En plena carrera por la transformación digital, hay una pregunta incómoda que muchas organizaciones están empezando a hacerse: ¿qué hacer con todos los datos del pasado? No se trata solo de información acumulada, sino de años e incluso décadas—de operación que hoy representan tanto un activo estratégico como un problema técnico y financiero.
De acuerdo con estimaciones de la industria, el mercado de transformación digital en el país crece a doble dígito cada año, impulsado por la adopción de nube, analítica avanzada e inteligencia artificial. Sin embargo, detrás de estos avances, existe una deuda silenciosa: la gestión eficiente de los datos históricos.
Para muchas empresas, la modernización tecnológica pasa por migrar a plataformas más avanzadas como SAP S/4HANA. Estos proyectos prometen mayor eficiencia, automatización y capacidad analítica. Pero en el proceso aparece un dilema que pocas veces se aborda desde el inicio: qué hacer con los enormes volúmenes de datos acumulados en sistemas anteriores.
En muchos casos, los sistemas heredados siguen activos únicamente para consultar información histórica o cumplir con requisitos regulatorios. Esto implica mantener infraestructura, pagar licencias y garantizar seguridad, incluso cuando esos sistemas ya no forman parte de la operación diaria.
German Ruiz, Latam COO de SNP Group, asegura que “Muchas empresas mantienen sistemas antiguos activos únicamente para consultar información histórica. Gestionar esos datos de manera más eficiente permite simplificar los entornos tecnológicos y reducir costos operativos”.
El costo invisible de los sistemas heredados
Más allá del gasto evidente en infraestructura, los sistemas legacy representan un riesgo creciente. En un entorno donde las amenazas de ciberseguridad aumentan constantemente en México uno de los países más atacados en América Latina según diversos reportes de firmas de seguridad, mantener plataformas desactualizadas puede convertirse en un punto crítico de vulnerabilidad.
Además, estos sistemas afectan directamente el rendimiento de las operaciones. Bases de datos sobredimensionadas ralentizan procesos, complican migraciones y elevan los tiempos de respuesta en entornos empresariales donde la agilidad ya no es opcional, sino una necesidad competitiva.
El volumen de datos empresariales crece de forma exponencial. Cada transacción, interacción digital o proceso interno genera información que, con el tiempo, se acumula hasta convertirse en un reto estructural.
En México, se intensifica con la adopción de canales digitales, comercio electrónico y herramientas de gestión empresarial. De hecho, empresas de todos los tamaños están generando más datos que nunca, pero no necesariamente cuentan con una estrategia clara para gestionarlos.
Aquí es donde entra un cambio de enfoque pasar de almacenar datos a gestionar su ciclo de vida. Esto implica clasificar qué información es crítica para la operación, cuál debe conservarse por cumplimiento normativo y cuál puede archivarse sin afectar el negocio.
Del almacenamiento a la inteligencia: el nuevo valor de los datos
La conversación ya no gira solo en torno a reducir costos. También se trata de liberar el potencial de los datos. Una base de información bien estructurada permite a las organizaciones implementar analítica avanzada, modelos predictivos e incluso soluciones de inteligencia artificial.
“Preparar los datos es tan importante como modernizar la infraestructura tecnológica. Una base de información ordenada permite avanzar hacia nuevos modelos de análisis y automatización”, comentó Ruiz
Otro factor clave es el cumplimiento normativo. Sectores como el financiero, energético o de salud en México están sujetos a regulaciones estrictas en cuanto a la conservación y disponibilidad de datos.
Esto significa que eliminar información no es una opción. Las empresas deben encontrar un equilibrio entre accesibilidad, seguridad y costo. Y en muchos casos, esto implica rediseñar completamente la arquitectura de sus sistemas de información.
La gestión adecuada de los datos históricos no solo facilita auditorías, sino que también reduce riesgos legales y mejora la transparencia operativa.
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