La conversación sobre mujeres y tecnología vuelve una y otra vez, pero los números muestran que el problema sigue lejos de resolverse. En Argentina, en la región y a escala global, la participación femenina en ciencia, matemática y tecnología continúa siendo baja. Y, según advierten Micaela Sánchez Malcolm y María José Petrone, fundadoras de Géneras, la irrupción de la inteligencia artificial no corrige esa desigualdad: en muchos casos, la reproduce y hasta la profundiza.
En una nueva edición de Future Talks, ambas especialistas en inclusión y tecnología repasaron las causas estructurales de esta brecha, el rol de las políticas públicas, el peso de las tareas de cuidado, la falta de representación en los espacios de decisión y los desafíos que abre la inteligencia artificial para las mujeres.
Por qué siguen siendo pocas las mujeres en tecnología
La primera definición de Micaela Sánchez Malcolm es contundente: la subrepresentación femenina no es un fenómeno aislado ni local, sino una constante que atraviesa distintos niveles.
“Somos pocas en Argentina, somos pocas en la región y somos pocas globalmente en tecnología. Son números que no mejoran con el tiempo”.
Según explicó, el proceso de alejamiento empieza muy temprano, incluso antes de que muchas niñas definan intereses vocacionales.
“En el caso de Argentina, puntualmente se da una separación en la vinculación con la tecnología, con la matemática y con la ciencia a muy temprana edad, a los 6, 7 u 8 años”.
Ese distanciamiento inicial luego se refleja en toda la trayectoria educativa y profesional.
“Hay como todo un correlato que arranca muy temprano, que hace que nuestra trayectoria académica o formativa quede un poco afuera de esa escena, que no nos apropiemos de esos lugares, y eso después obviamente impacta en el recorrido profesional. Somos pocas realmente”.
La idea central es que la brecha no empieza en el mercado laboral, sino mucho antes: en la escuela, en los estímulos que reciben niñas y niños, en los modelos que observan y en las expectativas sociales que se construyen desde edades tempranas.

La desigualdad se replica en cada etapa
Para María José Petrone, las brechas entre hombres y mujeres se trasladan al mundo tecnológico con una intensidad todavía mayor. “Se replican y, con la tecnología, también se triplican”.
Ese patrón se repite en distintos momentos de la vida: niñez, adolescencia, educación superior, trabajo y liderazgo. El resultado es una presencia femenina cada vez más reducida a medida que se asciende en la estructura de decisión.
“No vemos lideresas. Somos menos del 10%”. Sánchez Malcolm completó esa idea con otro dato fuerte: “En los lugares de toma de decisión, ese 30% se cae estrepitosamente y somos menos del 10”.
La consecuencia no es solo estadística. También afecta la forma en que se diseña la innovación, se toman decisiones de negocio y se construyen los equipos que producen tecnología.
El problema no es solo empresarial: también es político y cultural
Durante la entrevista, ambas fundadoras de Géneras insistieron en que la inclusión de más mujeres en tecnología no puede quedar librada solo a la buena voluntad del mercado.
“Es una discusión que, a nuestro criterio, tiene que darse en diferentes estratos y con diferentes actores: actores de gobierno, del poder ejecutivo, del poder legislativo, y convocando también una discusión respecto a cómo nos formamos desde que somos chicas y chicos”, señaló Sánchez Malcolm.
Para ella, las políticas públicas son una pieza central, no solo para ampliar oportunidades de formación, sino también para fijar condiciones que modifiquen las reglas de juego.
El enfoque no se limita a la contratación de mujeres. También incluye cómo las plataformas tratan la información, qué sesgos reproducen y qué niveles de seguridad ofrecen a mujeres y diversidades.

