Latinoamérica mira a la zona sur de California, Estados Unidos, como referente para la industria tecnológica, afirma Bernardo Guillamon, gerente de la Oficina de Alianzas Estratégicas del BID, quien sugiere analizar qué características de esa zona sería conveniente adoptar, al igual que las de otras regiones como Corea del Sur.
Pese a que la región es un centro neurálgico de la innovación, no es correcto pretender copiar tal cual el modelo empleado en dicha localidad californiana, pues no se trata de una receta, argumenta el Gerente.
“Silicon Valley es una manera de hacer las cosas, un modo particular de generar oportunidades de negocios. Está nutrido de la cultura californiana, que se caracteriza por tomar riesgos, enfrentar el fracaso y aprender de los errores”, afirma.
Guillamon dice que hay otros ejemplos, como Corea del Sur, que en sólo 50 años pasó de ser un país de bajos ingresos a uno con un desarrollo económico impresionante, a la vanguardia en tecnología.
Otro caso es Israel, que tomó elementos positivos de Sillicon Valley, pero su triunfo se basa en la generación de un ecosistema de innovación que le permite enfrentar retos globales con compañías trasnacionales.
El experto indica que el potencial de América Latina para convertirse en una región similar, radica en que es una de las geografías más urbanizadas del planeta: “cuenta con un gran talento humano para la innovación y puede aprender de modelos que ya funcionan”.
En este sentido, según el ejecutivo de BID, entre los puntos fuertes que pueden aplicarse en la región es, de inicio, una inversión muy fuerte en educación, ya que apostar por el capital humano es menester para una economía sin otro recurso que sus talentos.
“una buena planificación debe comenzar por la educación básica; incluir a las universidades y los institutos tecnológicos, y acompañar esto con el apoyo a la innovación e incentivos a las startups, para que el potencial se desarrolle”.
De esta manera, el segundo punto clave —que Silicon Valley, Israel o Corea han hecho muy bien— es generar un entorno amigable para la inversión y el emprendimiento.
El experto señala que los mecanismos legales “deben aceitarse para que se formen empresas de modo ágil. Pero además debe existir un acompañamiento para que cuando uno falle pueda seguir adelante, un sistema que permita financiar las startups y el desarrollo de las pymes”.
Sostiene que las redes de ángeles inversores, así como los empresarios y mecanismos para la colaboración con el sector público, son claves para el éxito.
En el apoyo desde el sector público, debemos hablar de crear un entorno favorable a la colaboración e inversión internacional.
“El de Silicon Valley es un modelo abierto y colaborativo, que funciona como un ecosistema en el que diferentes agentes se entrecruzan: expertos, técnicos, inversores, aceleradoras de inversión, creativos, etc.”
Además, señala que la inversión extranjera directa siempre es un factor positivo, ya que permite formar talento en los países. Al respecto, el expositor plantea que, de acuerdo con un documento de trabajo que publicó Harvard Business School en 2014, la inversión de capital de riesgo en ALC creció un 574% entre 2010, cuando era solamente de 63 millones de dólares, para pasar a 425 millones en 2013.
Por otra parte, advierte que es clave poner atención en el respeto a la propiedad intelectual, punto en el que la región carece de un régimen de defensa, pese a que es una garantía fundamental para que las soluciones que se generan valgan en el mercado.
“Como caso positivo, podemos señalar el de Perú, que hace un buen trabajo al respecto y podría servir como referente”.
Por último, menciona el factor cultural, en el cual Silicon Valley es modelo por su valentía de enfrentarse al riesgo y al error, o Israel por su cultura de constante cambio.
“En América Latina y el Caribe debemos generar una visión emprendedora, porque la inversión sólo sirve cuando tiene una idea que la sustenta”.









