Lucía Mauritzen: “Tenemos que pasar de ser usuarias a creadoras de tecnología”

A diez años de la creación de Chicas en Tecnología, su directora ejecutiva, Lucía Mauritzen, analiza los avances y desafíos para reducir la brecha de género en el sector. En diálogo con Future Talks, el streaming de ITSitio, reflexiona sobre el rol de la educación, los estereotipos que persisten y las oportunidades que abre la inteligencia artificial para que más chicas se conviertan en creadoras de tecnología.
Lucía Mauritzen, directora ejecutiva de Chicas en Tecnología.
Lucía Mauritzen, directora ejecutiva de Chicas en Tecnología.
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En un contexto donde la tecnología redefine industrias, empleos y formas de interacción social, la discusión sobre quiénes participan en su creación se vuelve cada vez más relevante. La brecha de género en el sector tecnológico continúa siendo un desafío a nivel global y también en América Latina. En ese escenario, organizaciones como Chicas en Tecnología trabajan para ampliar las oportunidades y despertar vocaciones en nuevas generaciones.

En una entrevista realizada durante el programa de streaming Future Talks, producido por ITSitio, Lucía Mauritzen, directora ejecutiva de la organización, reflexionó sobre su propio recorrido profesional, el impacto de la ONG a diez años de su creación y los desafíos que persisten para lograr una mayor participación femenina en el ecosistema tecnológico.

Del mundo corporativo al tercer sector

Antes de asumir el liderazgo de Chicas en Tecnología, Mauritzen desarrolló su carrera en áreas de People y Recursos Humanos dentro de empresas tecnológicas. Desde esos roles, estuvo vinculada a procesos de selección, desarrollo de talento y liderazgo de equipos, lo que le permitió observar de cerca una problemática recurrente: la dificultad para encontrar talento femenino en el sector.

Según explicó, ese diagnóstico fue clave para motivar su cambio de rumbo profesional. “Siempre trabajé en empresas de tecnología y veía que, al momento de contratar y desarrollar talento, había una brecha muy clara en la participación de mujeres”, señaló.

En su experiencia, la falta de diversidad no solo era un problema de equidad, sino también una limitación para el desarrollo de productos tecnológicos. “Muchas veces encontrar talento femenino se volvía crucial porque para el desarrollo de productos es importante incorporar miradas diversas”, afirmó.

Ese contexto fue despertando en ella la inquietud de trabajar desde otro lugar del ecosistema. Mientras las empresas acompañan el desarrollo del talento una vez que ya fue contratado, Mauritzen percibía que el desafío comenzaba mucho antes. “Sentía que el acompañamiento que había que darle a ese talento iba mucho más allá de la empresa. Había que trabajar antes, en cómo se forman esos perfiles y cómo se acercan a la tecnología”, explicó.

Ese proceso personal derivó en su acercamiento al tercer sector. “Me picó un poco el bichito de explorar el trabajo en una ONG”, recordó.

Chicas en Tecnología trabaja con jóvenes de toda América Latina para acercarlas al mundo digital mediante programas de motivación, formación y empleabilidad.
Chicas en Tecnología trabaja con jóvenes de toda América Latina para acercarlas al mundo digital mediante programas de motivación, formación y empleabilidad.

Un recorrido profesional marcado por las personas

Mauritzen es psicóloga de formación, y asegura que su interés por el desarrollo humano fue el hilo conductor de su trayectoria. Aunque en un principio no imaginaba trabajar en empresas tecnológicas, su carrera fue tomando forma en torno a la gestión del talento.

“Cuando estudié psicología no me imaginaba trabajando en Recursos Humanos”, contó. Sin embargo, con el tiempo descubrió que su pasión estaba en acompañar el desarrollo de las personas en el ámbito laboral. “Me apasionan las personas y pensar cómo ayudarlas a desarrollarse en su trabajo, que es donde pasan muchas horas de su vida”, señaló.

Ese interés, combinado con su experiencia en el sector tecnológico, la llevó a reconocer la importancia de impulsar vocaciones tempranas. “Veía que había posibilidades de acompañar mucho más allá de la empresa para que más chicas pudieran llegar a estos roles que tienen un impacto enorme en la creación de tecnología”, afirmó.

Hoy, al frente de la organización, asegura estar convencida del valor del trabajo que realiza. “Si hace cinco años me preguntaban si me imaginaba trabajando en una ONG, no sé si hubiera dicho que sí. Pero hoy estoy totalmente segura de que trabajar en el tercer sector y con talentos jóvenes es fundamental”, sostuvo.

Diez años impulsando vocaciones tecnológicas

Este año, Chicas en Tecnología celebra su décimo aniversario. Mauritzen señaló que, cuando la organización comenzó su trabajo, la discusión sobre la brecha de género en tecnología todavía no estaba instalada en la agenda pública.

“Hace diez años hablar de brecha de género en tecnología no era un tema tan presente”, recordó. Desde sus inicios, la ONG buscó posicionarse como un actor innovador dentro del ecosistema educativo y tecnológico.

“Siempre vi a Chicas en Tecnología como una organización que era punta de lanza en traer temas nuevos a la agenda y trabajar con juventudes”, explicó.

A lo largo de esta década, la organización desarrolló programas de motivación, formación y acompañamiento, además de investigaciones para medir el impacto de sus iniciativas. Hoy cuenta con una comunidad de más de 8000 chicas en distintos países de América Latina.

