En un sector tecnológico que crece a gran velocidad y demanda cada vez más talento especializado, las historias de quienes logran insertarse en la industria desde edades tempranas resultan cada vez más relevantes. Ese es el caso de Milagros Dubuis, una joven de 20 años que hoy trabaja full time como analista de datos en una consultora tecnológica internacional, pero cuyo recorrido comenzó con preguntas, curiosidad y exploración.
Su experiencia refleja un fenómeno que se repite cada vez más en el ecosistema digital: el acceso temprano a formación, comunidades y programas de acompañamiento puede marcar una diferencia clave para que más jóvenes —y especialmente más mujeres— logren construir una carrera dentro de la industria tecnológica.
Del interés inicial a la formación técnica
El primer contacto de Milagros con el mundo tecnológico no surgió a partir de un plan definido. Como muchas personas que se acercan al sector, su interés comenzó con una inquietud general por la tecnología y la posibilidad de explorar qué caminos existían dentro de ese universo.
En ese contexto, decidió integrarse a la Comunidad CET (Comunidad de Chicas en Tecnología), un espacio orientado a jóvenes que buscan descubrir oportunidades dentro del sector IT. En ese momento, Milagros atravesaba una etapa de exploración: sabía que la tecnología le llamaba la atención, pero todavía no tenía claridad sobre qué tipo de rol profesional quería desarrollar.
Durante ese primer período dentro de la comunidad, pudo conocer distintos perfiles laborales, desde programación hasta análisis de datos, pasando por diseño, producto y gestión de proyectos. Esa exposición a la diversidad de roles tecnológicos fue determinante para empezar a proyectar su futuro profesional.
Un año después, en 2023, tomó una decisión clave para consolidar su camino: comenzar la Tecnicatura Universitaria en Programación en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), una formación que le permitió desarrollar bases técnicas sólidas en desarrollo de software y pensamiento computacional.
La carrera concluyó en mayo de 2025 y representó un punto de inflexión en su trayectoria, ya que le permitió combinar conocimientos académicos con experiencias prácticas dentro del ecosistema tecnológico.
El descubrimiento del análisis de datos
Mientras avanzaba con su formación técnica, Milagros también participó en distintos programas de acompañamiento impulsados por la organización Chicas en Tecnología, orientados a fortalecer tanto habilidades técnicas como competencias profesionales.
Uno de los espacios más influyentes fue el Programa de Mentorías, en el que participó en dos oportunidades: en 2024 y nuevamente en 2025. Cada una de estas instancias respondió a momentos diferentes de su proceso formativo.
Durante la primera edición, el objetivo principal fue comprender cómo funciona el mundo laboral tecnológico y qué tipo de roles existían dentro de la industria. En la segunda participación, con mayor experiencia y formación, el proceso estuvo enfocado en definir con mayor precisión su perfil profesional.
Gracias al acompañamiento de mentoras con trayectoria en el sector tecnológico, Milagros logró identificar su interés por el análisis de datos, un campo que hoy se posiciona como uno de los más estratégicos para las organizaciones.
Además, el proceso le permitió comprender que el ecosistema tecnológico ofrece múltiples caminos profesionales y que el desarrollo de carrera no siempre sigue una única dirección. También trabajó en habilidades vinculadas a la gestión de espacios laborales, la planificación estratégica y la toma de decisiones profesionales.
Ese acompañamiento fue clave para que finalmente orientara su perfil hacia el área de Data Analytics, un campo que combina programación, análisis estadístico y pensamiento crítico para transformar datos en información útil para la toma de decisiones.
Primeros contactos con el mundo corporativo
Otro de los programas que influyó en su recorrido fue Jóvenes Profesionales en IT, una iniciativa que busca acercar a jóvenes talentos al entorno laboral tecnológico a través de experiencias concretas.
En ese marco, Milagros participó de visitas a empresas, espacios de networking, talleres de formación y encuentros con profesionales del sector. Estas actividades le permitieron comprender de manera más clara cómo funciona el mundo corporativo y qué oportunidades existen dentro de distintas industrias.
Uno de los aprendizajes más relevantes fue descubrir que la tecnología no es un sector aislado, sino un motor transversal que impacta en áreas como finanzas, salud, educación, consultoría y comercio.
Este acercamiento al ecosistema empresarial también le permitió ganar confianza para iniciar procesos de búsqueda laboral y comenzar a proyectar su inserción profesional en el mercado tecnológico.
Aprender trabajando en equipo
Además de la formación académica y las mentorías, Milagros participó en los equipos de prototipado de la comunidad CET. Esta iniciativa propone una dinámica de formación basada en la práctica, en la que jóvenes diseñan y desarrollan espacios de capacitación tecnológica destinados a otras chicas que recién comienzan su recorrido.
Durante esta experiencia, trabajó en la planificación de proyectos, la organización de actividades y la resolución de desafíos en equipo. Estas dinámicas replican, en pequeña escala, el tipo de trabajo colaborativo que caracteriza a muchas organizaciones tecnológicas.
Según cuenta la propia Milagros, el aprendizaje en torno al trabajo en equipo fue uno de los aspectos más valiosos de esta etapa.
“Poder trabajar en equipo a nivel organizativo fue clave para mí. Me di cuenta de todo lo que es necesario para llevar adelante cualquier proyecto o iniciativa”, señala.
Una historia que refleja un desafío del sector
Actualmente, Milagros Dubuis trabaja como analista de datos en una consultora tecnológica internacional, donde aplica los conocimientos adquiridos a lo largo de su proceso formativo.
Su historia pone de relieve un aspecto central del ecosistema tecnológico actual: el acceso a formación, referentes profesionales y comunidades de aprendizaje puede ser determinante para que más jóvenes desarrollen carreras en el sector.
También evidencia la importancia de generar espacios que promuevan la participación de mujeres en tecnología, un ámbito en el que todavía persisten brechas de género significativas.
Iniciativas como las impulsadas por Chicas en Tecnología buscan justamente reducir esas brechas acompañando a jóvenes latinoamericanas de entre 13 y 23 años en sus primeros pasos dentro del mundo IT.
En ese sentido, el recorrido de Milagros no solo muestra cómo una curiosidad inicial puede transformarse en una carrera profesional concreta, sino también cómo el acompañamiento adecuado puede abrir puertas en una industria con enorme potencial de crecimiento.
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