¿El firewall está obsoleto? Por qué sigue siendo clave en la ciberseguridad moderna

Chandrodaya Prasad, Senior Vice President, Chief Product Officer, en SonicWall
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Por Chandrodaya Prasad, Senior Vice President, Chief Product Officer, en SonicWa

Durante más de dos décadas, el firewall fue condenado a desaparecer en varias ocasiones, a principios de la década de 2000 se decía que la inspección de aplicaciones volvería obsoleta la inspección tradicional de paquetes. Después, el auge de los dispositivos móviles prometía acabar con el concepto mismo de perímetro. Más tarde llegó la adopción masiva de la nube y muchos aseguraban que los dispositivos físicos perderían toda relevancia. Finalmente, Zero Trust parecía dictar la sentencia definitiva al presentar el firewall como una reliquia de una filosofía de seguridad diseñada para un mundo que ya no existía.

Sin embargo, el firewall nunca desapareció.

No solo continúa formando parte de las arquitecturas modernas de ciberseguridad, sino que sigue evolucionando. La pregunta, entonces, ya no es si el firewall ha quedado obsoleto, sino por qué ninguna de las grandes transformaciones de la seguridad ha conseguido sustituirlo.

Y la respuesta es sencilla: las predicciones no eran descabelladas. Simplemente estaban incompletas.

Es cierto que surgieron nuevas arquitecturas de seguridad, tecnologías como ZTNA, la autenticación basada en la identidad, las pasarelas web en la nube y el aislamiento del navegador resolvieron limitaciones que el firewall tradicional no podía cubrir. También es verdad que muchas funciones, como el filtrado DNS, la inteligencia sobre amenazas, el análisis de comportamiento o el sandboxing, hoy se ejecutan mejor desde plataformas en la nube. La seguridad evolucionó porque las organizaciones también lo hicieron, con aplicaciones distribuidas entre múltiples nubes, usuarios remotos y modelos híbridos de trabajo.

Pero hay un principio que nunca cambió, el tráfico sigue teniendo que pasar por algún lugar y ese punto por donde circula el tráfico continúa siendo el sitio donde las organizaciones necesitan aplicar sus políticas de seguridad.

Esa es la razón por la que el firewall no ha desaparecido. Lo que hizo fue cambiar de forma.

Primero evolucionó junto con SD-WAN, integrando conectividad y seguridad en una sola plataforma. Más tarde pasó a formar parte de arquitecturas SASE y SSE, compartiendo responsabilidades con servicios distribuidos en la nube. Y hoy entra en una nueva etapa impulsada por la inteligencia artificial, donde deja de ser únicamente un dispositivo basado en reglas para convertirse en un punto de aplicación de inteligencia alimentado desde la nube.

Cada una de estas etapas fue presentada como “La Muerte del Firewall”. Sin embargo, todas terminaron siendo la antesala de su siguiente evolución.

La explicación es que existen funciones que siguen dependiendo de un dispositivo capaz de actuar exactamente donde circula el tráfico, es decir, la mayoría de las organizaciones continúan operando infraestructuras híbridas donde conviven aplicaciones en la nube, sistemas heredados, tecnología operativa, edificios inteligentes y redes locales. Buena parte de ese tráfico nunca abandona la infraestructura de la organización y necesita ser inspeccionado con baja latencia y en tiempo real.

Lo mismo ocurre con el tráfico cifrado. Hoy más del 95% de las comunicaciones empresariales utilizan TLS, incluidas muchas de las empleadas por los atacantes para distribuir malware, extraer información o comunicarse con su infraestructura de mando y control. La inspección de ese tráfico, especialmente cuando permanece dentro de la red corporativa, sigue requiriendo un punto de control integrado dentro de la propia infraestructura.

También sucede con la segmentación de redes, la protección de entornos OT e IoT o ante una interrupción de la conectividad WAN, todas son situaciones en las que la eficacia de la seguridad depende de que exista un dispositivo aplicando las políticas de seguridad localmente.

Por eso, el futuro del firewall no consiste en hacer absolutamente todo.

Las fuentes de inteligencia sobre amenazas, las actualizaciones de firmas, el análisis de comportamiento y otras capacidades seguirán aprovechando la escala que ofrece la nube. Ganará aquel dispositivo que descargue esas funciones cuando tenga sentido y conserve aquellas que requieren ejecutarse localmente. El que intente hacerlo todo desde el propio dispositivo difícilmente podrá seguir el ritmo de un panorama de amenazas que evoluciona cada día.

Además, la inteligencia artificial está acelerando aún más esta transformación, actualmente los atacantes están utilizando IA para automatizar campañas de phishing, investigar vulnerabilidades y adaptar malware con una velocidad sin precedentes. La defensa responde con plataformas capaces de aprender continuamente del comportamiento observado en miles de implementaciones y distribuir esa inteligencia en tiempo real. El firewall deja así de depender exclusivamente de reglas y firmas para convertirse en el punto de ejecución local de una inteligencia distribuida.

Esta evolución también responde al crecimiento de la tecnología operativa y del Internet de las Cosas. Fábricas, hospitales, empresas de servicios públicos e infraestructuras críticas dependen de equipos con ciclos de vida de décadas que no pueden migrarse fácilmente a la nube ni ejecutar agentes de seguridad. En estos entornos, el firewall sigue siendo el mecanismo que segmenta, inspecciona y controla el tráfico a nivel de red.

A ello se suma el cumplimiento normativo, estándares como PCI-DSS, HIPAA o NERC CIP continúan exigiendo controles de seguridad a nivel de red, lo que convierte al firewall no solo en una decisión tecnológica, sino también regulatoria.

Quizá el mayor error durante todos estos años fue plantear el debate como una elección entre la nube y el firewall. La realidad demuestra que ambos se necesitan mutuamente. La nube aporta escala, inteligencia e identidad y el firewall proporciona inspección local, segmentación, resiliencia y protección donde el tráfico realmente circula.

El firewall no está desapareciendo. Se está especializando. Y en un panorama de seguridad que se vuelve cada vez más complejo con el paso de los años, un dispositivo con una función clara e insustituible es un dispositivo con un futuro prometedor por delante.

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