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La otra mirada: Abrazaron el Arte después de trabajar para el mercado de TI

Cuatro protagonistas de los inicios del mercado de TI en la Argentina, y América Latina en general, se animaron a cruzar el río para tomar distancia del negocio. La convergencia entre Arte y TI, en las palabras de Tomás Oulton, Esteban Corio, Salvador Crespo y Tomi Blatt.

Tomás Oulton, Esteban Corio, Salvador Crespo y Tomi Blatt estuvieron ahí cuando el mercado de tecnología en la Argentina y en toda América Latina era embrionario. Cuando una compra de US$ 5.000 te podía convertir en representante exclusivo de Microsoft para la Argentina y Uruguay; o cuando las primeras PCs se abrían paso en el mercado empresarial (sí, paralelamente las primeras computadoras tipo consola ingresaban en el espacio de consumo). Eran tiempos desafiantes, pero lo interesante —el objetivo de esta nota—, vino después, cuando descubrieron que no sólo de TI vive el hombre, y todos ellos, de manera consecutiva o paralelamente, se metieron de lleno en el territorio del Arte. Sebastián Magnarelli, CEO de ITSitio.com, y quien suscribe se reunieron con ellos en un desayuno memorable, plagado de anécdotas, del cual las palabras que siguen son apenas una pincelada.

De espaldas: Esteban Corio. Alejandro Alonso, Tomás Oulton, Tomi Blatt y Salvador Crespo (hablando).

La cita fue en el Coffee Shop de Palermo, Ciudad de Buenos Aires, en el mismo espacio donde los futuros baristas aprenden su oficio. Todos llegaron temprano con sus historias bajo el brazo y muchas ganas de compartir un buen momento. “Parte de la vida profesional que tengo está construida en base a los valores que instituyeron ustedes”, admitió Magnarelli al iniciar el encuentro. Tal vez lo mejor sea asomarse a sus vidas, uno por uno.

El pateador de tableros

Toda su vida fue “Tomi”, pero hoy tiene 67 años, tiene más de cuatro décadas de casado, dos hijos grandes (uno de los cuales fundó la editorial Blatt & Ríos), y un estilo de vida que reniega de lo suntuoso. Tomi Blatt se recibió de Técnico en Electrotecnia en el emblemático Otto Krause, y se metió de lleno en Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Disfrutaba de materias como Física y Matemáticas, se podría decir que todo iba sobre ruedas en su carrera, hasta que un buen día, durante una clase de Matemática Superior para Ingenieros y ante el pizarrón repleto de fórmulas, lo asaltó la maldita pregunta sin previo aviso: “¿Qué estoy haciendo acá?” Abandonó la clase, y la carrera, y no volvió.

Tomi Blatt (derecha) en tiempos de Doble Click

La anécdota viene a cueto porque Blatt se define como un “pateador profesional de tableros”, y su recomendación a quien quiera escucharlo es precisamente ésa: “No duden en patear el tablero cada vez que lo sientan. Si no nos gusta el juego, ¿para qué seguir jugando?”, dice. Su permanencia en la UBA fue un buen ejemplo de ello, pero no el único. By the way, fue en esa facultad donde tomaría contacto con los grandes equipos de cómputo, el Fortran IV y las tarjetas perforadas.

Corría la segunda mitad de los 1970s. De Ingeniería intentaría pasar a Antropología, pero terminó como licenciado en Economía (UBA). Paralelamente trabajaba en la Dirección Nacional de Planeamiento de Transporte, donde compartía oficina con otros economistas e ingenieros de su edad. Hacia principios de los 1980s la pregunta volvió, pero esta vez uno de sus colegas, ingeniero de la Dirección de Planeamiento de Transporte, lo convenció de armar un plan más racional: fundar una consultora inmobiliaria entre ambos y sus respectivas parejas: Echaron a la suerte quién renunciaría al trabajo para abrir la consultora y quién seguiría cobrando y repartiendo el sueldo mientras ese proyecto se consolidaba, y fundaron Inmoconsult, que quebraría lastimosamente algunos meses después. Con todo, esta capacidad de tomar riesgos fue la que hizo que Blatt fuera convocado por Noise para vender computadoras.

