Por Soledad Tolosa, Gerente de Recursos Humanos en Toltech Group.
Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer y, en realidad, durante todo el mes se multiplican las conversaciones sobre mujeres y su desarrollo profesional en ámbitos tecnológicos. Sin embargo, la mayoría de esas discusiones se concentran en el desarrollo de software o en la inteligencia artificial, mientras que existe un sector clave de la transformación digital que sigue siendo prácticamente invisible: la infraestructura tecnológica.
Sin redes, conectividad, sistemas de videovigilancia y comunicaciones críticas, la economía digital simplemente no funciona. Sin embargo, estos rubros relacionados con la base física del mundo digital, siguen siendo algunos de los espacios con menor participación femenina.
En sectores como la conectividad, el monitoreo urbano o las redes críticas, la presencia de mujeres sigue siendo baja. En Toltech Group somos 65 empleados, de los cuales 16 somos mujeres y tres ocupamos puestos de liderazgo. Este porcentaje todavía está lejos de ser equilibrado, pero refleja avances que no ocurrieron por casualidad sino como resultado de decisiones concretas.

El problema es estructural. Según estudios regionales realizados en seis países de América Latina, las mujeres no superan el 23% de la matrícula en carreras universitarias de programación. Esta subrepresentación no solo limita trayectorias individuales, sino que empobrece a toda la industria. Otros relevamientos del sector indican que, en promedio, apenas el 9% de los puestos senior en tecnologías de la información (TI) están ocupados por mujeres.
Pero en infraestructura tecnológica existe además una barrera adicional, que tiene que ver con la cultura técnica tradicional. Roles como técnicos de campo, instalación de equipos o trabajos en altura siguen fuertemente masculinizados. En más de una década de trabajo en el sector, nunca conocí una torrista mujer. No se trata de falta de capacidad técnica, sino de un imaginario que todavía no incluye a las mujeres en estos espacios.
Esta subrepresentación tiene consecuencias que van más allá de la equidad. Limita el desarrollo de talento en un sector que hoy es estratégico. Mientras el mundo avanza hacia ciudades inteligentes, seguridad urbana digitalizada y redes cada vez más complejas, la demanda de perfiles técnicos sigue creciendo más rápido que la oferta.

La transformación digital no ocurre solamente en el software. También ocurre en terreno. El despliegue de fibra óptica, la operación de centros de monitoreo, la integración de sensores y la gestión de redes críticas son tareas que requieren cada vez más conocimiento técnico y capacidad de análisis. La incorporación de inteligencia artificial en sistemas de videovigilancia, analítica avanzada y monitoreo remoto está cambiando el perfil de los puestos. Muchas tareas que antes exigían presencia física permanente hoy pueden resolverse desde centros de control, ampliando las oportunidades para perfiles técnicos diversos.
Este cambio abre una ventana que el sector no debería desaprovechar. La infraestructura tecnológica necesita más profesionales, y el talento femenino sigue siendo minoría. Entonces, la incorporación de más mujeres en infraestructura tecnológica no es solo una cuestión de igualdad. Es una necesidad productiva.
El sector enfrenta un déficit creciente de profesionales técnicos, mientras la digitalización avanza hacia cada vez más industrias: transporte, energía, salud, seguridad y telecomunicaciones. Sin personas que diseñen, instalen y operen estas redes, la transformación digital se vuelve imposible.

Sabemos que el desarrollo profesional todavía no es sencillo para una mujer en esta industria ya que persisten prácticas culturales que desalientan la participación femenina, especialmente en los entornos técnicos más exigentes. Sin embargo, se trata de uno de los sectores con mayor proyección laboral y mayor impacto social.
Visibilizar el rol de las mujeres en infraestructura tecnológica implica reconocer que la transformación digital no se construye solo con código. También se construye con redes, equipos y sistemas que sostienen la vida digital cotidiana.
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