Con más de 1.1 millones de establecimientos dedicados al comercio al por menor de abarrotes y alimentos, México tiene la infraestructura territorial privada más extensa del país. Una capilaridad que, de acuerdo con el DENUE 2025, alcanza exactamente 1,100,824 unidades económicas, colocando al sector en una posición privilegiada para reforzar la seguridad pública a partir de su propia red tecnológica.
Las entidades federativas con mayor número de tiendas minoristas —Estado de México con 185,069 establecimientos, Ciudad de México con 86,227 y Puebla con 86,160— concentran los principales nodos de actividad comercial y, potencialmente, una red de cámaras y sensores que hasta hoy han operado aislados de los centros de mando gubernamentales. Pero esa realidad podría estar a punto de cambiar.
Este ecosistema, tradicionalmente visto como una infraestructura orientada al consumo, ahora se perfila como una oportunidad sin precedentes para blindar la seguridad ciudadana. Las tiendas, centros comerciales y corporativos cuentan con videovigilancia propia, conectividad robusta y sistemas de almacenamiento que, si se integraran de manera estandarizada, podrían expandir drásticamente la cobertura de vigilancia en zonas de alta incidencia delictiva.
La interoperabilidad como lenguaje común del riesgo
En medio de este escenario, la plataforma tecnológica de Kabat One ha comenzado a posicionarse como el puente entre las capacidades privadas y las necesidades operativas de los gobiernos locales, municipales y estatales. Su propuesta, afirman desde la empresa, no busca sustituir a los centros de control, sino integrarse a ellos mediante la estandarización de protocolos y lenguajes.
La interoperabilidad, un concepto importado del mundo de los sistemas críticos y operaciones militares, se ha vuelto el estándar aspiracional de las ciudades inteligentes. Consiste en lograr que distintos sistemas —aunque no hayan sido creados por el mismo proveedor— puedan compartir información sin fricciones técnicas. Eso incluye cámaras, sensores, sistemas de posicionamiento, bases de datos criminalísticas, protocolos de emergencia, canales de radio, alertas automatizadas e inclusive algoritmos de detección predictiva impulsados por IA.
El valor estratégico es claro: más cobertura visual, mayor velocidad de correlación y una capacidad de respuesta exponencialmente más rápida. De lograrse, México podría replicar modelos de integración tecnológica que han adoptado ciudades como Londres, Singapur o Nueva York, donde los sistemas privados participan de manera regulada en la seguridad publica, aumentando la disuasión y reduciendo tiempos de reacción.
El sector privado y la seguridad como patrimonio compartido
La seguridad pública en México ha enfrentado desafíos estructurales que rebasan la capacidad de los gobiernos: déficits presupuestales, zonas sin vigilancia continua, falta de actualización tecnológica homogénea y tiempos de respuesta prolongados por la fragmentación de las señales. En el país, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, siete de cada diez empresas del sector retail han sufrido al menos un incidente de robo o vandalismo en los últimos 12 meses. Este dato, aunque no aparece en directorios oficiales, refleja el problema sistémico que abre la puerta a que el comercio quiera involucrarse de manera más profunda en la protección de su entorno.
Las tiendas minoristas, a diferencia de otros sectores, están presentes incluso en municipios donde no existen centros de control avanzado. Operan 24/7, tienen puntos fijos de conexión eléctrica, infraestructura de red y en muchos casos respaldo de fibra óptica o 5G. Interconectarlas, más que un sueño tecnológico, es una estrategia de defensa territorial.
Desde el sector empresarial, cámaras como la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales han comenzado a mostrar apertura a la colaboración tecnológica, siempre y cuando el modelo sea seguro, regulado y con gobernanza clara de datos. Kabat One ha propuesto un esquema donde la compartición de video o alertas se realiza bajo cifrado, con accesos granulares, anonimización de rostros cuando sea necesario y monitoreo únicamente para incidentes de riesgo, alineado con la Ley General de Protección de Datos Personales.
El comercio no vigilaría ciudadanos: vigilaría circunstancias. No compartiría video de manera permanente: compartiría hallazgos críticos. Este límite es la delgada línea que puede habilitar la confianza entre el gobierno y la empresa privada.
La inteligencia artificial como analista en tiempo real
Uno de los diferenciadores del modelo es la inteligencia artificial integrada en la plataforma. Kabat One es capaz de procesar grandes volúmenes de video para detectar patrones: riñas, armas visibles, vehículos sospechosos, aglomeraciones anómalas, incendios, intentos de intrusión o situaciones de pánico. Este análisis masivo ocurre en segundos, generando metadatos que son mucho más ligeros que transmitir video completo.
De acuerdo con especialistas en seguridad digital, la IA aplicada a videovigilancia híbrida puede reducir hasta 60% los falsos positivos cuando se entrena con datos locales, adaptar la detección a dialectos visuales de cada región y permitir que un solo analista supervise cientos de cámaras en paralelo. Esto no solo expande la cobertura: expande el talento humano disponible en los centros de control público.
Lee más:
- Los mitos y verdades que necesitas conocer antes de comprar un equipo seminuevo de acuerdo con Clevercel
- Mercado de displays en Latinoamérica crece y BenQ se posiciona como líder en soluciones profesionales
- Dahua Technology entra en la era de los grandes modelos de IA con “Xinghan”









