SAIAConf 2026: La IA no reemplaza profesiones, sí tareas

Más de 4.000 personas pasaron el 20 de octubre por BA Ferial, en Costa Salguero, para participar de la cuarta edición de SAIAConf, la conferencia de la Sociedad Argentina de Inteligencia Artificial. Como parte de TecWeek Buenos Aires, la jornada reunió tres escenarios simultáneos -Horizonte, Impacto y Ágora- bajo una consigna que atravesó buena parte de las conversaciones: «Más capacidad, más rentabilidad y más humanidad».
SAIAConf 2026 reunió a más de 4.000 personas para debatir sobre inteligencia artificial, trabajo y desafíos humanos.
SAIAConf 2026 reunió a más de 4.000 personas para debatir sobre inteligencia artificial, trabajo y desafíos humanos.
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Más de 4.000 personas se reunieron el 20 de octubre en BA Ferial, en Costa Salguero, para participar de la cuarta edición de SAIAConf, la conferencia de la Sociedad Argentina de Inteligencia Artificial. En el marco de TecWeek Buenos Aires, el evento contó con tres escenarios simultáneos —Horizonte, Impacto y Ágora— y puso en el centro del debate el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo, los negocios y la sociedad, bajo una consigna que atravesó toda la jornada: «Más capacidad, más rentabilidad y más humanidad».

Joan Cwaik, reconocido autor, divulgador tecnológico, conferencista y docente argentino especializado en tecnologías emergentes, inteligencia artificial y cultura digital, abrió el escenario principal con una advertencia: «El criterio no se terceriza». La frase anticipó una de las discusiones que marcarían el día. Entre charlas sobre regulación, salud, sesgos de los modelos y ciudades inteligentes, la pregunta de fondo era cómo incorporar la inteligencia artificial sin perder de vista aquello que sigue dependiendo de las personas.

La programación también tuvo su propio proceso de selección. Mara Schmitman, licenciada en Psicología, fundadora y directora de Bondy e integrante del board de Talento y Cultura de SAIA, participó de la curaduría junto con Lucía Palomeque y el periodista César Salazar. A partir de una convocatoria abierta recibieron más de 250 postulaciones, preseleccionaron alrededor de 60 y entrevistaron a más de 30 personas antes de definir la lista final.

De ese trabajo surgieron propuestas tan diversas como «Google ha muerto», de Facundo Giuliani; «¿Cuántos huevos lleva un flan?», de Lara González Lanzillotta; «Querés cambiar de trabajo siendo senior: el mercado laboral visto desde 10.000 empresas», de Magalí Bejar; y «Las historias que construyen nuestro futuro», de Adrián Garelik. El equipo también eligió a Tomás Deluca y Patricio Iturraspe, encargados de conducir los escenarios Ágora e Impacto durante la jornada.

En Horizonte, Schmitman compartió con la emprendedora Eliana Bracciaforte el panel «El futuro del trabajo: donde la IA nunca va a reemplazarnos», moderado por Salazar. El conductor había participado en la selección de los oradores y terminó también frente al público, liderando una de las conversaciones centrales del encuentro.

Schmitman propuso una distinción que ordenó el debate: «La IA no reemplaza profesiones, reemplaza tareas». La diferencia parece sutil, pero cambia la perspectiva. Escribir un correo o resumir un documento en segundos ya no es necesariamente una ventaja diferencial cuando cualquiera puede hacerlo con las mismas herramientas. Lo que distingue a un profesional es qué aporta a partir de ese resultado, cómo lo interpreta y qué decisiones toma con él. La tecnología acelera el trabajo, pero también eleva las expectativas.

Ese cambio se vuelve especialmente visible al comienzo de una carrera laboral. Muchas de las tareas con las que un profesional junior aprendía el oficio ahora pueden resolverse con inteligencia artificial. La dificultad es que, al automatizar esas primeras experiencias, también se reduce el espacio para practicar y equivocarse con supervisión.

Por eso, formar nuevos profesionales ya no puede quedar librado al azar. Si las empresas dejan de invertir en el aprendizaje de quienes recién ingresan, dentro de unos años podrían encontrarse con una dificultad menos visible, pero decisiva: no tener suficientes perfiles preparados para ocupar posiciones senior. Mientras tanto, una parte de ese trabajo recae sobre los profesionales experimentados, que deben asumir responsabilidades adicionales.

La transformación alcanza también a los planes de carrera y a la selección de personal. En un mercado donde los candidatos se postulan en masa y los filtros automáticos pueden descartarlos antes de que alguien lea sus antecedentes, aparece una contradicción: las empresas necesitan personas con criterio, capacidad de aprendizaje y autenticidad, pero sus propios procesos pueden impedirles reconocerlas. El dominio del inglés surgió, además, como una herramienta clave para acceder al conocimiento de primera mano.

Hacia el cierre del panel, la discusión volvió sobre las personas. La salud mental en un mercado que exige reinventarse cada vez más rápido y los límites de los procesos de selección completamente automatizados pusieron en cuestión la idea de que ganar eficiencia siempre equivale a mejorar. Una entrevista puede ahorrar tiempo cuando se automatiza, pero también perder la conversación en la que aparecen matices que un formulario no registra.

En el escenario Impacto, Lucía Palomeque moderó por primera vez un panel, «¿Puede la IA desarrollar conciencia?», con Naomi Couriel y Diana Fernández Zalazar. En ese mismo espacio, Nicolás Lucca, convocado por Schmitman, presentó «El sesgo humano en la IA: un caso psiquiátrico».

Al final de la jornada quedó una pregunta que excede el uso de una herramienta o la automatización de una tarea. Si la inteligencia artificial modifica la manera de trabajar, aprender y contratar, ¿quién se ocupa de acompañar a las personas en ese proceso?

La tecnología puede hacer más cosas y hacerlas más rápido. El desafío, como recordó la apertura de Cwaik, sigue siendo decidir qué hacer con esa capacidad.

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