“Nuestro objetivo es mitigar y prevenir la pérdida de alimentos”: la visión de Wiagro para transformar el almacenamiento de granos
En diálogo con Future Talks, Ariel Ismirlian, CEO y cofundador de Wiagro, explicó cómo la empresa desarrolló nanosensores integrados en la silo bolsa para anticipar pérdidas, mejorar la conservación y acercar al agro argentino a una nueva generación de tecnología postcosecha basada en datos, automatización e inteligencia artificial.
En una nueva edición de Future Talks, el programa de streaming producido por ITSitio, Ariel Ismirlian, CEO y cofundador de Wiagro, repasó el camino que llevó a la compañía a transformar uno de los sistemas más tradicionales del agro argentino: la silo bolsa. Con una historia que combina innovación tecnológica, necesidades del campo y oportunidades globales, la empresa se propone reducir la pérdida de alimentos a través de sensores diminutos, conectividad avanzada e inteligencia artificial.
Desde el inicio, Ismirlian contextualizó la relevancia de esta tecnología. Explicó que el silo bolsa —un invento extranjero pero perfeccionado en Argentina— es un método de almacenamiento temporal de granos pensado para brindar flexibilidad logística a los productores. Se trata de una bolsa de plástico de entre 60 y 100 metros que puede contener entre 200 y 300 toneladas. Más allá de su función básica, destacó que este sistema se volvió “una vía de escape para el productor”, permitiéndole conservar los granos sin depender inmediatamente de la infraestructura de acopio ni de la volatilidad del mercado.
El CEO remarcó que en Argentina y Brasil, donde las distancias, los costos y la logística son desafíos permanentes, el silo bolsa se convirtió en una herramienta crítica. “Una planta de silos implica millones de dólares, mientras que un silo bolsa cuesta entre 300 y 400 dólares”, señaló. Esa diferencia explica por qué cerca del 50% de la producción argentina se guarda en este formato.
El salto a la silo bolsa inteligente
La evolución hacia la silo bolsa inteligente llegó a través de una alianza estratégica con IpesaSilo, el principal fabricante de estas bolsas en el país. A partir de esa colaboración surgió una innovación sorprendente: la integración de nanosensores directamente en la línea de producción.
Ismirlian explicó que estos sensores tienen un tamaño “del orden de los nanómetros” y que la empresa suele graficar esa escala con un ejemplo fácil: “siempre uso la analogía del grano de arroz”. A pesar de su minúsculo tamaño, los nanosensores son capaces de medir parámetros clave para evitar la pérdida de granos, un problema que Wiagro identificó desde sus inicios. “Nuestro objetivo es mitigar y prevenir la pérdida de alimentos”, afirmó.

El camino no fue simple. Los primeros prototipos eran enormes, comparables “al tamaño de una botella de Coca-Cola”. Aunque eran inviables operativamente, permitieron validar el negocio: había una necesidad real y los productores estaban dispuestos a adoptar tecnología que evitara mermas. Con el tiempo, los dispositivos evolucionaron hasta convertirse en minúsculos sensores instalados desde fábrica.
Un problema global, una solución argentina
La visión de la compañía no se limita a la región. La pérdida y desperdicio de alimentos es un fenómeno global, y Wiagro comenzó a expandirse hacia mercados que dependen fuertemente de sus granos o cultivos. El propio Ismirlian adelantó que hoy están realizando pruebas de concepto para café y cacao en países como Filipinas, lo que demuestra la escalabilidad del modelo.
El CEO explicó que, históricamente, el foco tecnológico del agro estuvo puesto en la precosecha y la cosecha: semillas de mayor rendimiento, maquinaria más eficiente, agricultura de precisión. Sin embargo, el postcosecha había quedado relegado. “Había mucha inversión en el pre-cosecha y en la cosecha, pero no había tecnología que controle qué pasa después”, dijo. Esa brecha fue el punto de partida de Wiagro.
Un ROI inmediato para el productor
Uno de los aspectos clave para la adopción tecnológica en el agro es el retorno sobre la inversión. Ismirlian aseguró que el ahorro es evidente: “el productor pierde entre un 2% y un 5% del volumen total por mala conservación”. En productos como la soja, donde una tonelada puede rondar los 280 dólares, la ecuación es contundente. La solución de Wiagro cuesta menos de 10 centavos por tonelada, lo que implica un retorno “en menos de un año”.
Y el costo seguirá bajando a medida que la integración industrial con Ipesa escale. “La tecnología va a ser mucho más accesible y el ROI, más rápido”, anticipó.
Del campo a la nube: cómo funciona
Una vez instalada la tecnología, el productor visualiza la información en una plataforma propia de Wiagro. Desde allí puede detectar roturas, anticiparse a condiciones desfavorables o consultar parámetros de conservación.
El CEO relató que, en el pasado, instalar los dispositivos era complejo. “Los sensores eran grandes, con sondas que requerían mucha operación”, dijo. Luego incorporaron conectividad satelital, lo que permitió realizar transmisiones incluso en zonas remotas. La integración actual con Ipesa representa la simplificación definitiva: sensores del tamaño de un grano, embebidos en la bolsa desde fábrica.
El desarrollo llevó más de dos años y medio e involucró inversión de fondos como Kamay Ventures y el Grupo Murchison. Según Ismirlian, ese respaldo permitió convertir un prototipo experimental en una solución industrializable y escalable.

Inteligencia artificial puertas adentro
Wiagro no solo incorpora tecnología en sus productos. Internamente, la empresa adoptó distintas herramientas basadas en IA para acelerar su desarrollo. “Hace más de un año y medio usamos Copilot para desarrollo de código y QA”, detalló. También utilizan ChatGPT para análisis, documentación y generación de informes, así como herramientas de prototipado para el diseño de nuevas interfaces.
Sin embargo, el CEO fue claro respecto al desafío: la IA potencia, pero no reemplaza el conocimiento humano. “La inteligencia artificial te sirve siempre y cuando puedas iterar rápido y le pongas los inputs correctos”, afirmó.
Además, adelantó que están trabajando en automatización de procesos administrativos, soporte técnico y postventa. “En una startup, llega un momento en el que lo que antes era cómodo empieza a ser incómodo”, reconoció.
Nuevas demandas, nuevas oportunidades
Tras el lanzamiento oficial en agosto en Aapresid, la empresa comenzó a recibir consultas no solo de productores, sino también de otras compañías de la agroindustria que buscan agregar tecnología a sus propios productos. “Empiezan a ver a Wiagro como un partner de desarrollo”, explicó Ismirlian.
Mencionó casos de empresas que fabrican tanques de combustible y quieren medir niveles a bajo costo, u otras que necesitan sensores para monitorear activos. Wiagro evalúa cada proyecto según su impacto y su alineación con la misión central: evitar la pérdida y el desperdicio.
Con un pie en el campo y otro en la nube, la empresa se posiciona en un punto singular del ecosistema tecnológico argentino, combinando hardware, ciencia de datos, IA y producción industrial. “Son lindos desafíos, desafíos de crecimiento”, resumió su CEO, convencido de que el agro todavía tiene mucho espacio para innovar y que la próxima revolución —una que reduzca pérdidas, optimice procesos y expanda la información disponible— recién comienza.
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