El salto digital de AUSA: la innovación que logró el 99.9% de precisión en el Free Flow y redujo el consumo de energía en un 83%

Alejandro Molina, gerente de Sistemas Corporativos e IT de AUSA.
Alejandro Molina, gerente de Sistemas Corporativos e IT de AUSA.
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“Trabajo en AUSA hace 25 años; empecé como técnico y conozco todos los procesos de esta compañía”, dice Alejandro Molina, gerente de Sistemas Corporativos e IT. Su tono es el de alguien que ha visto de cerca cómo la infraestructura vial de Buenos Aires pasó de depender de cabinas de peaje y dinero en efectivo a convertirse en una red completamente digital, impulsada por datos, sensores y algoritmos de inteligencia artificial.

De un piloto casero al sistema actual

En 2005, AUSA todavía desarrollaba su propio software de cobro de peaje. “Hasta hace poco, todo el sistema pasaba por un desarrollo interno hecho acá, en casa, recuerda Molina. Aquellos primeros pasos permitieron construir una base tecnológica sólida para lo que vendría años después.

En 2014, el equipo ensayó lo que Molina llama “un free flow hecho en casa”: una prueba piloto en la subida de Sarmiento que eliminaba las barreras físicas. “Era un sistema muy básico, pero fue nuestro primer desafío real. Tenía cámaras para leer patentes y antenas para detectar el paso del vehículo. Era una vía de peaje sin barreras, y funcionó sorprendentemente bien”.

Sistema de perfilado láser del Free Flow que genera una nube de puntos para identificar dimensiones y categoría del vehículo con alta precisión, incluso a alta velocidad.
Sistema de perfilado láser del Free Flow que genera una nube de puntos para identificar dimensiones y categoría del vehículo con alta precisión, incluso a alta velocidad.

Aquel experimento fue el punto de partida de una transformación que, una década después, cambió por completo la operación de las autopistas porteñas. En 2019, con el Paseo del Bajo, AUSA instaló los primeros pórticos industriales para el cobro automático. Esa experiencia marcó el inicio de un proceso que, en 2026, culminará con la eliminación total del cobro manual.

El problema que había que resolver

El punto de inflexión fue la necesidad de mejorar la eficiencia. “El mayor problema era la congestión estructural que se generaba en cada plaza de peaje”, explica Molina. Incluso en horarios normales, los conductores podían perder entre tres y cinco minutos por detenciones y maniobras de cambio de carril. Esa pérdida de tiempo se traducía en emisiones de CO₂, riesgos de siniestros y altos costos operativos.

Con el sistema Free Flow, los vehículos ya no se detienen. Los tiempos de paso se reducen en más de un 90%, y el consumo de energía representan apenas el 17% de los de un peaje convencional. “El impacto ambiental es enorme: cada pórtico equivale a plantar más de 500 árboles por año”, detalla. Pero el beneficio principal, asegura, es la fluidez: “Hoy los usuarios ahorran, en promedio, 36 horas al año que antes perdían en las barreras”.

Inaugurado en 2019, el Paseo del Bajo marcó un antes y un después en la gestión del tránsito pesado y la conectividad norte-sur de la Ciudad.
Inaugurado en 2019, el Paseo del Bajo marcó un antes y un después en la gestión del tránsito pesado y la conectividad norte-sur de la Ciudad.

De empresa vial a compañía tecnológica

El Free Flow no fue solo un cambio técnico, sino una redefinición del rol de AUSA. “La eliminación del cobro manual forma parte del programa SmartFlow, que es la transformación tecnológica integral hacia una autopista 100% digital, sin efectivo y sin barreras, cuenta Molina.

La meta es clara: para 2026, no habrá ninguna cabina de cobro en la red de autopistas de la Ciudad de Buenos Aires. Hoy, apenas el 2,5% del cobro sigue siendo en efectivo. “Pasamos de ser una empresa de operación vial a una empresa tecnológica. Hoy gestionamos datos, no cabinas.

SmartFlow integra toda la operación con plataformas de datos y analítica. “Tenemos tableros de Power BI, un Data Lake centralizado y herramientas que cruzan información del tránsito con datos externos, como clima, obras o eventos deportivos”, explica. Esa integración permite anticipar congestiones, optimizar la gestión del tráfico y mejorar la asistencia ante incidentes.

La digitalización del tránsito urbano permitió reducir drásticamente los tiempos de viaje: hoy los usuarios ahorran hasta 36 horas al año que antes perdían en las barreras.
La digitalización del tránsito urbano permitió reducir drásticamente los tiempos de viaje: hoy los usuarios ahorran hasta 36 horas al año que antes perdían en las barreras.

