La contribución estratégica de la ciberseguridad: proteger la capacidad de adaptación de la organización

Marcos Polanco. Director Ejecutivo de Gobierno Corporativo y CISO de Scitum TELMEX.
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Por: Marcos Polanco. Director Ejecutivo de Gobierno Corporativo y CISO de Scitum TELMEX.

Las organizaciones pocas veces habían tenido tantas capacidades para innovar, y al mismo tiempo, enfrentado niveles de complejidad tan difíciles de gobernar.

Hace algunos años definí la estrategia competitiva como la capacidad de un ente para innovar de forma sistémica y sistemática para adaptarse y diferenciarse ante los rápidos y constantes cambios de su entorno. Estoy convencido que esa definición sigue siendo correcta, pero la experiencia me ha hecho aprender que innovar no solo genera nuevas capacidades; también incrementa la complejidad del sistema.

En el entorno actual las tecnologías están evolucionando a un ritmo vertiginoso, los modelos de negocio se están transformando continuamente y la inteligencia artificial está acelerando el cambio en prácticamente todas las industrias. Debido a lo anterior, la ventaja competitiva ya no depende únicamente de ejecutar mejor que los demás, sino en conservar la capacidad para evolucionar de forma sostenida. Es decir, la adaptación se ha convertido en una capacidad estratégica.

Cada nuevo producto, cada proceso automatizado, cada integración, cada plataforma, cada proveedor y cada iniciativa de innovación amplían la capacidad de una organización para competir. A la par, se incrementan el número de relaciones, dependencias e interacciones que conforman el sistema organizacional. Dicho de otra manera, toda innovación introduce nuevas formas de complejidad.

A veces podemos pensar que la complejidad es producto de un error de diseño o de una mala gestión. En algunas ocasiones puede ser así, pero no debemos perder de vista que esa complejidad también es una característica natural de cualquier organización que crece, incorpora nuevas capacidades y evoluciona para responder a un entorno cambiante. De hecho, los sistemas más capaces tienden a ser más complejos que aquellos con capacidades limitadas.

La meta no es evitar esa complejidad, sino desarrollar, al mismo ritmo, la capacidad para comprenderla y gobernarla mientras la organización evoluciona.

Cuando la complejidad aumenta más rápido que la capacidad para entender sus implicaciones, comienzan a surgir señales tales como: los cambios requieren más coordinación, las dependencias se multiplican, las decisiones son más difíciles de evaluar, los tiempos de implementación se alargan y los efectos no previstos comienzan a ser más frecuentes.

Es en este punto donde la complejidad deja de ser únicamente una característica del sistema y se convierte en un riesgo estratégico, no porque impida operar, sino porque empieza a erosionar la capacidad futura de adaptación.

Podríamos decir que las organizaciones comienzan a acumular una deuda de complejidad. Al igual que la deuda técnica, frecuentemente no aparece en los indicadores ejecutivos o en los estados financieros. Sin embargo, incrementa silenciosamente el costo del cambio y reduce la velocidad con la que la organización puede seguir adaptándose. La organización continúa avanzando, aunque cada vez con mayor fricción.

Este fenómeno rara vez se identifica desde la alta dirección, sin embargo, una de las disciplinas donde sí suele hacerse visible con mayor claridad es la ciberseguridad. No porque la ciberseguridad genere esa complejidad, sino porque convive diariamente con los riesgos que introduce el cambio organizacional.

Cada nueva aplicación modifica la superficie de exposición. Cada integración crea nuevas relaciones de confianza. Cada identidad incorpora nuevos permisos. Cada automatización añade nuevas dependencias. Cada servicio digital redefine los límites tradicionales del control. En conjunto, cada iniciativa de negocio modifica el perfil de riesgo de la organización y también puede contribuir a incrementar su deuda de complejidad acumulada.

Es por esto que, durante los últimos años, la ciberseguridad ha ido ampliando su ámbito de actuación. Hoy participa en iniciativas de transformación, acompaña la adopción de nuevas tecnologías, interviene en programas de inteligencia artificial, contribuye al diseño de arquitecturas, analiza riesgos en cadenas de suministro y apoya la toma de decisiones estratégicas.

Esta evolución no responde simplemente a una expansión de responsabilidades. Refleja un cambio mucho más profundo en el propósito de la disciplina.

Por años hemos entendido la ciberseguridad como una función principalmente orientada a proteger activos de información, sistemas e infraestructuras. Esa responsabilidad continúa siendo esencial, pero ya no es suficiente para explicar el valor que debe aportar a las organizaciones.

Su principal contribución estratégica está evolucionando hacia un objetivo más amplio: contribuir a preservar la capacidad de adaptación de la organización mediante la gestión continua de los riesgos que el cambio genera.

Es importante hacer una distinción, la ciberseguridad no gobierna la innovación, ni pretende controlar la evolución del negocio. Su responsabilidad consiste en gobernar los riesgos que emergen conforme la organización cambia, de manera que ese cambio pueda mantenerse con niveles aceptables de confianza y resiliencia.

Vista desde esta perspectiva, la ciberseguridad deja de ser únicamente una función orientada a reducir riesgos para convertirse en una capacidad estratégica que preserva la capacidad de la organización para seguir adaptándose. Esto también transforma la naturaleza de muchas conversaciones que hoy sostenemos como líderes de ciberseguridad.

Ya no basta con preguntarnos si una iniciativa es segura. También debemos comprender cómo modifica el sistema, qué nuevas dependencias incorpora, cómo cambia el perfil de riesgo y qué capacidades de gobierno serán necesarias para sostenerla en el tiempo.

El objetivo nunca ha sido detener la innovación, tampoco reducir la complejidad por principio. La complejidad es una consecuencia inevitable del progreso, debemos buscar que nuestra capacidad para comprenderla y gobernarla crezca al mismo ritmo que ella. Quizá esa sea una de las transformaciones más importantes que está experimentando la ciberseguridad.

La ciberseguridad seguirá siendo responsable de proteger los activos más valiosos de una organización. Sin embargo, su verdadera contribución estratégica ya no se medirá únicamente por los incidentes que evita, sino por su capacidad para preservar las condiciones que permiten a la organización seguir adaptándose con confianza para construir su futuro.

Si al final, la estrategia competitiva no consiste únicamente en innovar. Consiste en conservar la capacidad de adaptarse continuamente, de innovar una y otra vez, quizá la pregunta más importante que hoy debemos hacernos sea esta: ¿Nuestra capacidad de adaptación está creciendo… o la complejidad está comenzando a erosionarla silenciosamente?

 

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