El talento que América Latina no puede darse el lujo de perder

En sectores como finanzas y salud, los sesgos algorítmicos pueden amplificar desigualdades existentes.
Angélica Huertas, VP of Marketing and Growth Vambe
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Por: Angélica Huertas, VP of Marketing and Growth Vambe

La inteligencia artificial ya está cambiando la forma en que trabajamos, vendemos, atendemos clientes y tomamos decisiones en nuestras empresas. Pero hay algo que casi no se dice: detrás de cada sistema de IA hay un equipo definiendo qué problema resolver, qué datos usar y qué riesgos asumir.

La pregunta es simple: ¿quién está en esa mesa?

América Latina vive un momento decisivo. La IA dejó de ser un experimento y se volvió parte central de la economía. Sin embargo, la región aporta apenas 1.12% de la inversión global en inteligencia artificial. A eso se suma la fuga de talento especializado y la falta de infraestructura en muchos países. Competimos en desventaja.

En ese contexto, no podemos darnos el lujo de desperdiciar talento. Mucho menos la mitad del talento disponible.

El reto no es solo técnico. Es humano y estratégico.

Los equipos de producto —quienes deciden qué se construye y para quién— son el verdadero núcleo de la competitividad. Pero siguen estando dominados por visiones que no siempre reflejan la complejidad social y económica latinoamericana.

Y ahí es donde la mirada de la mujer puede marcar una diferencia profunda.

En una región con alta informalidad, brechas digitales y desigualdad, diseñar IA exige entender contextos reales. Millones de personas no tienen historial crediticio tradicional, comparten dispositivos móviles o viven en zonas con conectividad limitada. Si esos matices no se consideran desde el diseño, el resultado puede ser un sistema técnicamente correcto pero desconectado de la realidad.

Las mujeres que lideran producto suelen hacerse preguntas distintas:

¿Quién puede quedar fuera de este modelo?
¿Estamos replicando sesgos en los datos?
¿Este sistema funciona para la diversidad de realidades que existen en la región?

No es una cuestión simbólica. Es operativa.

La gobernanza de la IA no empieza en la regulación; empieza en el diseño. En decidir qué variables pesan más y qué riesgos se priorizan. Excluir a las mujeres de esas decisiones reduce la diversidad de criterio y aumenta la probabilidad de sistemas menos inclusivos y menos seguros, especialmente en sectores sensibles como finanzas o salud.

El argumento más fuerte es económico: América Latina enfrenta déficit de especialistas y presupuestos limitados. No integrar a más mujeres en liderazgo de producto no es solo una brecha de equidad; es una pérdida de competitividad.

Si queremos que la región deje de ser consumidora de tecnología y se convierta en creadora, necesitamos ampliar la mesa donde se diseña el futuro.

Integrar a más mujeres en liderazgo de producto no es solo inclusión. Es crecimiento. Es construir soluciones más sólidas, más cercanas y más adaptadas a nuestra realidad.

Porque la inteligencia artificial no transforma empresas por sí sola. Las transforman las personas que deciden cómo usarla.

 

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