Por Santiago Witis, Country Manager de Pomelo en el Cono Sur.
Durante décadas, los pagos internacionales dependieron de una infraestructura que conectó mercados pero que hoy se ve claramente limitada: operaciones que demoran días, costos elevados y acceso desigual a servicios financieros globales. Las stablecoins están cambiando esto. Lejos de ser una innovación curiosa, se convirtieron en una herramienta concreta que transforma cómo las empresas mueven dinero.
Lo que impulsa su adopción es una necesidad muy práctica: pagos más rápidos, eficientes y predecibles. Cuando las empresas operan cada vez más allá de fronteras, contar con transferencias casi instantáneas disponibles 24/7 deja de ser un lujo para convertirse en ventaja competitiva.
Los números confirman esta realidad. Según Visa Onchain Analytics, las stablecoins superan USD 272.000 millones en circulación global con más de USD 10,2 billones en volumen anual. Estamos hablando de una infraestructura ya consolidada, no de un experimento.
En América Latina el fenómeno es particularmente claro. Aquí, donde la volatilidad económica, las restricciones cambiarias y las brechas financieras son la norma, las stablecoins ofrecen una salida práctica: pagos a proveedores internacionales más fluidos, exportación de servicios sin fricciones, acceso real a la economía global.
Pero hay algo más profundo sucediendo. No es solo velocidad. Lo que está emergiendo es una capa de infraestructura paralela que convive con la banca tradicional y la amplía. Instituciones financieras, procesadores de pago y empresas tecnológicas ya desarrollan soluciones blockchain mientras los marcos regulatorios avanzan en seguridad jurídica. Esta convergencia entre innovación y regulación está acelerando la integración en operaciones corporativas que antes dependían exclusivamente de la banca.
La automatización suma otra capa de valor. Cuando se integran con herramientas de gestión financiera, las stablecoins aceleran procesos que siempre demandaron intervención manual, reducen errores y mejoran trazabilidad. Para empresas con cadenas de suministro complejas, esto deja de ser mejora para convertirse en ventaja operativa real.
La regulación será clave para que esto escale. El equilibrio necesario es promover innovación sin descuidar transparencia y protección. Aquí es donde las fintech juegan su papel más importante: traducen tecnología compleja en soluciones que los negocios entienden y pueden usar.
La historia de los pagos internacionales está entrando en una nueva etapa. Aunque la transformación recién comienza, las stablecoins ya muestran su capacidad para integrarse a operaciones reales y resolver fricciones concretas del comercio global.
En Pomelo entendemos que el cambio más relevante va más allá de la tecnología, porque brinda la posibilidad de conectar empresas, mercados y sistemas de pago de forma más eficiente. Esa será, cada vez más, una condición clave para competir en una economía digital e interconectada.
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