Trabajo e IA: El futuro no se negocia con el pasado

El futuro del trabajo con inteligencia artificial: por qué Argentina no puede seguir mirando al pasado
Ximena Gauta Acosta, Docente Universidad Di Tella y coach en innovación y futuro del trabajo.
Ximena Gauta Acosta, Docente Universidad Di Tella y coach en innovación y futuro del trabajo.
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Por Ximena Gauta Acosta, Docente Universidad Di Tella y coach en innovación y futuro del trabajo.

Hace unos días, Satya Nadella el CEO de Microsoft publicó algo que vale la pena leer dos veces. Escribió que el éxito de la inteligencia artificial ya no depende tanto de qué tan poderoso sea un modelo, sino de los ecosistemas que las organizaciones construyen alrededor de él. Dijo que las empresas tienen que dejar de pensar en “automatizar tareas” y empezar a construir sistemas donde el conocimiento humano y las capacidades de la IA crecen juntos, en lo que llamó un “loop cognitivo”. Y agregó que esto es distinto a las transformaciones digitales anteriores que buscaban aumentar la productividad humana; la IA, es diferente, crea un ciclo real entre personas y máquinas que cambia cómo las organizaciones generan conocimiento, innovan y compiten.

Lo interesante no es que lo diga el CEO de Microsoft. Lo interesante es que, si lo bajamos de la empresa a la persona, dice exactamente lo que vengo sosteniendo hace tiempo: la IA amplifica lo que encuentra, y lo que encuentra sos vos. Si tu forma de pensar es rica, crítica, curiosa, eso es lo que se multiplica. Si es perezosa o está anclada en cómo se hacían las cosas, también se multiplica. A escala.

El futuro del trabajo: entre la adopción y el miedo

Y ahí aparece la pregunta que más escucho en los medios: “¿qué va a pasar con el trabajo?”. La respuesta corta es: no lo sabemos, y esa es la única certeza que tenemos. Lo único seguro es que nada va a seguir siendo como es ahora. No es una mala noticia, es la noticia de siempre, solo que ahora el ritmo se acelera. Los datos lo confirman: tres de cada cuatro empleados en el mundo ya usan IA generativa en su trabajo, pero el 43% de los trabajadores teme que la automatización reemplace su empleo en los próximos dos años. Esa brecha entre adopción y miedo es, justamente, el síntoma de no haber hecho el trabajo de repensar el trabajo.

Acá entra la paradoja argentina, y esta es la parte que más me interesa. Somos el país del tango. Hicimos de la nostalgia un arte no por nada la canción más argentina que existe se llama “Volver”. Esa sensibilidad para mirar atrás, para cuidar lo que fue, es hermosa en el arte. Pero como estrategia de país, o como estrategia profesional, o empresarial es un lastre. La pregunta no es si el pasado fue mejor. La pregunta es si sabemos habitar lo que viene, y ahí aparece la duda. Como sociedad tenemos una compulsión cultural a temer el futuro, a tratarlo como una amenaza que hay que contener en lugar de un territorio que hay que aprender a recorrer.

La inteligencia artificial ya no se limita a automatizar tareas: el desafío pasa por construir organizaciones y profesionales capaces de potenciar el conocimiento humano junto con la tecnología.
La inteligencia artificial ya no se limita a automatizar tareas: el desafío pasa por construir organizaciones y profesionales capaces de potenciar el conocimiento humano junto con la tecnología.

Argentina tiene talento, pero necesita mirar hacia adelante

Y sin embargo, paradójicamente, estamos mejor posicionados de lo que creemos. Argentina ranquea cuarto en adopción tecnológica en la región, detrás de Chile, Brasil y Uruguay, con una buena combinación de investigación, desarrollo y adopción. El talento está. Lo que falta no es capacidad: es animarnos a usarla para mirar para adelante en vez de cuidar el pasado del futuro.

Las organizaciones tienen el mismo desafío que Nadella describe, pero a su escala: no se trata de automatizar partes del trabajo, se trata de rediseñar el trabajo completo y acompañar a las personas en esa transición hacia un tipo de organización donde la inteligencia está distribuida entre sistemas humanos y tecnológicos, no concentrada en ninguno de los dos.

El desafío de abrazar la destrucción creativa

Hace años que se dice que el futuro ya llegó, solo que no está distribuido equitativamente. A nosotros quizás nos tocó más tarde, pero ya está aquí. Entonces lo que hay que soltar no es lo que somos, sino el miedo a la destrucción creativa: la idea, incómoda pero necesaria, de que no se innova preservando lo que ya funciona, sino reemplazándolo por algo mejor. Nadella lo dice así: el objetivo no es que las empresas capturen todo el valor que generan, sino que ese valor se derrame hacia las personas y las comunidades que las rodean, que el criterio de cada profesional se vuelva parte de sistemas que lo amplifican, no que lo sustituyen. El futuro del trabajo es de humanos aumentados por tecnología, no reemplazados.

Ese es el equilibrio que hay que construir: no el de volver a lo conocido, sino el de animarnos a lo que todavía no existe. No se puede cuidar el pasado del futuro para siempre. Se nos acabó el margen.

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