Hace 50 años, Gordon Moore publicó un artículo en la revista Electronics Magazine titulado “Amontonando más componentes en los circuitos integrados”. Diez años después de la publicación de ese artículo, la idea planteada en él se hizo conocida como la “Ley de Moore”, produciendo un impacto significativo en el desarrollo de la tecnología informática.
Cuando Moore escribía su artículo, la solución dominante para crear sistemas electrónicos integrados no involucraba semiconductores de silicio. En su lugar se utilizaban otros métodos más populares y económicos, como por ejemplo utilizar numerosos componentes individuales. La primera predicción de Moore fue que esa situación cambiaría, y que los circuitos integrados en semiconductores se convertirían en el método más común para producir circuitos integrados.
“Los dispositivos semiconductores son los únicos candidatos razonables actualmente en existencia para convertirse en los elementos activos de los circuitos integrados”, dijo Moore en 1965. “Para 1970, puede esperarse que el costo de fabricación por componente sea sólo la décima parte del costo actual”.
Moore dijo que los circuitos integrados basados en semiconductores necesitarían al menos 50 componentes en su interior para ser efectivos en cuanto al costo. Según su predicción, el beneficio de utilizar numerosos componentes individuales decrecería tanto que usar un circuito integrado semiconductor individual se volvería más económico que integrar diversos elementos individuales. Con los avances en las tecnologías de semiconductores, el número de componentes que podrían producirse a bajo costo en un circuito integrado semiconductor se incrementaría, a la vez que los costos se reducirían. Según Moore, en un plazo de 5 años podría esperarse que hubiera alrededor de 1.000 componentes por circuito, y que en 10 años, dicho número se elevaría a 65.000.
La segunda predicción de Moore se convirtió en el pilar de la ley que lleva su nombre: el costo de producir circuitos integrados en semiconductores inició una tendencia decreciente, a la vez que la complejidad de dichos circuitos (la cantidad de componentes que integraban) avanzaba en forma inversa. “La complejidad por mínimo costo de componentes se ha incrementado a un factor aproximado de 2 por año. Ciertamente en el corto plazo puede esperarse que esta tasa se mantenga, o incluso que se eleve. En el largo plazo, la tasa de incremento será un poco más incierta, aunque no hay razón para no creer que se vaya a mantener casi constante por al menos unos diez años”, aseguró Moore.

En la época en que se publicó el mencionado artículo, Moore trabajaba como investigador en Fairchild Semiconductor, pero luego dejó ese trabajo para convertirse en cofundador de una de las compañías más influyentes en la industria de la computación: Intel.
Tras cofundar Intel, Moore se encontraba en una situación desde la que podía impulsar la innovación. Intel se esforzó por mantener el ritmo de innovación, y muchos otros en la industria informática hicieron lo mismo y trabajaron incansablemente para innovar y lograr avances tecnológicos.
En comparación con el 4004 (el primer microprocesador desarrollado por Intel en 1971), un procesador actual de 22 nm posee 4.000 veces la performance. A su vez, cada transistor usa menos de 5.000 veces la energía, y el precio cayó en un factor de 50.000.
Hoy en día, los circuitos integrados en semiconductores están en todas partes, en casi todas las cosas que usamos que utilizan electricidad, como por ejemplo controles remotos, TVs, teléfonos, computadoras, autos, parlantes, consolas de juegos, relojes, etc. Hasta ahora, la Ley de Moore mantiene su validez. En sus cincuenta años de vida ayudó a dar forma a la tecnología moderna, y es de esperarse que siga siendo una fuerza influyente en el rumbo futuro de los avances tecnológicos.