Ese crecimiento marca un cambio en la estrategia. “Hoy nuestro foco está mucho más en la consolidación y expansión de la comunidad”, indicó Mauritzen.

Las participantes de esta red son jóvenes que atravesaron alguno de los programas de la organización, que se estructuran en distintas etapas. La primera está orientada a despertar el interés por la tecnología.

La inteligencia artificial se convirtió en uno de los temas que más interés genera entre las jóvenes que participan en los programas de Chicas en Tecnología.
La inteligencia artificial se convirtió en uno de los temas que más interés genera entre las jóvenes que participan en los programas de Chicas en Tecnología.

Motivación, formación y empleabilidad

Uno de los eventos más representativos de esa etapa inicial es el PUM, el encuentro anual de la organización. En su última edición convocó a más de mil chicas de entre 13 y 23 años.

“El objetivo es mostrar que la tecnología puede ser una herramienta para resolver problemas reales”, explicó Mauritzen.

Durante la jornada se realizan laboratorios y talleres sobre temas como inteligencia artificial, robótica o design thinking, además de hackatones orientados a problemáticas sociales como salud mental, medio ambiente o ludopatía.

El propósito es cambiar la percepción tradicional de la tecnología. “Buscamos mostrarla como un medio para transformar realidades y generar impacto”, afirmó.

Luego de esa etapa de motivación, las participantes pueden acceder a programas de formación gratuitos, que incluyen contenidos como programación asistida con inteligencia artificial o ingeniería de datos.

La tercera fase está orientada a la inserción laboral y el emprendedurismo. Allí se ofrecen mentorías, programas de jóvenes profesionales y acompañamiento para conseguir el primer empleo.

Los resultados comienzan a verse. “El año pasado 60 chicas consiguieron su primer empleo en tecnología gracias al acompañamiento y al contacto que tenemos con empresas”, señaló.

Estereotipos que persisten

A pesar de los avances, Mauritzen considera que muchos de los sesgos culturales siguen presentes.

Uno de los ejercicios que realizan en talleres con adolescentes consiste en preguntar a herramientas de inteligencia artificial cómo es una persona exitosa en los negocios. “Lo primero que aparece suele ser la imagen de un varón”, comentó.

Para la directora de la ONG, esto refleja cómo los algoritmos replican los mismos sesgos históricos presentes en la sociedad. “No es que el algoritmo sea machista, sino que replica los datos con los que fue entrenado”, explicó.

Por eso insiste en la importancia de que más mujeres participen en el desarrollo tecnológico. “Tenemos que pasar de ser usuarias a ser creadoras de tecnología”, subrayó.

La “tubería con fugas” en STEM

Uno de los principales problemas que identifica la organización es lo que denomina la “tubería con fugas”, un fenómeno que describe cómo las mujeres van abandonando el camino hacia carreras tecnológicas a lo largo de su formación.

Según investigaciones realizadas por la ONG, apenas el 26% de quienes se matriculan en carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática) en la región son mujeres.

Las causas comienzan a manifestarse desde edades tempranas. “Hay estudios que muestran que ya a los seis años muchas chicas se perciben menos eficaces en matemática”, explicó Mauritzen.

Paradójicamente, los resultados académicos entre niñas y niños suelen ser similares. Sin embargo, la percepción de desempeño es diferente. “Las chicas sienten que rinden peor, aunque las pruebas muestren lo contrario”, señaló.

A eso se suma la falta de referentes femeninos en la ciencia y la tecnología. “Cuando pensamos en científicos en películas o series, casi siempre imaginamos hombres”, indicó.

Tecnología con propósito

En el centro del trabajo de Chicas en Tecnología aparece un concepto clave: la idea de desarrollar tecnología con propósito.

Para Mauritzen, esto implica diseñar soluciones que contemplen la diversidad de experiencias humanas.

“Una tecnología con propósito es aquella que piensa en todos”, explicó. Como ejemplo, recordó que en el pasado los cinturones de seguridad fueron diseñados y probados en cuerpos masculinos, lo que los hacía menos seguros para las mujeres.

Ese tipo de casos demuestra cómo la falta de diversidad en los equipos de desarrollo puede tener consecuencias concretas.

“Cuando hay miradas diversas, aparecen soluciones más completas y más justas”, sostuvo.

Inteligencia artificial: oportunidad y desafío

La irrupción de la inteligencia artificial también está influyendo en el interés de las nuevas generaciones.

Según Mauritzen, los programas vinculados a IA son los que mayor convocatoria generan actualmente. Este año, por ejemplo, el programa IA Camp superó ampliamente las expectativas de la organización.

“Teníamos pensado recibir mil inscriptas y terminamos con tres mil”, contó.

A diferencia de generaciones anteriores, las jóvenes suelen ver estas tecnologías con entusiasmo. “Las juventudes lo ven más como un aliado que como una amenaza”, explicó.

Sin embargo, también aparecen inquietudes relacionadas con el uso responsable de estas herramientas, la privacidad de los datos y los riesgos asociados a su implementación.

Para Mauritzen, el desafío central está en la formación. “La inteligencia artificial es como tener un Ferrari. El tema es a quién le das el auto y cómo lo maneja”, concluyó.

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