Estando en esa empresa, en 1984 respondió vía correo postal uno de los formularios que solían publicar los vendors de tecnología en las revistas internacionales (como Byte o PCWorld), en este caso la convocatoria vino de parte de una empresa joven llamada Microsoft. “A los dos meses recibimos una carpeta, un catálogo, una lista de precios y un precontrarto que decía que, si hacíamos una compra de cinco mil dólares, nos darían la distribución para la Argentina y Uruguay”, recuerda Blatt. Esa representación impulsó el nacimiento de un icónico mayorista de software de la época: Nugget, quien también se haría con la representación de Lotus, Autodesk y SCO, entre otros.

Oulton, Blatt y Crespo

El 1993, Blatt ingresó a Microsoft, donde permaneció apenas un lustro. Como a todos, en esa época lo perseguía la necesidad de alcanzar la cuota de ventas y otras obligaciones del negocio. Nuevamente fue la maldita pregunta la que lo hizo renunciar a Microsoft y la que, en tiempo récord (45 días), lo llevó a aceptar y luego a renunciar al liderazgo local de Symantec, aunque el CEO de entonces, Gordon Eubanks, lo obligó a buscar reemplazante (Alejandro Musgrove). “A los 43 años le compré el alma al diablo, cuando me retiré de Microsoft. Me costó mucho. Podía haber seguido algunas décadas más ahí, como hicieron otros y está muy bien. Hoy tendría más dinero. Pero no era lo que yo quería. Compré mi tiempo y me siento más feliz con esa decisión”.

Tomi Blatt en “Los prójimos”, de Carlos Gorostiza.

Hoy Blatt considera que la Tecnología fue un medio para un fin. “No me pregunten cuál es el fin porque no lo conozco. Estoy convencido de que nadie sabe cuál es su camino”. Así que siguió buscando. Después llegaría la radio, oficio que aprendió como columnista de Ari Paluch en “El Exprimidor”, y que lo llevaría luego a iniciar su propio “magazine” matutino en FM Palermo, “Doble click”, que llegó a contar con 16 columnistas (algunos de los cuales hoy son conocidos en el medio: uno de ellos fue, precisamente, Tomás Oulton, a quien ya conocía de Nugget y luego había convocado para trabajar con él en Microsoft, pero ésa es una historia para dentro de unos párrafos). Paralelamente, en 2009, mientras presenciaba una obra teatral donde participaba una amiga, llegó el verdadero llamado. Ya no se preguntó “¿Qué estoy haciendo acá?”, sino, más bien: “¿Por qué no estoy ahí, sobre el escenario?”

“Hice radio hasta 2011, y ya había empezado a hacer un taller de teatro. Pero fue de casualidad. Teatro no es una cosa que siempre quise hacer y no pude o no me permití. No estaba en mi radar hacer teatro”, admite. Hizo cursos con Carlos Scornik y, posteriormente, con Lili Popovich y Claudio Tolkachir. Su primera obra en el “off” de Avenida Corrientes fue en e teatro El Porteño, en 2016, con “Ni noticias de los machos”. Algún tiempo después sería convocado para dirigir “Los imperfectos”, sin haber estudiado antes dirección. Hugo Marcos, autor de la obra, le aseguró: “Lo vas a hacer bien”. Y aunque la cabeza y la boca de Tomi decían que no, el corazón ya había aceptado. Y le fue bien. “Después me puse a autogestionar”, comenta Blatt. Con cuatro obras ya estrenadas (una de las cuales trae “La casa de Bernarda Alba” de Lorca al siglo XXI, tal la vigencia que tiene ese clásico), y habiendo vivido la actuación, la producción y la dirección de teatro, siempre dentro del circuito “off”, Blatt reconoce que está donde quiere estar.

Luego de la pandemia volvió a actuar en otra obra de Marcos, y ya ensaya la que será su quinta pieza teatral, a estrenar en octubre. Sí, es verdad: tuvo que elegir cómo vivir para estar donde quiere estar. “Mi capital lo estoy gastando en vida, para lo cual reduje mi nivel de vida. Tenía varias propiedades y hoy tengo una sola, lo mismo con los autos. No preciso más para poder hacer esto tranquilo, sin apuro. Antes vivía en un Country y tenía un cero kilómetro de buena marca, pero no quiero el tren de vida asociado a vivir en esas condiciones”, resume su filosofía de vida.

