El retail en México vive uno de los momentos más relevantes de su historia reciente. Con una participación cercana al 10% del Producto Interno Bruto (PIB), el comercio minorista se consolida como uno de los principales motores económicos del país. Si se suman el comercio mayorista y minorista, la contribución alcanza aproximadamente el 18.7% del PIB nacional, dentro de un sector terciario que supera el 60% de la economía mexicana.
En términos absolutos, el PIB del comercio al por menor —incluyendo tiendas de autoservicio y departamentales— alcanzó los 3.43 billones de pesos en el segundo trimestre de 2024, a precios corrientes. A inicios de 2025, el sector mostró señales de crecimiento sostenido, impulsado tanto por la recuperación del consumo interno como por la expansión del comercio electrónico.
“El retail es uno de los motores económicos más importantes del país, pero también uno de los sectores que enfrenta mayores presiones competitivas y de transformación”, afirma Ramiro Márquez, AVP y Mexico Country Manager de GlobalLogic. El directivo subraya que el entorno actual obliga a las empresas a evolucionar rápidamente para no perder relevancia frente a nuevos jugadores digitales y marketplaces globales.

Un sector con desafíos estructurales
Antes de esta etapa de acelerada digitalización, el retail mexicano arrastraba retos operativos y tecnológicos significativos. Muchas compañías crecieron sobre infraestructuras fragmentadas, donde inventarios, puntos de venta, logística, precios y comercio electrónico operaban en sistemas aislados. Esta desconexión generaba errores, duplicidad de información y poca visibilidad en tiempo real.
En un mercado donde la disponibilidad inmediata de productos y la entrega rápida son determinantes, estas limitaciones se tradujeron en pérdidas de oportunidad y en una experiencia inconsistente para el consumidor. De acuerdo con cifras de la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), el comercio electrónico minorista en México ha mantenido crecimientos de doble dígito en los últimos años, convirtiéndose en uno de los mercados digitales más dinámicos de América Latina. Este ritmo dejó en evidencia la necesidad de modernizar procesos.
“Durante años, muchas compañías crecieron sobre infraestructuras tecnológicas que no estaban pensadas para operar en un entorno omnicanal. Eso generó ineficiencias y limitó la capacidad de reacción ante cambios en la demanda”, explica Márquez.
A esto se sumaba una fuerte dependencia de procesos manuales en tiendas físicas, centros de distribución y áreas administrativas. La última milla, uno de los puntos críticos del ecommerce, también enfrentaba retos por la falta de integración entre inventarios y sistemas logísticos, impactando directamente en tiempos de entrega y niveles de servicio.
Otro obstáculo estructural ha sido la escasez de talento especializado en tecnología. En México, la demanda de perfiles en desarrollo de software, análisis de datos e inteligencia artificial supera la oferta disponible, lo que obliga a las empresas a invertir en capacitación o a buscar socios tecnológicos estratégicos. Además, muchas organizaciones mantenían una cultura centrada en la operación diaria más que en el análisis de datos, retrasando la adopción de decisiones basadas en información en tiempo real.

La transformación digital como eje estratégico
El acceso masivo a smartphones y la penetración de internet, que ya supera el 75% de la población según datos públicos recientes, han modificado los hábitos de compra. Hoy el consumidor compara precios en línea, revisa reseñas y exige opciones de entrega flexibles.
Ante este nuevo panorama, la integración omnicanal se convirtió en prioridad. Las empresas comenzaron a unificar inventarios, catálogos y precios entre tiendas físicas, ecommerce y aplicaciones móviles. Esto permitió ofrecer experiencias más coherentes y reducir fricciones en el proceso de compra.
Asimismo, el sector avanzó en la modernización de sistemas de punto de venta, la implementación de ERP integrados y la adopción de soluciones logísticas con visibilidad en tiempo real. La analítica avanzada y el uso de datos comenzaron a jugar un papel central en la gestión de inventarios, la planeación de demanda y la personalización de ofertas.
“La digitalización dejó de ser un proyecto aislado para convertirse en un habilitador estratégico. Hoy hablamos de integrar datos, automatizar procesos y diseñar experiencias consistentes en todos los canales”, sostiene Márquez. En su visión, el retail mexicano está transitando hacia modelos donde la tecnología no solo soporta la operación, sino que la redefine.
La digitalización también alcanzó la operación en tienda física. Herramientas de reposición automatizada, trazabilidad de productos y sistemas de control operativo permiten optimizar tiempos y reducir mermas. En centros de distribución, la automatización de procesos de picking y la mejora en la gestión de entregas han incrementado la eficiencia.
Sin embargo, la transformación tecnológica ha permitido cerrar brechas y fortalecer su posicionamiento.
La combinación de tiendas físicas estratégicamente ubicadas y capacidades digitales robustas ofrece una ventaja competitiva relevante. Modelos como el click & collect o la entrega el mismo día aprovechan la infraestructura local para competir con plataformas internacionales.
Además, la integración de tecnología y datos ha contribuido a mejorar la experiencia del cliente, optimizar costos operativos y responder con mayor agilidad a cambios en la demanda, como los picos estacionales o eventos comerciales masivos.
“Las empresas que logran integrar tecnología, datos y operación son las que están mejor posicionadas para competir en el mercado actual. El retail mexicano está avanzando hacia modelos más escalables, inteligentes y centrados en el consumidor”, concluye Márquez.
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