Por: Pilar Aguerrebere, Senior Marketing Manager en Genetec
La seguridad ha cambiado profundamente en los últimos años. Hoy ya no se trata únicamente de instalar cámaras o controlar accesos, sino de tomar decisiones estratégicas basadas en información, integrar tecnologías, proteger datos y gestionar riesgos en tiempo real. En un entorno cada vez más complejo, el éxito no depende solo de la tecnología, sino también de las personas que la impulsan.
Sin embargo, quienes trabajamos en industrias tecnológicas sabemos que aún existen desafíos para construir equipos verdaderamente diversos. De acuerdo con la UNESCO, las mujeres representan alrededor del 35% de las personas que se gradúan en carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), una realidad que inevitablemente se refleja en sectores como el de la seguridad electrónica.
Históricamente, esta ha sido una industria con una fuerte presencia masculina, aunque hoy vemos cada vez a más mujeres participando en áreas técnicas, comerciales y de liderazgo. Para mí, esa evolución no significa sustituir una visión por otra, sino enriquecer la manera en que enfrentamos los desafíos. Nunca he creído que hombres y mujeres lideremos de forma distinta; creo, más bien, que nuestras experiencias y perspectivas se complementan para construir mejores soluciones.
La transformación digital exige nuevas formas de colaboración. Integrar plataformas, garantizar la continuidad operativa y responder con rapidez ante incidentes requiere mucho más que conocimiento técnico. También implica escuchar, construir consensos y comprender que la seguridad es un esfuerzo compartido entre distintas áreas de la organización.
A lo largo de mi experiencia he comprobado que los proyectos más exitosos no dependen del género de quienes participan, sino de la capacidad de reunir equipos con habilidades, trayectorias y formas de pensar diferentes. Cuando hombres y mujeres trabajan juntos, las conversaciones se enriquecen, los riesgos se analizan desde distintos ángulos y las decisiones suelen ser más sólidas.
El Global Gender Gap Report 2025 del Foro Económico Mundial muestra que, aunque las mujeres representan una parte importante de la fuerza laboral, su presencia en posiciones de alta dirección sigue siendo significativamente menor. Más allá del dato, esto nos recuerda que aún tenemos la responsabilidad de seguir abriendo espacios donde el talento pueda desarrollarse sin importar el género.
Reconozco y agradezco a las mujeres que estuvieron antes que yo. Mujeres que, con su trabajo, talento y dedicación, fueron construyendo el camino que hoy recorremos muchas de nosotras. Pensar en ellas también me lleva a reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos de seguir construyendo hacia adelante. Desde nuestro lugar, cada una puede aportar para que las mujeres que vienen detrás encuentren más oportunidades para crecer, desarrollarse y ocupar espacios de liderazgo.
Con frecuencia me preguntan cómo es ser mujer en una industria tradicionalmente masculina. Mi respuesta suele ser la misma: nunca he buscado liderar diferente por ser mujer; he buscado liderar mejor. Y eso significa escuchar, cuestionar, aprender de quienes piensan distinto y construir soluciones en conjunto. No se trata de competir por un espacio, sino de compartir la responsabilidad de transformar una industria que evoluciona todos los días.
Aspiro a que, dentro de algunos años, dejemos de sorprendernos porque una mujer lidere un proyecto tecnológico o una estrategia de seguridad. No porque el tema haya dejado de importar, sino porque habremos entendido que el liderazgo no depende del género, sino de la capacidad de construir equipos donde distintas perspectivas se complementan para generar mejores resultados. Al final, la innovación no surge cuando todos pensamos igual, sino cuando aprendemos a construir juntos.








