Reproducción asistida e inteligencia artificial: ¿cómo se volvió una medicina más predictiva y personalizada?

En Future Talks, la Dra. Mónica Fabbro explicó cómo la bioinformática, la ciencia de datos y la inteligencia artificial están transformando los tratamientos de reproducción asistida. Desde el análisis masivo de ADN hasta algoritmos que estiman probabilidades de embarazo en tiempo real, el desafío combina tecnología, ética y decisión médica en uno de los campos más sensibles de la salud.
Dra. Mónica Fabbro, coordinadora del Departamento de Ciencia de Datos, responsable de Bioinformática y coordinadora científica del CEGYR.
Dra. Mónica Fabbro, coordinadora del Departamento de Ciencia de Datos, responsable de Bioinformática y coordinadora científica del CEGYR.
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En el marco de Future Talks, el programa de streaming producido por ITSitio, la Dra. Mónica Fabbro, coordinadora del Departamento de Ciencia de Datos, responsable de Bioinformática y coordinadora científica del CEGYR, repasó cómo la inteligencia artificial y la analítica avanzada están transformando silenciosamente uno de los campos más sensibles de la medicina: la reproducción asistida.

Lejos de la imagen tradicional de un centro de fertilidad, Fabbro describió un escenario donde conviven secuenciadores de ADN, algoritmos y equipos interdisciplinarios. “Es verdad que no es muy común encontrar un informático en un centro de fertilidad”, admitió. Sin embargo, explicó que la incorporación de tecnología de secuenciación masiva cambió el tablero. En el laboratorio de genética molecular NOVAGEN —el brazo genético del centro— operan dos secuenciadores que generan enormes volúmenes de datos. Esa información, por su magnitud, requiere perfiles capaces de ordenarla, procesarla e interpretarla.

Según detalló, el trabajo bioinformático consiste en traducir millones de bases de ADN en información clínicamente útil. “En un estudio genético podemos armar un informe para un paciente, trabajando de manera multidisciplinaria con el equipo del laboratorio”, explicó. El proceso incluye algoritmos específicos que permiten identificar variantes genéticas, asociarlas a enfermedades y clasificar su relevancia clínica.

De la agrobiotecnología a la genética reproductiva

Fabbro forma parte de la primera camada de egresados en bioinformática de Latinoamérica. Recordó que comenzó su carrera en un instituto de agrobiotecnología en Rosario, lejos del mundo de la fertilidad. Su llegada a Buenos Aires coincidió con la creación de NOVAGEN y la incorporación de equipamiento de secuenciación de última generación. “Necesitaban un bioinformático y justo entré a trabajar en esta apasionante área”, relató.

Consultada sobre las diferencias entre un bioinformático y un científico de datos, marcó una distinción clave: el primero combina habilidades computacionales con un profundo conocimiento en genética y biología. “El científico de datos puede trabajar con los datos, pero el expertise biológico no necesariamente lo va a tener”, señaló, aunque reconoció que ambos perfiles pueden complementarse.

En la práctica, uno de los estudios emblemáticos es el test de portadores. A partir de una muestra de sangre, el laboratorio secuencia el ADN y luego, mediante herramientas bioinformáticas, identifica variantes genéticas. “No es simplemente encontrar una variante. Hay que evaluar si es patogénica, benigna o de significado incierto. Es un trabajo delicado y multidisciplinario”, enfatizó.

Fabbro repasó cómo los algoritmos permiten analizar millones de datos genéticos para transformarlos en información clínica útil.
Fabbro repasó cómo los algoritmos permiten analizar millones de datos genéticos para transformarlos en información clínica útil.

Inteligencia artificial: un nuevo departamento, un nuevo paradigma

La irrupción de la inteligencia artificial en los últimos años impulsó la creación de un departamento específico dentro de CEGYR, que Fabbro coordina junto a una colega médica. El objetivo es ordenar y gestionar el uso de IA en los tratamientos de reproducción asistida.

“La información debe estar organizada para poder sacar provecho”, explicó. El desafío no es solo tecnológico, sino también cultural y organizacional. Desde la consulta médica hasta el laboratorio de embriología, las herramientas de IA buscan asistir y aportar una mirada más objetiva en la toma de decisiones.