Un escritor futurista

Uno de los géneros literarios más desafiantes es la ciencia-ficción (quien suscribe puede dar fe de ello… lleva algunas décadas transitándolo), pero para Esteban Corio este tipo de literatura pasó a ser un compromiso, algo así como una bandera que exhibe orgullosamente. “Empecé en la industria informática en 1982, y he pasado por compañías de la talla de NEC, Samsung, AT&T, Intel, Compaq, Hewlett-Packard… Hace unos doce años me desempeño en la industria de Casinos, Juegos y Salas de Azar, que como cualquier industria que se precie ha venido mamando de la tecnología para ofrecer una mejor experiencia a sus clientes. En este momento trabajo para Betway, pero estuve a cargo de IGT (International Game Technology), una de las más grandes del mercado de fabricación de máquinas tragamonedas, ahora estoy en la parte de juegos online”, sintetiza este ingeniero Electrónico (Universidad Tecnológica Nacional) de 62 años, casado y con tres hijas, que desde 2020, pandemia mediante, también escribe, y ya lleva publicados cuatro libros.

Esteban Corio

“Me desempeñé en un montón de cargos, y hoy estoy en el backoffice, libre de las obligaciones de la cuota. Tengo cuatro décadas de cumplir presupuestos y cuotas. Ahora estoy más tranquilo”, confiesa. Para Corio, la escritura es una experiencia que está resultando enriquecedora desde múltiples dimensiones. “Si me preguntan por el correlato con el negocio, creo que la escritura es sumamente importante porque tenés que ser elocuente en el momento de hacer negocios, no sólo transmitir fielmente, sino también interpretar al otro. Cuando uno se sumerge en una trama de ficción, tenés que hacerte carne con los personajes, por lo tanto tenés que ser empático. Por otro lado, la tremenda riqueza de nuestro lenguaje es algo que se está dejando de lado, lamentablemente, y que nosotros como escritores tenemos que defender. Hay palabras y formas de escribir para todo. Hoy en día me sobrecoge pensar que vamos por un camino que nos acerca a Orwell (por su novela 1984) y al Ministerio de la Verdad, en el que se proponía un apocamiento de las palabras y los pensamientos”.

Colección de cuentos de Esteban Corio, publicado en 2022.

Pero hay más. “Si uno se dedica a la ciencia-ficción dura y futurista, como es mi caso, hay que tener cierto apego y compromiso con la Ciencia y con el conjunto de herramientas que tiene un autor para escribir estas tramas (futuros distópicos, viajes en el tiempo, velocidades translumínicas, androides, alienígenas). Yo me aferro a eso: hago cursos, me entero de las últimas novedades. Colaboro con un think tank de los Estados Unidos para el estudio del fenómeno aeroespacial anómalo (Scientific Coalition for UAP Studies). Y acabo de hacer un cursos de astrobiología”, detalla Corio, para quien la transición al Arte no tuvo que ver con el hastío por la TI, sino con una evolución de sus inquietudes.

Esta coexistencia de trabajo en el mercado de TI y Arte avanza exitosamente y se suma, asintóticamente, a su otra pasión: el deporte. “El deporte es tremendamente importante para una longevidad saludable. Pero hay un deporte para cada edad. Yo descubrí el trail running hace unos diez años, llevo corridas unas 60 carreras. Ahora bajé un poquito el nivel. Son carreras de ultramaratón”, describe Corio. Con todo, también se da un tiempo para la introspección. “Hoy en día, allí donde uno busca muchas respuestas afuera o las googlea, hay que tomarse tiempo de estar aburridos, recapacitar y dialogar con uno mismo, porque muchas de las respuestas están adentro de uno. Ése es el primer paso para conocerse mejor, y a partir de ahí tener una mejor relación con los demás. No digo que esto sirva para imponer las ideas propias, pero sí ayuda a ser elocuente a la hora de transmitirlas, que es un factor que puede ayudar a ser exitoso en los negocios”, destaca el autor de las novelas Marte: La madre patria (2020, que cuenta con una versión en inglés); Travesía al pasado (2021, también con una versión  en inglés) y El futuro de la humanidad (2022). Su libro más reciente es una antología de cuentos llamada Crimen en clave de Claytrónica.

