Por Luis Battilana, director general de Baufest México y líder de servicios para la industria
financiera.
Actualmente, el ecosistema financiero global, y particularmente en América Latina, ha comenzado a redefinirse a través de nuevas plataformas, modelos híbridos y, sobre todo, por la irrupción de las Super Apps, cuyo mercado global se espera crezca a una tasa a anual de 27.8% hasta 2030, de acuerdo con datos de Gartner.
Este modelo, originado en Asia, ha llegado para quedarse. No se trata simplemente de aplicaciones móviles, sino de ecosistemas integrados que combinan servicios financieros, comercio electrónico, transporte, entretenimiento y más, en una experiencia centralizada y fluida para el usuario.
El nuevo estándar en la relación con el cliente
Según Forrester, la banca del futuro será invisible, contextual, conectada y basada en el conocimiento. No solo se trata de digitalizar servicios, sino de ofrecer soluciones inteligentes que se integren naturalmente en la vida diaria de los usuarios. Las Super Apps encarnan este paradigma: permiten realizar pagos, solicitar créditos, invertir o enviar dinero, todo sin salir de una única plataforma.
En México, fintechs como Klar, DiDi, Mercadopago y Stori ya han asumido este rol, posicionándose como soluciones completas para un segmento cada vez más digital. Frente a esta evolución, algunos bancos tradicionales han reaccionado lanzando sus propias plataformas, como el caso de Baz, de Grupo Salinas, que en apenas siete meses acumuló 6.5 millones de descargas. El mensaje es claro: el cliente actual ya no está dispuesto a navegar entre múltiples aplicaciones bancarias. Espera una solución integral, personalizable y sin fricciones.

¿Dónde están los bancos?
A pesar de contar con ventajas como solidez institucional, redes operativas y conocimiento regulatorio, las transformaciones digitales emprendidas por los bancos durante la última década han estado centradas principalmente en infraestructura, procesos y aplicaciones, pero en muchos caso, sin lograr una comprensión profunda del nuevo consumidor digital.
De hecho, gran parte de estos esfuerzos han sido implementados bajo esquemas globales que no se adaptan a las realidades locales, generando fricciones y propuestas poco relevantes para ciertos segmentos. El verdadero reto ya no es técnico, sino estratégico y cultural: repensar el modelo de negocio y operativo desde
cero, con una visión centrada en los usuarios y en sus hábitos digitales. Rediseñar para seguir siendo relevantes. La evolución del sector financiero no da tregua. La relevancia de los bancos del futuro no dependerá del tamaño ni de la historia institucional, sino de su capacidad de adaptación. Quienes no comprendan esta dinámica corren el riesgo de ser desplazados por plataformas más ágiles, con propuestas de valor alineadas a los nuevos hábitos digitales.
La clave no está en imitar a las fintech o a las super Apps, sino en rediseñar desde cero la forma en que se construye la relación con el cliente. Crear alianzas estratégicas, desarrollar experiencias contextualizadas y pensar de forma iterativa y ágil son pasos indispensables para seguir en el juego.

El futuro no va a esperar
El cambio ya está en marcha. La irrupción de las Super Apps es solo un síntoma de una transformación más profunda: la descentralización del acceso financiero y la reconfiguración de la relación entre cliente y proveedor de servicios.
En este escenario, la transformación digital no es una opción, sino una urgencia. Y no se trata de adoptar tecnología por obligación, sino de aprovecharla como una herramienta para crear valor real, sostenido y medible. Porque, si algo es evidente, es que el futuro no se detiene… y tampoco espera a nadie.
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