La inteligencia artificial acelera, pero sus colegas humanos, no: ¿por qué?

Mientras la IA gana autonomía y se integra en procesos críticos, las empresas enfrentan una brecha creciente entre el avance tecnológico y la preparación de sus equipos.
La adopción de inteligencia artificial avanza más rápido que la preparación de las personas y obliga a las empresas a repensar habilidades, roles y modelos de trabajo.
La adopción de inteligencia artificial avanza más rápido que la preparación de las personas y obliga a las empresas a repensar habilidades, roles y modelos de trabajo.
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Por Mariano Ragognetti, gerente general de Kyndryl Argentina, Chile y Uruguay

La inteligencia artificial está dejando atrás la etapa de experimentación. Se integra en procesos centrales, transforma flujos de trabajo y comienza a asumir decisiones con impacto real sobre el negocio. Sin embargo, mientras las capacidades tecnológicas avanzan, la preparación de las personas que deben utilizarlas parece moverse en la dirección contraria.

En 2025, apenas el 29% de las organizaciones consideraba que su fuerza laboral estaba preparada para aprovechar la IA. Un año después, esa proporción cayó al 23%. La comparación es elocuente: cuanto más concreta se vuelve la tecnología, menos confianza tienen los líderes en la capacidad de sus equipos para obtener valor de ella.

El segundo People Readiness Report de Kyndryl, publicado este año, muestra la magnitud de esta paradoja. El 57% de las organizaciones afirma que la IA ya está integrada en procesos empresariales centrales o desplegada ampliamente. Además, el 81% espera que, durante los próximos 12 meses, los agentes autónomos tomen decisiones con impacto material. Pero solo el 25% confía plenamente en sistemas que operan sin supervisión humana.

La brecha, entonces, reside en el gap entre la autonomía que las empresas están dispuestas a otorgarles a los sistemas y la capacidad de sus organizaciones para incorporarlos responsablemente al trabajo cotidiano.

Esto ayuda a explicar por qué la expansión de la IA todavía no se traduce de manera generalizada en resultados. Solo el 32% de las organizaciones alcanzó al menos uno de sus dos principales objetivos vinculados con esta tecnología, y apenas el 11% logró ambos. La inversión puede poner una herramienta al alcance de miles de colaboradores, pero no garantiza que sepan cuándo utilizarla, cómo evaluar sus resultados o qué decisiones deben continuar bajo responsabilidad humana.

Allí aparece una oportunidad estratégica para el reskilling. Capacitar implica enseñar habilidades técnicas, pero también desarrollar criterio, pensamiento crítico, comprensión del negocio y capacidad para colaborar con sistemas que actuarán con grados crecientes de autonomía.

El desafío es que muchas empresas reconocen esa necesidad, aunque todavía no logran abordarla: por eso, el 52% de los líderes sostiene que encontrar personas con las habilidades adecuadas se volvió más difícil durante el último año.

Tampoco alcanza con capacitar para los puestos existentes. El 61% de las organizaciones ya rediseñó roles y el 24% está creando posiciones orientadas específicamente a gestionar la IA. Cuando cambia la forma de producir valor, inevitablemente debe cambiar la arquitectura del trabajo.

Los datos muestran que el verdadero desafío ya no es tecnológico. Las organizaciones están incorporando IA a gran velocidad, pero todavía buscan cómo adaptar su cultura, sus capacidades y sus modelos de trabajo para capturar todo su potencial.

En un escenario donde los agentes serán cada vez más rápidos, autónomos y sofisticados, la ventaja competitiva no estará determinada únicamente por quién tenga la mejor tecnología, sino por quién logre que sus personas estén listas para trabajar con ella, liderarla y convertirla en resultados sostenibles para el negocio.

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