Magnarelli y Corio.

El pintor de autos restaurados

¿Por dónde comenzar a relatar la vida de un fuera de serie como Salvador Crespo, con su espíritu renacentista y ese optimismo a prueba de balas? Con tan sólo 62 años (divorciado, con seis hijos, ahora nuevamente en pareja con una veterinaria), se inició en Tecnología en 1979 y pasó por proveedores tecnológicos de la talla de Olivetti, IBM, Impsat Corp., AOC y Viewsonic (en algunos con responsabilidad sobre toda la región), pero otras empresas se han beneficiado de sus buenos oficios como consultor (no hay que olvidar que colaboró activamente en el desarrollo del canal de Seguridad del mayorista de valor agregado Big Dipper), rol que hoy sigue ejerciendo además de desempeñarse como responsable comercial y CIO de Dienst, un proveedor de servicios de salud laboral com fuerte impronta tecnológica. Paralelamente, lleva adelante la pasión por la restauración: ama darles una nueva vida a los autos y motos de la posguerra hasta fines de la década de 1970.

“Tuve la suerte de ser pionero —se asombra—, todo lo que hacíamos en aquel entonces no existía”. Firmó el que probablemente fue el primer contrato OEM de Windows y DOS con un fabricante de computadoras latinoamericano, Century. Y por esos tiempos fue speaker invitado durante el lanzamiento de Windows 95 (sí, algunos recordarán la publicidad al ritmo de “Start Me Up” de los Rolling Stones, por la que la casa de software pagó una millonada). También estuvo allí cuando Century se transformó en el primer ISP. “Fui uno de los fundadores de CABASE (la Cámara Argentina de Internet) y de la Cámara de Internet de las Cosas (CAIoT)”, asegura.

“La verdad es que tuve la suerte de poder hacer cosas innovadoras. Siempre me gustó estar un paso adelante, haciendo lo que no hacían los demás por debajo de la alfombra, para sorprender a todos cuando salíamos del otro lado. Cuando llegaban los gitanos, vos ya estabas en otra cosa, aportando valor desde otro lugar”, se ufana el ex-Regional Manager de Viewsonic. “Siempre fui muy curioso, y el hecho de tener un background tecnológico me ayudó a entender más fácilmente de qué estaba hablando. Viajé mucho a las COMDEX y a los eventos en Asia (como COMPUTEX), siempre buscando lo que venía, para poner la luz larga. Me permitía olfatear hacia dónde iba el negocio”. Con Viewsonic, aclara, “tuve esta posibilidad, porque tenían este mismo espíritu. Siempre estaban innovando. Tenías que vender lo que venía: mayor brillo, más pixeles, más velocidad de refresco, un nuevo tipo de conector… La cuestión era siempre correrle el mojón a la competencia. Me divertí mucho”.

Desde su posición n Viewsonic, Crespo asumió la responsabilidad de evangelizar a su canal, y esa estrategia tuvo su recompensa: fue cuatro veces mejor ejecutivo de la marca. Su adiós a la compañía fue en parte desencadenado por un ataque de pánico, que supuso infarto. El creerse cerca de la muerte lo hizo pensar en que no quería morir trabajando para una corporación. Renunció en febrero de 2015, aunque le llevó varios meses lograr el que aceptaran su renuncia. De allí pasó a brindar servicios de consultoría en IoT: otro de los territorios a conquistar hace poco más de un lustro.

