, reconoció que la estabilidad energética sigue siendo un desafío central. “Probablemente nunca dejemos de depender completamente de la energía fósil, porque la estabilidad de potencia que requieren los centros de datos es muy alta”, afirmó.

Más demanda, más emisiones

Las proyecciones del sector indican que para 2030 México necesitará alrededor de 1,5 gigavatios de energía adicionales solo para centros de datos, lo que representaría el 5% de toda la nueva capacidad energética prevista en el plan nacional. A su vez, se estima que se construirán al menos 100 nuevos centros de datos en el país antes de que termine la década.

El gobierno mexicano presentó un plan para agregar 28 gigavatios de capacidad energética hacia 2030, con un 80% proveniente de fuentes renovables, principalmente solar. El objetivo es que el 38% de la energía nacional provenga de fuentes limpias. No obstante, la industria tecnológica no espera: los proyectos avanzan más rápido que la infraestructura verde.

Un caso emblemático es CloudHQ, que anunció una inversión de 4.800 millones de dólares para construir un complejo de centros de datos que demandará 900 megavatios. Su director de operaciones reconoció que, aunque la energía limpia es clave, “a veces no tiene la velocidad que necesitamos”.

Un dilema global con impacto local

La situación de México refleja una tensión que se replica a nivel mundial: el crecimiento explosivo de la IA frente a los compromisos climáticos. Según la Agencia Internacional de Energía, el 56% de la energía que consumen los centros de datos en el mundo proviene de combustibles fósiles, mientras que solo el 27% es renovable.

Además, en México, los centros de datos ubicados en parques industriales están exentos de presentar informes de impacto ambiental, lo que dificulta medir sus emisiones reales. “Es muy difícil exigir responsabilidades cuando ni siquiera se conoce el alcance de los acuerdos”, advirtió Tamara Kneese, investigadora del Data and Society Research Institute.

Mientras los países prometen un futuro energético más limpio, la expansión de la inteligencia artificial sigue dependiendo, al menos por ahora, de fuentes de energía altamente contaminantes. En ese delicado equilibrio entre innovación tecnológica y sostenibilidad ambiental, México enfrenta uno de los desafíos más complejos de su transición digital.

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