Por: Fabiola Jiménez Navarro, Country Manager Infobip México
Con el 2026 ya en marcha, en México ya respiramos un aire distinto. Millones de mexicanos apasionados por el fútbol ya tenemos la mirada puesta en la gran cita del fútbol del próximo año, que se llevará a cabo en México, Estados Unidos y Canadá, lo que, en esta ocasión, convertirá a nuestro país en el epicentro de uno de los eventos deportivos más trascendentes del planeta.
Esta cita mundialista representa mucho más que un torneo deportivo. Es un momento bisagra para la economía mexicana, una oportunidad sin precedentes para que las empresas nacionales reescriban las reglas del juego en su relación con sus consumidores. Se prevé que 6000 millones de espectadores, alrededor del mundo, vean competir a 48 equipos en 104 partidos cuando inicie el primer partido el 11 de junio de 2026.
Mientras que otros 5 millones de asistentes concurrirán a los estadios de ciudades como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, además de las sedes de Nueva York, Texas y Toronto. Pero más allá de estos números monumentales, existe una realidad menos visible y mucho más estratégica: no debemos perder de vista que las figuras claves de este evento futbolístico son justamente los espectadores.
El aficionado moderno: un consumidor más exigente
Ya no estamos hablando del espectador pasivo que se conforma con seguir el partido por televisión y comprar una playera oficial. Hablamos de todos aquellos aficionados al fútbol que no solo disfrutan del juego, celebran, comparten, predicen y viven el evento de formas que trascienden los 90 minutos porque su experiencia empieza mucho antes del día del encuentro.
Pero tenemos un problema: muchos aficionados aún se sienten desconectados de los equipos que aman. Según una encuesta global con fans del deporte, el 55% asegura que no recibe comunicaciones relevantes y 61% afirma que el costo de participar en diversas experiencias deportivas es cada vez más elevado. Estos números no son meras estadísticas; son síntomas de un modelo de engagement que ha quedado obsoleto y que necesita con urgencia un nuevo enfoque.
Si buscamos experiencias reales y personalizadas para generar vínculos más sólidos con nuestra audiencia, necesitamos pensar en el fan engagement como todo lo que conecta a los fans con el equipo antes, durante y después de los eventos deportivos, tanto en entornos físicos como digitales y que va mucho más allá de un “me gusta”, se relaciona con emociones, cercanía y participación activa. Por ejemplo, la compra de boletos o entradas, la renovación de membresías, adquisición de productos oficiales, responder encuestas, compartir contenidos y conversar con los jugadores.
La fatiga digital: el enemigo invisible del engagement
Por otro lado, creo que uno de los grandes desafíos actuales que enfrentan hoy las empresas mexicanas no es la falta de canales de comunicación, sino el exceso de ellos. La paradoja del marketing digital moderno es que, en el afán por estar presentes en todas partes, ha creado un nuevo problema, la fatiga digital.
El consumidor promedio recibe entre 60 y 100 mensajes comerciales al día. Correos electrónicos, notificaciones push, mensajes de texto, alertas en redes sociales. Un bombardeo constante que genera agotamiento mental y, peor aún, indiferencia. En este contexto, no se trata de aumentar el volumen de comunicación, sino de revolucionar la calidad y relevancia de cada interacción.
Aquí, la tecnología puede ser un gran aliado para llevar la experiencia del aficionado al siguiente nivel. Las experiencias digitales, la gamificación, la mensajería y la IA están redefiniendo la relación entre los equipos y sus fanáticos y revolucionando el fan engagement.
Más allá de la inteligencia artificial, tecnologías como la realidad aumentada y la realidad virtual están redefiniendo lo que significa “asistir” a un evento deportivo. Los recorridos virtuales por estadios permiten a aficionados de todo el país familiarizarse con las sedes antes de comprar boletos. Las experiencias de realidad aumentada pueden transformar una simple playera oficial en una experiencia interactiva donde el aficionado puede ver estadísticas de su jugador favorito, revivir goles históricos o acceder a contenido exclusivo simplemente escaneando el logo del equipo con su teléfono.