Al igual que Corio, a Crespo le gusta hacer actividad física, sobre todo buceo y automovilismo (en su versión clásica), para lo cual una vez al año se hace un examen médico. En 2019 los resultados no fueron los que esperaba, razón por la cual ajustó su alimentación y, por recomendación del facultativo, buscó un cable a tierra. Recordó que, cuando era chico, había estudiado pintura brevemente. “Me fui a Artística Lady, en la calle Libertad, y le comenté al vendedor que quería pintar”, recuerda Crespo. El vendedor le recomendó la pintura en acrílico, lo invitó a elegir un lienzo, pinceles y demás. “Llegué a casa, y me puse a dibujar lo que me gusta: uno de mis autos clásicos”. Así unió su vieja afición por los fierros, con esta renacida pasión por la pintura.

Con todo, ese cable a tierra tuvo tanto éxito que muchos comenzaron a encargarle cuadros. Por ahora, asegura, está resistiendo la presión de la demanda. Cada cuadro le lleva unas cien horas de trabajo. “Lo termino cuando lo termino”, sentencia quien no hace mucho debió competir con la mismísima Marta Minujín (y salió victorioso) para retratar la palta (o aguacate) que es parte de la identidad de la firma Avocado. “Encontré en la pintura una nueva pasión. Ojalá la hubiera descubierto antes. Es un lugar donde estás vos con vos”, define Crespo.

Tomi Blatt y Salvador Crespo

Todos los caminos llevan al Arte

Artículo referente a “Mantis”, presentado en 2008 en Objeto a.

Así lo descubrió Tomás Oulton, quien luego de despedirse de Microsoft, en 2007 fundó un Espacio de Arte llamado Objeto a en Palermo, junto a su mujer, la psicóloga Susana De Giácomo, y la hija de ambos: María Luján. Desde luego, la historia comienza antes. Con 66 años, este ingeniero civil formado en la UBA, trabajó en la década de los 80s para una empresa de Ingeniería (SADE). Una de las unidades de negocio de SADE distribuía computadoras personales bajo licencia IBM. En 1986, estando en España, recomienda a sus empleadores el uso de computadoras para acelerar los procesos de cálculo. Recomienda la marca Compaq, que no tiene distribución en ese país. Como resultado, luego de algunas negociaciones, esa compañía comenzó a distribuir Compaq en España.

“Allí comienzo a relacionarme con empresas de computación de España. Y me contratan para dar cursos de AutoCAD en Bilbao”, recuerda Oulton. “En 1991 vuelvo a la Argentina y entro en Nugget como gerente de producto de AutoCAD”. De allí pasó a Net Graphics (que distribuía específicamente AutoCAD) y en octubre de 1993 fue convocado por su excompañero de Nugget, Tomi Blatt, que ahora estaba en Microsoft, a fin de que desarrollara los canales de distribución de Microsoft en la Argentina. Allí pasará los siguientes catorce años y nacerá en él ese gustito por entender y divulgar los usos que tendría la PC en el espacio doméstico, que Microsoft no conocía tanto.

“Apasionado por la tecnología, me toca dar conferencias y charlas en todo el país. Y para dar esas charlas comienzo a investigar”, comenta Oulton. En aquel entonces, Microsoft tenía en los Estados Unidos una biblioteca virtual con abundante información sobre tendencias y el mercado. Los robots podían buscar cualquier dato que se le pidiese (las ventas de computadoras en Europa para un determinado período, por ejemplo, o el uso que se le daba a las PCs según ciertas franjas etarias) y lo ponían al alcance de quien lo pidiera. “Vos podías acceder a esa biblioteca desde tu computadora en Buenos Aires”, apunta Oulton. “Ahí empecé a armar conferencias con datos imposibles y, con el tiempo, empecé a proyectar”. Vale recordar que el periodismo de tecnología le reservó gran interés a aquellas conferencias de fin de año de Tomás Oulton, por lo que eran muy esperadas.

Charla de Tomás Oulton en Virtuality San Juan.

El análisis de esta información lo llevó a entender lo importante de la relación del humano con la tecnología, y cómo el hombre se apropia y explota aquella tecnología que encuentra útil para fines determinados. “No es al revés, no es que la tecnología te obligue”, comenta el director de Objeto a, y cita como ejemplo la realidad virtual, que n termina de masificarse, en comparación con Whatsapp que pasó del mundo de consumo al empresarial, y hoy es utilizado hasta para coordinar la recolección de residuos.

