Por Guillermo De Luca Prieto, Co-founder de Aprendes.ai.
En el dinámico ecosistema tecnológico de América Latina, y muy especialmente en Argentina, la velocidad para adoptar innovaciones suele superar ampliamente los tiempos de la burocracia legislativa. Esta agilidad constituye una de nuestras mayores ventajas competitivas: un talento inquieto, proactivo y dispuesto a incorporar herramientas de vanguardia para optimizar su trabajo diario.
Sin embargo, esta adopción masiva y orgánica ha traído aparejada la denominada “Shadow AI” o inteligencia artificial en la sombra. No se trata de un problema de mala fe de los colaboradores, sino del reflejo de una fuerza laboral que busca resolver cuellos de botella con la tecnología disponible. El desafío actual no es convencer a los profesionales de usar la IA, sino gobernar su uso para mitigar riesgos de fuga de datos o pérdida de propiedad intelectual.
En Argentina, el camino no es prohibir, sino integrar las mejores prácticas globales, como las de la Unión Europea, y comprender que la gobernanza corporativa de la IA no es un freno burocrático, sino el catalizador indispensable para un crecimiento seguro y sustentable.
De acuerdo con el informe Future of Professionals 2026 del Thomson Reuters Institute, el 49% de los profesionales argentinos de legales, auditoría y compliance ya utiliza de forma habitual herramientas de IA que su empresa no ha aprobado de manera oficial. Esta brecha se complementa con el reporte Talent Trends 2026 de Michael Page: el uso de IA generativa corporativa creció un 25% en el último año, alcanzando al 68% de los profesionales, mientras que en Argentina la gran mayoría de las políticas internas se encuentran todavía en una “etapa de evolución” sin directrices operativas claras.
El patrón es global. El 2026 Cybersecurity Hygiene Report de WatchGuard Technologies indica que el 64% de los empleados de pymes en ocho países (incluyendo a México y Brasil) admite usar herramientas de IA no autorizadas para trabajar, y menos del 30% cree que su organización mantiene un inventario de software preciso, operando sin visibilidad completa sobre lo que usa su plantilla.
A nivel de seguridad profunda, el Data Breach Investigations Report (DBIR) 2026 de Verizon posiciona a la Shadow AI como la tercera actividad interna no maliciosa más vinculada a fugas de datos, tras cuadruplicarse las detecciones de este comportamiento en un año. Verizon reporta que el uso frecuente de IA por empleados saltó del 15% al 45%, que el 67% accede con cuentas personales desde dispositivos de la empresa, y que el código fuente es el dato más subido de forma desprotegida a modelos externos.
En paralelo, Microsoft en su estudio Cyber Pulse 2026 expone que mientras más del 80% de las empresas del Fortune 500 utiliza agentes de IA activos, solo el 47% de las organizaciones globales implementó controles de seguridad específicos para la IA generativa (según el Microsoft Data Security Index 2026).
El espejo europeo: regulación, acompañamiento y oportunidad
Frente a esto, la Unión Europea demuestra que la regulación puede ser una herramienta constructiva para dar previsibilidad a los negocios. El Reglamento 2024/1689 (AI Act) entró en vigor el 1 de agosto de 2024, exigiendo desde febrero de 2025 bajo su Artículo 4 la alfabetización en IA de toda la plantilla y responsabilizando a las empresas como adoptantes de los sistemas.
La clave de la aproximación europea es que equilibra la exigencia con el fomento: incluye sandboxes regulatorios nacionales y un régimen simplificado de documentación para pymes de menos de 750 empleados y 150 millones de euros de facturación. Regular es, antes que nada, educar y habilitar.
Esto representa una oportunidad excepcional para Argentina. No podemos esperar a que nuestros congresos nacionales aprueben leyes complejas para empezar a actuar y blindar nuestros activos. La gobernanza tiene que nacer dentro de la empresa, antes de que lo obligue la ley o se produzca la primera filtración masiva. Diseñar e implementar marcos de gobernanza interna no es un costo de cumplimiento corporativo, sino una ventaja competitiva de primer orden.
Las empresas europeas gobiernan la IA por imperativo legal, en América Latina podemos elegir hacerlo por convicción estratégica y visión de negocio. Prohibir la IA es una batalla perdida que solo empuja a los colaboradores a la informalidad y la clandestinidad, multiplicando los riesgos informáticos de la organización. La respuesta inteligente pasa por institucionalizar y formalizar la innovación.
Tres pilares de gobernanza interna para las empresas argentinas
Para plasmar esto en la práctica, desde Aprendes.ai proponemos tres pilares esenciales de gobernanza corporativa:
- Alfabetización real: la formación corporativa debe superar el curso de dos horas. Hay que educar a los equipos para usar la IA generativa como un “copiloto exigente”, profundizando en pensamiento crítico, verificación de resultados y técnicas de prompt engineering. Un colaborador capacitado comprende que subir datos sensibles o código propio a modelos públicos desprotegidos expone el valor de la empresa.
- Guardia activa de licencias y observabilidad: gobernar la IA requiere visibilidad. Hay que auditar de forma continua quién está generando valor real con las herramientas y quiénes las tienen inactivas o “juntando polvo”. Esta guardia activa racionaliza la inversión, permite redistribuir licencias corporativas seguras hacia los puestos clave de la organización y disminuye la superficie de exposición ante incidentes de ciberseguridad.
- Alternativas oficiales seguras y entornos privados: para erradicar la Shadow AI, la organización debe proveer soluciones seguras corporativas. Implementar herramientas protegidas (como Gemini dentro de Google Workspace o agentes en entornos privados) garantiza la confidencialidad de la información interna. Con un canal oficial seguro, el colaborador no sentirá la necesidad de recurrir a cuentas personales en dispositivos de la empresa para acceder a herramientas externas desprotegidas.
El futuro pertenece a quienes educan
En conclusión, la madurez en el uso de la Inteligencia Artificial en el entorno corporativo argentino no se medirá por la rigidez de las restricciones de sistemas, sino por la profundidad de la alfabetización y la gobernanza con que los directorios lideren a sus equipos de trabajo.
Lejos de ver la Shadow AI como un síntoma de indisciplina, debemos interpretarla como el reflejo de un talento local proactivo, ávido de innovar y comprometido con la eficiencia de sus tareas cotidianas.
La experiencia europea nos enseña que la educación, el soporte técnico a las pequeñas empresas y el fomento de la transparencia son las bases indispensables del éxito a largo plazo. Al asumir la gobernanza corporativa de la IA como una decisión de negocio proactiva, las organizaciones de nuestro país no solo protegerán su información estratégica, sino que liberarán el verdadero potencial de su capital humano en la era de la inteligencia artificial.