Tareas de cuidado: la carga invisible que limita oportunidades
Uno de los puntos más importantes de la charla fue el impacto de las tareas de cuidado en la trayectoria de las mujeres. Petrone lo resumió con claridad:
“Todas tenemos (personas) a cargo y que nos implican una tarea más y una mayor carga horaria en nuestros hogares. Entonces, cuando están estos puestos, a veces hay mujeres capacitadas, pero no pueden ocuparlos”.
Sánchez Malcolm amplió esa mirada al plantear que el cuidado tiene un valor económico real, aunque muchas veces no sea reconocido.
“El valor económico que hay en las tareas de cuidado, el aporte que hay a la economía, aunque no esté monetizado, es una discusión clave para dar”.
Y agregó un dato que ayuda a dimensionar esa carga: “Hay informes que hablan de que representa casi el 15% del producto bruto interno de un país”.
¿El género sigue en agenda?
Frente a un escenario político y cultural en el que muchas veces la discusión de género parece perder centralidad, Sánchez Malcolm fue directa:
“La realidad es que no. Pareciera hoy que es casi un tabú o una mala palabra hablar de género, como si fuera un tema marginal”. Y remarcó un punto que suele quedar diluido en el debate público:
“Somos más del 50% de la población del mundo. No estamos hablando de una minoría”.
Aun así, ambas coinciden en que la agenda no desapareció y que existe una demanda social sostenida para que estas discusiones continúen.
“Yo creo que sí, no se puede borrar con un par de años, sea la gestión que sea y la cultura que sea, todo lo que los derechos que hemos conquistado”, sostuvo Petrone.
Sánchez Malcolm, por su parte, insistió en la necesidad de continuidad: “Las decisiones para fomentar la igualdad, que en definitiva son las políticas de género, debieran ser transversales a todas las carteras de todos los ministerios, de todos los niveles de gobierno”.

Un horizonte todavía lejano: hasta 286 años para cerrar la brecha
Sánchez Malcolm citó estimaciones internacionales sobre el tiempo que demandaría cerrar las desigualdades de acceso a derechos entre mujeres y varones.
“Hay un informe de ONU Mujeres muy reciente que es muy pesimista respecto a esto. Antes de la pandemia, los años que se calculaban para reducir los niveles de desigualdad rondaban los 140 años. Ahora promedian los 286 años”.
Y aclaró qué significa esa cifra: “Para llegar a instancias donde se iguale el acceso a derechos entre mujeres y varones. No hay un país en el mundo que tenga niveles de igualdad y paridad exactos, ninguno, ni siquiera los más avanzados”.
Ese diagnóstico refuerza una de las ideas de fondo de la charla: el cambio no solo requiere convicción, sino también políticas persistentes en el tiempo.
Inteligencia artificial y mujeres: una brecha que también se reproduce
La explosión de la inteligencia artificial es uno de los temas centrales de la agenda tecnológica global. Pero, según las fundadoras de Géneras, esa revolución no está siendo construida con una participación equilibrada.
“Hay mucha menor incidencia de las mujeres en la industria de la inteligencia artificial. En términos de desarrollo de modelos de lenguaje, ingenierías y en toda la parte que está por detrás de lo que ven los usuarios y las usuarias finales, la incidencia de mujeres ronda el 22 o 23 %”, afirmó Sánchez Malcolm.
Ese déficit no es menor, porque impacta en la forma en que se diseñan, entrenan e implementan los sistemas.
“Eso implica que no estemos contempladas en el diseño, que no estemos contempladas en los criterios de utilización de los datos y en cómo funcionan los algoritmos”.
La consecuencia es que los sesgos se vuelven estructurales.
“Tenés todo el tiempo brechas, sesgos y disparidad en la mirada entre varones hetero cis, por lo general, y mujeres o disidencias, que están mucho menos representadas en todo el proceso: en el diseño, en la implementación, en el uso, en la auditoría y en los criterios de abordaje de esas soluciones de inteligencia artificial”.

Los sesgos de la IA ya se ven en la práctica
Petrone aportó un ejemplo concreto de cómo esos sesgos aparecen incluso en herramientas de uso extendido.
“Nosotros hicimos algunos talleres y preguntábamos en vivo a diferentes sistemas de inteligencia artificial que nos dieran una imagen de una persona experta en inteligencia artificial. Obviamente no nos sorprendíamos, porque todas las personas eran varones, buenos mozos, musculosos, algunos con anteojos, muy intelectuales ellos, pero nosotras no aparecíamos”.
Cuando el pedido cambiaba, la representación también lo hacía:
“Después preguntábamos que nos dieran una imagen de una persona responsabilizada de cuidados y obviamente ahí sí aparecíamos nosotras”.
Ese contraste muestra con nitidez cómo los sistemas aprenden y reproducen imaginarios sociales preexistentes.
¿No hay mujeres o no se las busca lo suficiente?
Otro punto fuerte estuvo en la discusión sobre la excusa frecuente de que “no hay mujeres” para determinados puestos técnicos o de liderazgo.
“No, yo creo que hay especialistas mujeres en todos los niveles formativos y académicos, y además solemos ser mejores estudiantes, tenemos mejores notas, mejor terminalidad académica en todas las carreras”, respondió Sánchez Malcolm.
A su entender, el problema no pasa por una supuesta falta de talento, sino por entornos hostiles, soledad, baja representación y barreras culturales que desincentivan la permanencia.
“Lo que termina ocurriendo en las instancias más vinculadas a tecnología es que hay mucha soledad, hay muy poca representación de mujeres y eso involucra mucha dificultad para poder terminar en términos de pertenencia”.
Por eso, propuso una medida concreta para quienes tienen capacidad de decisión: “Si estás en un lugar de toma de decisión, contratá mujeres”.