“Cuando decido dejar Microsoft, me parecía que había terminado un ciclo. Yo quería desarrollar un producto desde su origen y diseñar su comercialización”, dice Oulton, pero se encontró con la posibilidad de hacer converger estas inquietudes con las aspiraciones de trabajar en el espacio de Gestión del Arte que tenían su mujer y su hija. Así nació Objeto a, que tuvo como sede hasta 2016 una casa especialmente rediseñada en Palermo, Ciudad de Buenos Aires. “Buscamos presentar una propuesta artística, abordada desde distintas miradas y desde distintas expresiones artísticas”, sintetiza Oulton. (En 2008, la cuarta de esas muestras, llamada “Mantis”, tendrá foco en el género fantástico, y contará con la colaboración de quien suscribe en calidad de curador del contenido literario).

Pronto descubrieron que lo que más les atraía era la convergencia entre el Arte y la Tecnología, y la muestra destinada a tal fin se repitió al año siguiente. Sin embargo, era un terreno salvaje: no había ninguna galería de arte en Buenos Aires especializada en arte tecnológico, no había ningún modelo de negocios, había que innovar y revisar sobre la marcha cómo se resolvía la ecuación económica si Objeto a pasaba a dedicarse específicamente al arte tecnológico.

“Entonces empezamos con arte robótico, arte con IA, arte con videojuegos, bioarte, y fuimos creciendo. En determinado momento, centros de arte de primer nivel nos empezaron a llamar porque necesitaban contenido. Y nosotros podíamos resolverle ese contenido y la problemática de la producción. De hecho, teníamos acuerdos con empresas como Dell, Samsung, Viewsonic… entonces podíamos producir una muestra que tuviera muchísima tecnología y los centros culturales no tenían que correr con esos costos. Empezamos a trabajar con superproducciones en el Centro Cultural General San Martín, el Centro Cultural Borges, el CCK, Tecnópolis y otros”, repasa Oulton y certifica: “Estábamos para las grandes ligas de la Argentina, entonces empezamos a hacer producciones internacionales. Los concursos de arte, que al principio eran locales, pasaron a ser regionales. Por ejemplo, la bienal Kosice”. Otras muestras como “Game On!”, dedicada al arte y los videojuegos nació con espíritu internacional. “Ya el año 2019 era una locura. Cada muestra tomaba 18 meses de trabajo. Teníamos un elenco de 50 colaboradores para comunicación, diseño digital y todo lo que se necesitara. Algunos eran estudiantes de Bellas Artes, capacitados en Artes y Nuevos Medios”. La innovación no sólo pasaba por el contenido de la muestra, sino por las formas de involucrar e interactuar con el público que visitaba la muestra: desde videoguías que se disparan automáticamente en el smarphone, a pantallas táctiles con toneladas de información sobre la obra.

Una selfie no tan perfecta.

La pandemia fue para Objeto a poco menos que un misil bajo la línea de flotación. Eso los llevó a reinventar la muestra de Arte y Biotecnología que tenían preparada para 2020 en el Centro Cultural de la Ciencia a un formato virtual, que abarcó además presentaciones de más de un centenar y medio de académicos, investigadores científicos y bioartistas. El portal inmersivo fue presentado en 2021, y todavía está disponible en https://proyectobios.com/

Ahora, Oulton se encuentra dando charlas y difundiendo la buena nueva en el interior del país. Su destino más reciente: Virtuality San Juan.“Si buscas el dinero a través del arte estas equivocado, el objetivo es expresar. En nuestro caso, tratar de fomentar, difundir, divulgar el arte y la tecnología. Cuando estuve en Microsoft, siempre traté de divulgar qué era la tecnología y su uso por parte de los usuarios. Con Objeto a mostramos que el arte y la tecnología van de la mano, y eso es algo que ya se puede ver”, resume Oulton. Todos los caminos conducen a…

Alejandro Alonso

Periodista de ciencia y tecnología, y escritor. Ha trabajado en medios como Insider, ComputerWorld, IT Resellers Magazine, Telecomunicaciones & Negocios y Prensa Económica, entre otros, a lo largo de más de 25 años de trayectoria.

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