Para el próximo torneo global de fútbol de 2026, esto significa que las marcas mexicanas deben repensar su estrategia de comunicación. No basta con enviar promociones genéricas o recordatorios de partidos. El desafío es crear un ecosistema de interacciones que anticipe las necesidades del consumidor, que agregue valor real a su experiencia y que respete su tiempo y su espacio digital.
Los tiempos cambiaron y los aficionados ya no quieren ser receptores pasivos de información, ahora desean conversar, participar y sentirse parte de la historia del equipo, pero desde sus aplicaciones favoritas, las que usan todos los días, como WhatsApp, donde buscan opinar, debatir, responder encuestas en tiempo real, acceder a contenido exclusivo y sentir que su voz importa en el ecosistema del deporte que aman.
En México, esto se traduce en una preferencia clara: el 75% de los usuarios digitales prefiere WhatsApp como canal de comunicación con marcas y empresas. No es casualidad. Esta aplicación forma parte de la rutina diaria de millones de mexicanos; es donde mantenemos nuestras conversaciones más importantes, coordinamos nuestra vida familiar y laboral. Lograr que una marca ingrese a ese espacio íntimo de comunicación es ganar un nivel de confianza y accesibilidad que ningún otro canal puede ofrecer.
Pero la presencia en canales populares no es suficiente. La clave está en cómo se utiliza ese acceso privilegiado. Las empresas que triunfarán en este evento serán aquellas que comprendan que cada interacción debe aportar valor como información exclusiva sobre los partidos, boletos anticipados, contenido detrás de cámaras, promociones personalizadas basadas en preferencias reales, no en segmentaciones genéricas.
¿Entonces qué quieren realmente los aficionados?
Si queremos diseñar estrategias efectivas de engagement para la próxima competencia internacional de selecciones más esperada del mundo, primero debemos comprender qué es lo que los aficionados realmente valoran. Los datos de una investigación reciente ofrecen claridad sobre estas expectativas.
El 78% de los aficionados quiere recibir actualizaciones en tiempo real y acceso a contenido exclusivo. En el contexto del mundial, esto significa alertas instantáneas sobre alineaciones, cambios de último minuto, análisis tácticos profundos, entrevistas exclusivas con jugadores y técnicos. No es información que puedan encontrar fácilmente en cualquier medio; son datos premium que justifican la relación con la marca.
Un dato particularmente revelador es que el 52% de los consumidores prefiere interactuar con chatbots disponibles las 24 horas para resolver dudas de forma inmediata. Esto desmitifica la creencia de que esta tecnología despersonaliza la experiencia. Al contrario, cuando está bien implementada, la automatización inteligente libera tiempo para que las interacciones humanas se reserven para momentos de alto valor, mientras que las consultas rutinarias se resuelven al instante.
Para el 76% de los mexicanos, los sistemas automatizados pronto podrán comprender emociones humanas. Esta expectativa revela una sofisticación creciente del consumidor mexicano, que no rechaza la tecnología, sino que espera que evolucione para ofrecer experiencias cada vez más empáticas y contextuales. El mensaje es claro, el aficionado se siente cómodo usando la tecnología y si pensamos que el próximo mundial se jugará solo en la cancha, nos equivocamos. En cada partido, tanto equipos como marcas deberán trabajar para crear experiencias memorables para los aficionados.
En definitiva, este campeonato mundial de fútbol representa para México mucho más que gloria deportiva o impacto turístico. Es una oportunidad histórica para que el empresariado nacional demuestre su capacidad de innovación, su comprensión del consumidor moderno y su visión de largo plazo. Porque se jugará en cada interacción entre marca y consumidor, en cada experiencia personalizada que se ofrezca, en cada momento de conexión genuina que se logre crear. Las empresas que comprendan esto y actúen en consecuencia no solo ganarán durante el torneo, sino que se posicionarán como líderes de una nueva era en la relación marca-consumidor en nuestro país.