Cupos, liderazgo y cultura organizacional
Consultada sobre las cuotas o cupos, Sánchez Malcolm fijó una posición clara: “Para mí es una condición necesaria, no suficiente”.
Explicó que no alcanza con esperar que los procesos sociales o el mercado se regulen solos. “No puede depender de la decisión de una persona únicamente. Tienen que establecerse mecanismos que faciliten y permitan la intervención, la participación y la diversidad”.
Sin embargo, también advirtió sobre los límites de ese instrumento.
“No me parece que sea suficiente que sea un 30%, y tampoco me parece suficiente que el carácter de ser mujer represente solamente la oportunidad para entrar”.
A partir de allí aparece otra barrera: la necesidad constante de demostrar capacidad en contextos donde muchas veces la legitimidad inicial no está dada.
“Te va a costar 2, 3, 4, 5 instancias; a la sexta te van a dar bola. Por ahí un varón llega a la primera”.
La diferencia, remarcó, no responde a méritos individuales, sino a estructuras culturales y relaciones de poder que siguen operando.
Women in Tech: del dato a la acción
En la parte final de la charla, las referentes de Géneras contaron cómo será la nueva edición de Women in Tech, el evento que impulsan para generar comunidad, formación y acción concreta.
“La inteligencia artificial es el tema. El lema de la cuarta edición del Women in Tech este año es ‘Del dato a la acción’: qué hacemos con todo esto, con todo el boom de la inteligencia artificial”, explicó Petrone.
La cita será el próximo 15 de abril en el Centro Argentino de Ingenieros, en la Ciudad de Buenos Aires, con entrada libre y gratuita.
“Hay que inscribirse, es libre y gratuito y esperamos que sea multitudinario. La inscripción está en nuestras redes, arroba somosgeneras”.
Según Sánchez Malcolm, el encuentro tendrá una lógica participativa y no se limitará a conferencias tradicionales.
“Queremos discutir el cruce entre tecnología, inteligencia artificial, trabajo y mujeres particularmente, porque está fuera de agenda, entonces queremos tratarlo e instalar una agenda”.
Además de keynotes y testimonios, habrá instancias prácticas.
“Se van a encontrar con workshops vinculados a metodologías ágiles, con workshops vinculados a la implementación de soluciones de IA específicamente orientadas a emprendimientos o al desarrollo de mujeres, con la gestión de equipos, con la gestión de bienestar al interior de los equipos y con cómo convertir la gestión de equipos en métricas que nos ayuden a tomar decisiones”.

IA, formación y apropiación tecnológica
Más allá del evento, ambas entrevistadas compartieron su visión sobre cómo empezar a trabajar hoy con inteligencia artificial.
Petrone destacó una tendencia puntual:
“Estoy utilizando mucho los agentes, entrenarlos y capacitarlos a lo que yo necesito, con la información que yo necesito. En el día a día o en las tareas que una puede realizar, me parece que con cualquier profesión, con cualquier comercio o con cualquier persona, el uso de los agentes puede ayudar un montón”.
Sánchez Malcolm, en cambio, puso el foco en diversificar herramientas y no limitarse a un único uso superficial.
“Hay un primer paso en cualquier uso de cualquier tecnología que tiene que ver con que esto me sirve y me lo apropio. Bueno, después hay que saltar un poquito esa primera instancia y buscar complementos, variantes y otras soluciones de IA que puedan ayudarnos a ser más y mejor”.
Pero advirtió que no se trata solo de productividad. “No pensando únicamente en incrementar la productividad. Sumar actividades y actividades deviene en un sinfín de ansiedad”.
Su planteo apunta a usar la IA para ordenar procesos, generar mejores datos y tomar decisiones con más información.
“Que de esos procesos más claros obtengamos datos e información de lo que sea que hagamos: si trabajamos en políticas públicas, si trabajamos con programas, si trabajamos en tecnologías, con textos o con educación”.
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