La arquitectura que garantiza el 99,9% de precisión

Un sistema Free Flow procesa millones de tránsitos por día, y su éxito depende de la precisión. “No existe el 100% infalible, pero sí métricas muy estrictas y control permanente, afirma Molina. Actualmente, la precisión general del sistema alcanza el 99,9%, la lectura de TAGs el 99,3% y la detección de patentes el 99,5%. Cada pórtico es autónomo y redundante: si un componente falla, otro toma su lugar sin interrumpir la operación.

La fiabilidad también se extiende al mantenimiento: AUSA puede instalar la tecnología para un pórtico completo en menos de 30 días, con una “marcha blanca” de calibración para garantizar que los datos sean exactos antes de ponerlo en marcha.

Toda la información generada por los pórticos, cámaras, radares y sensores converge en el Centro de Monitoreo Inteligente, que Molina define como “el corazón del sistema”.

“Allí procesamos todo en tiempo real sobre infraestructura de Microsoft Azure, con un Data Lake y un Data Warehouse que permiten analizar y cruzar datos de diferentes fuentes, detalla. El próximo paso es incorporar inteligencia artificial para que el sistema pueda detectar automáticamente un vehículo detenido, identificar el móvil más cercano y enviar la alerta al equipo de seguridad vial.

“Hoy llegamos a un incidente en promedio en nueve o diez minutos. Queremos detectar el evento cuando ocurre, sin depender de que alguien lo reporte”, afirma. El proyecto SmartFlow busca justamente eso: una autopista que se anticipe a los hechos.

¿Se perdieron empleos? La verdad detrás del cambio

Más allá de la tecnología, la parte más difícil fue humana. “Cuando propusimos eliminar las cabinas, había que convencer a todos de que era posible hacerlo sin afectar los empleos, recuerda Molina. En ese momento, 80 personas trabajaban en el cobro manual en la autopista Illia. “Fue clave el acuerdo con el gremio, que garantizó la empleabilidad total. No se perdió un solo puesto de trabajo”.

El proceso incluyó capacitación, reconversión y nuevas oportunidades. “Hicimos un trabajo profundo para conocer los perfiles de cada empleado. Muchos tenían conocimientos técnicos que no estaban aprovechando. Algunos se formaron en electrónica, otros en sistemas. Hoy tengo gente en mi equipo de IT que antes trabajaba como cajera de peaje, cuenta.

Incluso surgieron nuevos roles, como los 23 validadores que revisan las operaciones no automatizadas. “Esa gente me dice: ‘me cambió la vida’. Pasaron de estar seis horas en una cabina a poder trabajar desde casa validando imágenes. Es una reconversión real, humana”.

Pórtico Free Flow con cámaras y sensores que identifican vehículos en movimiento mediante lectura de patentes, TAGs y perfilado láser, permitiendo cobrar sin barreras ni detenciones.
Pórtico Free Flow con cámaras y sensores que identifican vehículos en movimiento mediante lectura de patentes, TAGs y perfilado láser, permitiendo cobrar sin barreras ni detenciones.

Seguridad vial y sustentabilidad

La reducción de siniestros es otro de los grandes logros del Free Flow. “Antes de la reconversión teníamos alrededor de 20 accidentes de personal por año, lo que significaba más de 500 días de trabajo perdidos. Hoy esa cifra es cero, asegura Molina.

En términos de tránsito, los resultados son contundentes: 57% menos siniestros, 40% menos víctimas fatales y 50% menos personas lesionadas en las zonas donde ya se eliminaron las cabinas.

Además de mejorar la seguridad, el sistema reduce el consumo energético: un pórtico utiliza apenas el 17% de la energía de una estación de peaje tradicional. La eliminación del efectivo también redujo el riesgo de fraude y la circulación de dinero físico.

Free flow.El proyecto SmartFlow busca convertir toda la red de autopistas de la Ciudad en una infraestructura 100% digital y sin efectivo para 2026.
El proyecto SmartFlow busca convertir toda la red de autopistas de la Ciudad en una infraestructura 100% digital y sin efectivo para 2026.

Del presente al futuro: la autopista que piensa

El horizonte de AUSA va más allá del cobro automático. La próxima etapa será la inteligencia distribuida. “Después de 2026, vamos a profundizar el procesamiento local en los pórticos, radares y cámaras, para que la infraestructura pueda reaccionar sola ante un evento sin depender de la nube, adelanta Molina.

El plan incluye sensores ambientales y estructurales —temperatura, vibraciones, iluminación, estado del pavimento—, además de herramientas de mantenimiento predictivo basadas en inteligencia artificial. “El objetivo es que los datos se conviertan en decisiones, y las decisiones, en servicios”.

Hacia 2030, AUSA prevé estar integrada en un ecosistema urbano donde tránsito, transporte y seguridad funcionen de forma interoperable. “La movilidad conectada es el futuro: vehículos e infraestructura comunicándose entre sí en tiempo real”, concluye.

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