Por: Guillermo Sandoval, Regional Sales Director MCC en Genetec México
Durante décadas, la videovigilancia fue considerada como una herramienta únicamente técnica dentro de las infraestructuras de seguridad. Hoy, esa visión ha quedado atrás, actualmente ya hablamos de que la seguridad electrónica está redefiniendo a las organizaciones, pasando de ser un elemento a un eje estratégico donde la seguridad electrónica, la ciberseguridad, la nube y la integración de sistemas ya no son opcionales, sino fundamentales para la operación del negocio.
Lo que antes operaba en silos, como la videovigilancia, el control de accesos y/o sensores, hoy converge en plataformas digitales interconectadas, muchas de ellas basadas en la nube. Siendo esta unificación la que ha traído eficiencia, visibilidad y escalabilidad, pero también ha abierto una nueva dimensión de riesgo: el cibernético.
Los límites entre lo físico y lo digital prácticamente han desaparecido, a medida que las organizaciones conectan más dispositivos IoT a sus redes, la protección de estos entornos deja de ser una capa adicional y se convierte en un requisito operativo fundamental. Nuestros datos indican que no es casualidad que más del 50% de usuarios finales ya haya implementado herramientas de ciberseguridad.
Sin embargo, esta evolución también viene acompañada de una mayor exposición, debido a que más de un 30% de organizaciones reportó un aumento en incidentes de seguridad electrónica y/o cibernética en 2025, cifra que se eleva a casi un 50% en grandes compañías. Entre las amenazas más frecuentes destacan el phishing, smishing, el software malicioso y el hackeo de dispositivos conectados; indicando que los sistemas de videovigilancia y control de acceso ya no son infraestructuras pasivas, sino puertas de entrada potenciales a redes corporativas completas.
Aquí es donde la nube juega un doble papel, por un lado, habilita capacidades avanzadas como actualizaciones continuas, escalabilidad bajo demanda y monitoreo centralizado y por otro, exige una arquitectura robusta basada en principios como cifrado de extremo a extremo, autenticación multifactor y modelos de confianza cero. En entornos híbridos donde conviven sistemas locales y cloud, aumenta la necesidad de contar con visibilidad total sobre dispositivos, identidades y flujos de datos.
El panorama también apunta a un cambio en las prioridades organizacionales, la colaboración entre áreas de TI y seguridad electrónica se vuelve indispensable. Ya no se trata de proteger cámaras o sensores de forma aislada, sino de integrarlos dentro de una estrategia unificada que contemple riesgos digitales, operativos y reputacionales; la videovigilancia en este nuevo contexto, deja de ser un sistema de monitoreo para convertirse en un activo digital.
La seguridad radica en la cantidad de sistemas físicos instalados y en la capacidad de proteger los datos sensibles, las identidades y las conexiones que integran y sostienen la operación que no es visible. La conversación entre líderes no tendría que ser sobre la viabilidad de migrar o no hacia soluciones en la nube, sino en si las organizaciones están preparadas para ello y si está siendo una prioridad dentro de las estrategias de negocios.
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