La reforma laboral también es un reto tecnológico: ¿están preparadas las empresas para gestionar el tiempo con datos?

David Ortiz, CEO de Siigo LATAM y Country Manager de Siigo Aspel en México
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Por: David Ortiz, CEO de Siigo LATAM y Country Manager de Siigo Aspel en México

La reducción de la jornada laboral, publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF), pone sobre la mesa una discusión que va más allá del número de horas trabajadas. Para las empresas, el verdadero desafío estará en cómo reorganizar la operación, mantener visibilidad sobre el tiempo de trabajo y contar con información suficiente para tomar decisiones en un entorno con nuevas reglas.

En México, la transición hacia una jornada semanal de 40 horas ya tiene una ruta definida: durante 2026 se mantiene el máximo de 48 horas, en 2027 bajará a 46 y continuará disminuyendo hasta llegar a 40 horas en 2030. A ello se suma la obligación de registrar electrónicamente la jornada laboral de cada persona trabajadora, incluyendo los horarios de inicio y finalización, conforme a las disposiciones que emita la autoridad laboral. Más que un ajuste al calendario, el cambio obligará a revisar procesos, cargas de trabajo y herramientas de gestión.

A partir de enero de 2027 ya no bastará con saber cuántas horas trabaja una persona al final de la semana. Las empresas necesitarán entender cómo se distribuyen esas horas, dónde aparecen incidencias, qué turnos requieren ajustes o cómo se comportan las horas extraordinarias. Cuando esa información vive en hojas de cálculo distintas, correos, mensajes o registros aislados, responder a una nueva regla puede convertirse en un ejercicio manual y reactivo.

La dimensión del cambio tampoco es menor. Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo difundidos por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) en marzo de 2026, 63.9% de las personas trabajadoras en México laboraba más de 40 horas semanales. Esto significa que la transición exigirá a muchas organizaciones revisar la forma en que asignan tiempos, cargas de trabajo y recursos.

Aquí es donde la tecnología puede jugar un papel útil, aunque no mágico. Digitalizar el control de asistencia o automatizar el registro de incidencias no resuelve por sí mismo la reorganización del trabajo. Su valor aparece cuando permite concentrar información dispersa, reducir capturas repetidas, identificar excepciones y ofrecer una visión más clara de lo que ocurre en la operación. El verdadero valor no está sólo en digitalizar el registro del tiempo, sino en convertir esos datos en mejores decisiones

Un retraso, una ausencia, un cambio de turno o una hora extraordinaria pueden parecer eventos aislados. Sin embargo, cuando se multiplican por decenas o cientos de colaboradores, tienen efectos en la planeación, la nómina y la disponibilidad de personal. Si esos movimientos se registran tarde o en diferentes canales, la empresa pierde visibilidad; cuando se concentran en un mismo flujo digital, es posible identificar patrones y actuar antes de llegar al cierre de nómina sin una visión clara de lo ocurrido durante el mes.

La evidencia internacional también apunta a que reducir horas no produce resultados positivos de manera automática. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha destacado que los efectos dependen en buena medida de cómo se implemente el cambio y que la reorganización de procesos, el uso de métricas y la adopción tecnológica pueden contribuir a la adaptación. Menos horas laborales no equivalen por sí solas a trabajar mejor; también es necesario revisar cómo se organiza el trabajo.

Esto obliga a mirar la gestión del tiempo con una lógica más cercana a la administración de datos. Centralizar horarios, incidencias, asistencia, ausencias y horas extraordinarias permite que Recursos Humanos, supervisores y responsables de nómina trabajen sobre una misma fuente de información y detecten, por ejemplo, dónde se concentran horas extra, qué periodos presentan mayor ausentismo o qué equipos requieren una distribución diferente de turnos. Más que sumar funcionalidades, lo relevante es reducir los puntos ciegos que aparecen cuando cada área administra una versión distinta de la realidad.

Para las Pymes, que muchas veces operan con estructuras administrativas reducidas, simplificar la captura de información y automatizar tareas repetitivas puede ser especialmente relevante. La ventaja no está en incorporar sistemas más complejos, sino en lograr que la información necesaria para operar y tomar decisiones esté disponible cuando se necesita.

La reforma laboral abre así una conversación que va mucho más allá de cuántas horas debe durar una semana. También obliga a preguntarnos qué tan preparadas están las empresas para entender y administrar su propio tiempo. Si durante años la transformación digital estuvo asociada con ventas, finanzas o comercio electrónico, ahora también tendrá que llegar a la forma en que organizamos el trabajo. El reto será pasar de administrar horarios a gestionar, con datos, la manera en que realmente funciona una organización.

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