Sustentabilidad

Crisis ambiental por la IA: la Unesco advierte sobre su alto costo energético y de recursos

Un informe de la Unesco advierte que el rápido crecimiento de la inteligencia artificial generativa está generando una demanda desproporcionada de electricidad, agua y minerales críticos. La agencia propone desarrollar modelos más eficientes, reducir el tamaño de las interacciones y educar a los usuarios sobre el impacto ambiental y ético de esta tecnología.

La inteligencia artificial (IA) generativa, esa tecnología que ha revolucionado la manera en la que interactuamos con sistemas automatizados y que ya utilizan a diario más de 1.000 millones de personas en todo el mundo, tiene un costo invisible que amenaza con convertirse en una nueva crisis global. Así lo advierte la Unesco en un reciente informe que llama a repensar el desarrollo y uso de estos sistemas ante el creciente impacto medioambiental y social que generan.

Publicado este martes, el documento de la agencia de la ONU pone el foco en las presiones cada vez mayores que la IA genera sobre los sistemas energéticos, hídricos y sobre la disponibilidad de minerales críticos. “El auge de la inteligencia artificial conlleva nuevos y urgentes desafíos relacionados con los recursos”, señala el informe, que fue elaborado en colaboración con la University College de Londres. La potencia computacional requerida para entrenar y ejecutar los modelos más avanzados no deja de crecer, y con ella crece también su huella ambiental.

Cifras alarmantes

Según el informe, cada interacción con una IA generativa implica un consumo medio de 0,34 vatios por hora. En conjunto, esto equivale a 310 gigavatios hora por año, una cantidad comparable al consumo eléctrico anual de más de tres millones de personas en países africanos con ingresos bajos. Además, la demanda energética vinculada al uso de estas tecnologías se está duplicando cada 100 días, ejerciendo una presión creciente sobre las redes eléctricas globales.

La problemática no termina en la electricidad. El agua, un recurso cada vez más escaso en muchas regiones del mundo, también es parte de esta ecuación. Es utilizada tanto para la refrigeración de los centros de datos como durante la fabricación de los componentes electrónicos que hacen posible el funcionamiento de la IA. De acuerdo con proyecciones de la Unesco, el consumo hídrico de gigantes tecnológicos como Google, Microsoft y Meta podría triplicarse para 2027. En cifras, eso se traduciría en entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos de agua, más que el consumo anual de todo un país como Dinamarca.

Los procesos de enfriamiento en los centros de datos, esenciales para la IA, consumen grandes cantidades de agua, un recurso cada vez más escaso.
Los procesos de enfriamiento en los centros de datos, esenciales para la IA, consumen grandes cantidades de agua, un recurso cada vez más escaso.

¿Quién paga el precio?

El informe plantea que los beneficios de la IA generativa no se distribuyen equitativamente en la sociedad. Mientras que sus ventajas tienden a concentrarse en regiones y sectores con mayor acceso a la tecnología, las consecuencias ambientales recaen con más intensidad en las comunidades vulnerables. “Estas demandas no suponen solo un problema medioambiental, sino también un reto de asignación de recursos”, advierte la Unesco. En contextos donde ya escasean los recursos básicos, la expansión de infraestructuras tecnológicas intensivas en energía puede competir directamente con necesidades sociales críticas como el acceso al agua potable o la electricidad.

Tres estrategias para un futuro más sostenible

Leona Verdadero, experta en políticas digitales de la Unesco y una de las responsables del estudio, explica que es posible mitigar el impacto de la IA sin renunciar a sus beneficios. Para ello, el informe propone tres líneas de acción concretas.

La primera es la compresión de modelos, una técnica que permite reducir el consumo energético sin afectar sustancialmente la precisión de los resultados. Utilizando procesos como la “cuantización”, que simplifican los cálculos al reducir el número de decimales, se lograron ahorros energéticos de hasta el 44% manteniendo un 97% de precisión.

En segundo lugar, se plantea la necesidad de reducir la extensión de los prompts y las respuestas generadas por los modelos. “Las respuestas cortas significaron hasta un 54% menos de energía. Combinando eso con prompts más sintéticos, conseguimos un ahorro del 75%”, detalla Verdadero.

La tercera medida consiste en el uso de modelos más pequeños y específicos para tareas sencillas. Estudios citados por la Unesco revelan que un modelo grande puede contaminar hasta 50 veces más que uno optimizado para tareas simples, con resultados similares en precisión.

La combinación de estas tres estrategias permitiría, según el informe, una reducción de hasta el 90% del consumo energético asociado al uso de la IA generativa.

La educación, clave para un cambio sostenible

Pero el cambio no debe venir solo del lado de los desarrolladores. Para la Unesco, el uso responsable por parte de los usuarios también es crucial. “La ciudadanía no es consciente de estos costos, y se ha hecho poco para educarles”, señala Verdadero. Por eso, la agencia está intensificando sus esfuerzos para promover la alfabetización en IA, especialmente entre jóvenes y estudiantes.

Entre las recomendaciones más llamativas del informe se encuentra la sugerencia de eliminar ciertos hábitos aparentemente inocuos, como saludar a los sistemas de IA o agradecer sus respuestas. Estos gestos, aunque bienintencionados, generan interacciones más largas y, por tanto, más costosas desde el punto de vista energético. “Ser amable con la IA consume más”, resumen los autores.

La Unesco planea publicar guías accesibles para todos los usuarios, donde se expliquen las implicaciones éticas y medioambientales de interactuar con sistemas de IA. La meta es clara: construir una cultura digital más consciente, eficiente y sustentable.

En un momento en que la tecnología parece avanzar sin freno, el mensaje del organismo internacional es contundente: la innovación no puede desligarse del cuidado del planeta ni de la equidad social. El futuro de la IA debe ser también el futuro de la sostenibilidad.

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