Durante una reciente entrevista en Next, el programa de streaming coproducido por ITSitio y AhorPlay, Santiago Reguera, especialista en estrategia y sostenibilidad de Accenture y relacionista público compartió su mirada sobre la sostenibilidad en las empresas. Su enfoque no se limita a una visión ambientalista: habla de sostenibilidad como un eje estratégico que abarca también lo social y lo económico, y que, lejos de ser un gasto, representa una ventaja competitiva.
¿Qué entendemos por sostenibilidad hoy?
“La sostenibilidad es utilizar los recursos del ahora sin interferir con los recursos del futuro o de las futuras generaciones”, definió Reguera, y aclaró que se trata de un concepto integral: “Una empresa no puede ser sostenible en el tiempo si no tiene en cuenta aspectos ambientales, sociales y económicos”.
El punto de partida para su interés por la temática tiene un anclaje vocacional. Formado en relaciones públicas, encontró en la sostenibilidad una manera concreta de generar impacto social. “Las relaciones públicas me encantan, son mi pasión, pero quería encontrar algo que realmente cambie vidas”, explicó. Ese giro llegó con una materia vinculada a la RSE, que en su momento era el término predominante y que fue mutando hacia el concepto más amplio de sostenibilidad. “Me encantaban las credenciales, las historias que había y el propósito de la comunicación para un bien mayor”, recordó.
Uno de los conceptos que destacó durante la charla tiene que ver con una idea que muchos aún cuestionan: ¿puede una empresa ser rentable si decide apostar por la sostenibilidad? Para Reguera, no solo es posible, sino que es el único camino viable. “Las empresas son competitivas por ser sostenibles y no a pesar de ser sostenibles”, escribió alguna vez en LinkedIn, y en Next reforzó la idea: “Tenemos bastantes encuestas hechas con Accenture y Naciones Unidas que nos dicen que no hacer es más caro que hacer”.
Según sus palabras, las compañías que no avancen en esta dirección terminarán rezagadas. “Va a venir una regulación, una multa, tus inversores o tus consumidores te van a dejar de elegir porque tu competencia sí incorpora estos valores”, advirtió.
Frente a quienes relativizan la importancia de estos temas por no estar en la agenda política local, Reguera sostuvo que los compromisos sostenibles son a largo plazo y que las grandes empresas, especialmente las que cotizan en bolsa, tienen metas que trascienden los vaivenes de los gobiernos. “Esos objetivos se toman con una determinación justa, con años de planificación. No afectan realmente el gobierno de turno”, dijo. Además, muchas veces estas metas están impulsadas por casas matrices en Europa, donde las regulaciones ambientales y sociales son más estrictas. “Si la casa matriz es europea, va a tener que respetar las normativas que Europa prevé en materia de sostenibilidad”.

IA y sostenibilidad: aliados estratégicos
En este contexto, la inteligencia artificial (IA) —y en particular los agentes autónomos de IA— aparecen como una herramienta clave. Reguera explicó que estas soluciones permiten automatizar la recolección y análisis de datos dispersos en múltiples plataformas (como SAP, Salesforce, Tableau o Excel) y ayudan a evitar errores al momento de elaborar los reportes de sostenibilidad. “El agente de IA viene midiendo y acoplando toda esa data y puede generar alertas para mitigar desvíos mucho antes del reporte final”, detalló.
Este tipo de automatización libera tiempo para que los equipos se enfoquen en tareas estratégicas y creativas. En lugar de hacer data entry o convertir formatos manualmente, pueden dedicar sus esfuerzos a pensar cómo comunicar el impacto o cómo redirigir acciones ante indicadores desfavorables.
Sin embargo, también hay un dilema latente: el mismo avance tecnológico que promete eficiencia puede convertirse en fuente de contaminación. Un informe de la Agencia Internacional de Energía sugiere que la IA podría representar hasta el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero para 2040. Ante esta paradoja, Reguera fue claro: “Principalmente hay que trabajar en la eficiencia energética y luego pasar a energías renovables”.
El especialista subrayó que los data centers ya representan entre el 1% y el 2% de las emisiones globales, sin contar el impacto creciente de la IA. “Cuanto más IA necesitás, más data centers necesitás, y esos centros consumen electricidad y agua, sobre todo para enfriarse”, explicó. Por eso, antes de pensar en energías limpias, es fundamental revisar cómo se está utilizando la energía actual. “Si no usamos la energía eficientemente, tener energías renovables no va a salvar nuestras emisiones”.
Además de incorporar fuentes renovables como la solar o la eólica, mencionó la energía nuclear como una alternativa en expansión, tanto en Estados Unidos como en Argentina. También se refirió a la gestión del agua, otro recurso clave en la operación de data centers: “Hay veces que no es cuestión de disminuir el uso del agua, sino de que sea circular. Que esa agua que se usa se enfríe y se reutilice, en un sistema cerrado”.

Consultado sobre el nivel de madurez de las empresas argentinas en relación con la sostenibilidad, Reguera trazó un mapa diverso. Por un lado, las compañías que responden a casas matrices globales cuentan con lineamientos claros y objetivos definidos. En cambio, las pymes enfrentan mayores dificultades, muchas veces por la falta de incentivos o de presión regulatoria. “En Argentina, esas fuerzas externas no aparecen tanto. Pero en otros mercados, como el europeo, los consumidores exigen productos sostenibles, hay beneficios fiscales, y los fondos de inversión ofrecen mejores condiciones para iniciativas de este tipo”, explicó.
Aun así, destacó un dato positivo: “Argentina es uno de los países con más empresas B del mundo”. Estas organizaciones de triple impacto (económico, social y ambiental) demuestran que es posible hacer negocios con propósito. Como ejemplo, mencionó la contratación de mujeres en situación de vulnerabilidad: “Pagás el mismo sueldo, pero apuntás a una causa justa y no perdés dinero por hacerlo”.
Sobre las barreras que impiden avanzar en sostenibilidad, Reguera insistió en que muchas veces no es cuestión de voluntad, sino de contexto. “Si hubiese más presión o incentivos claros, las empresas virarían más rápido”, sostuvo. No obstante, también apeló a una convicción más profunda: “Yo creo que tiene que haber un componente en el ADN de las compañías. Hay muchos boards convencidos de que la sostenibilidad es la manera de hacer negocios”.
Finalmente, al ser consultado sobre si se trata de una cuestión generacional, lo negó: “Todas las generaciones tienen ese bichito por cuidar. La pregunta es si al hacer negocios ese bichito desaparece o sigue estando”. Para Reguera, las empresas son actores sociales y deben hacerse responsables de su impacto: “No están por fuera del ámbito social, son parte de él”.
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