En América Latina, la adopción de inteligencia artificial (IA) avanza a un ritmo sin precedentes. Según datos recientes, el 86 % de las empresas en la región ya ha implementado alguna forma de IA en sus operaciones. Sin embargo, esta transformación tecnológica convive con una percepción creciente de amenaza: el 81 % de esas mismas organizaciones considera que la IA representa un riesgo significativo, especialmente por su potencial para facilitar ciberataques avanzados.
Esta contradicción expone una paradoja crítica: mientras las compañías incorporan IA para seguir siendo competitivas, al mismo tiempo temen los riesgos que la propia tecnología trae consigo. ¿Cómo se explica esta tensión? ¿Por qué las empresas avanzan hacia un modelo que perciben como peligroso?
Competitividad frente a vulnerabilidad
El crecimiento del mercado de IA en la región alcanzó un valor estimado de 4.710 millones de dólares en 2024. La presión por innovar, mejorar la eficiencia y no quedar rezagado frente a competidores globales ha impulsado una rápida integración de herramientas de IA en sectores tan diversos como finanzas, retail, salud, educación y logística. La IA generativa, en particular, se ha convertido en un catalizador para redefinir procesos internos y acelerar la toma de decisiones.

Sin embargo, esa velocidad de adopción ha superado la capacidad de muchas empresas para gestionar los riesgos asociados. Apenas el 25 % cuenta con sistemas de monitoreo en tiempo real capaces de detectar anomalías, y más del 70 % del personal encargado de operar soluciones basadas en IA carece de formación en ciberseguridad. Esta falta de preparación convierte a la IA no solo en una herramienta poderosa, sino también en una amenaza latente.
Ciberataques potenciados por IA
Uno de los temores más extendidos es el uso malicioso de la IA en ciberataques. El crecimiento en la sofisticación de las amenazas digitales, ahora impulsadas por modelos de lenguaje y algoritmos generativos, ha elevado la preocupación en la región.
Un estudio reciente de Kaspersky, llamado “Cyber defense & AI: Are you ready to protect your organization?“ confirma que el 81 % de las empresas latinoamericanas considera que los ciberataques potenciados por IA son una amenaza concreta. Se destacan riesgos como la inyección de instrucciones maliciosas, la filtración de datos sensibles y la confianza ciega en respuestas generadas por sistemas automatizados.
Las filtraciones masivas de información a través de asistentes virtuales mal configurados, el entrenamiento de modelos con datos no etiquetados correctamente o el uso de plataformas sin supervisión adecuada han puesto en evidencia que muchas organizaciones están operando con estructuras frágiles. Y lo hacen, en parte, por la urgencia de innovar.

Falta de gobernanza y marcos regulatorios
Solo el 2 % de las empresas afirma estar realmente preparada para una adopción controlada de la inteligencia artificial. En muchos casos, la gobernanza de datos es deficiente: apenas un cuarto de las compañías etiqueta y gestiona sus datos de forma continua. A esto se suma la falta de especialistas en seguridad aplicados a IA y la existencia de brechas críticas en entornos de nube híbrida o multinube, donde los controles suelen diluirse.
La situación se ve agravada por la escasa regulación específica. Si bien algunos países han dado pasos importantes —como Perú, que sancionó una ley sobre IA en 2023— la mayoría de las naciones latinoamericanas aún carece de marcos normativos que garanticen una implementación responsable. Sin reglas claras, cada empresa diseña sus propias políticas, generando un ecosistema desigual, fragmentado y vulnerable.
El desafío del talento
Otro de los grandes obstáculos es la escasez de talento local. A medida que crece la demanda de especialistas en IA, las empresas dependen cada vez más de consultores y proveedores internacionales, lo que encarece los procesos e impide construir capacidades internas sostenibles. Además, muchas universidades de la región aún no cuentan con programas sólidos en ética de IA, auditoría algorítmica o seguridad aplicada, lo que amplía la brecha entre adopción tecnológica y preparación efectiva.

¿Cómo resolver la paradoja?
Expertos en ciberseguridad, políticas públicas y transformación digital coinciden en que esta paradoja puede y debe abordarse desde múltiples frentes. El primero es el desarrollo de marcos de ciberseguridad diseñados específicamente para sistemas de IA, incluyendo evaluaciones de riesgo, auditorías externas, simulacros de ataque y gestión de crisis automatizadas.
En segundo lugar, se necesita invertir en la formación de talento local especializado. La IA no puede ser vista solo como una tecnología, sino como una transformación estructural que exige nuevas habilidades, desde programación responsable hasta pensamiento crítico frente a algoritmos.
También resulta clave avanzar hacia una regulación regional armonizada. Una legislación robusta y compartida entre países podría facilitar la interoperabilidad, reducir la incertidumbre legal y aumentar la confianza tanto de empresas como de ciudadanos. En este sentido, el rol de los organismos multilaterales será esencial.
Por último, se destaca la importancia de fortalecer la infraestructura digital. La adopción segura de IA requiere entornos resilientes, gobernados, auditables y preparados para responder a incidentes de seguridad complejos. La colaboración entre el sector público, privado y académico será decisiva para alcanzar este objetivo.
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