Fabbro fue categórica respecto al rol humano: “Siempre la última palabra la tiene el profesional”. Las soluciones que utilizan están validadas por los proveedores y, además, el centro realiza validaciones internas. La supervisión humana sigue siendo central, especialmente cuando se trata de decisiones que impactan en proyectos de vida.

Uno de los ejemplos más concretos es una herramienta desarrollada dentro del Grupo Eugin, red internacional de clínicas de la cual CEGYR forma parte. El algoritmo permite estimar, durante la consulta, las probabilidades de embarazo en función de variables como edad, índice de masa corporal y parámetros hormonales. “Está entrenado con cientos de miles de datos clínicos de la red”, explicó.

El impacto es inmediato: en la misma consulta se pueden modelar escenarios y ajustar expectativas. “La idea principal es manejar las expectativas de la paciente, saber dónde está posicionada respecto a su realidad y poder tomar estrategias según su situación”, sostuvo.

Agentes de IA y consultas más humanas

Más allá de los modelos predictivos, Fabbro anticipó que los agentes de IA serán protagonistas en el corto plazo. Imaginó sistemas capaces de transcribir automáticamente una consulta médica y cargar la información en la historia clínica. “Eso ya es un agente que puede tomar esa información y ahorrarnos tiempo”, afirmó.

El tiempo ganado, según su visión, no se traduce en reducción de personal, sino en mayor calidad de atención. “Si el médico no está tipeando y mirando la pantalla, puede tener una consulta más empática, más humana”, explicó. En su opinión, la tecnología debe liberar recursos para reforzar el vínculo profesional-paciente.

Sobre el temor al reemplazo laboral, fue realista pero optimista. “No vamos a ser reemplazados, vamos a ser potenciados”, aseguró. Aunque reconoció que la automatización ya desplazó empleos en otras industrias, en medicina reproductiva considera que la supervisión humana es insustituible.

Ética, datos sensibles y regulación

El manejo de datos en reproducción asistida implica información extremadamente sensible. Fabbro integra el comité de ética del centro, avalado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Todo proyecto de investigación y uso de datos debe ser aprobado formalmente.

“Los pacientes firman un consentimiento donde aceptan o no que su información, de manera anonimizada, pueda utilizarse para investigación”, explicó. Además, se cumplen las leyes de protección de datos personales vigentes en Argentina.

No obstante, advirtió que el desarrollo acelerado de la IA exige marcos regulatorios más robustos. “Más allá de la ley de protección de datos personales, no hay un ente regulador específico para el uso de datos en este contexto”, señaló. La reflexión, dijo, está en marcha tanto a nivel local como internacional.

Equipos interdisciplinarios combinan genética, ciencia de datos e IA en tratamientos reproductivos.
Equipos interdisciplinarios combinan genética, ciencia de datos e IA en tratamientos reproductivos.

Un paciente más informado y horizontal

Otro cambio de paradigma tiene que ver con el acceso a la información. Fabbro reconoció que hoy llegan pacientes que cargaron sus estudios en herramientas como OpenAI o consultaron asistentes basados en ChatGPT antes de la cita médica. “Vienen a validar el conocimiento del profesional”, comentó.

Este fenómeno, lejos de ser visto como una amenaza, marca el pasaje de una medicina vertical a una más horizontal. “El paciente tiene muchísima más participación”, afirmó. El desafío, entonces, es integrar esa información en un diálogo constructivo.

Eventos, estrategia y mirada a futuro

En octubre, CEGYR organizó un congreso centrado en inteligencia artificial aplicada a la medicina reproductiva, con referentes nacionales e internacionales. El encuentro incluyó también un summit interno con actores de la industria farmacéutica, startups y directivos del Grupo Eugin. El eje fue claro: cómo aprovechar los datos —“el combustible de todos estos modelos”— para mejorar la experiencia del paciente.

En cuanto al posicionamiento argentino, Fabbro consideró que el país está alineado con estándares internacionales y a la vanguardia tecnológica, en parte gracias a su integración en una red global.

De cara a los próximos cinco o diez años, anticipó procesos más ágiles en la clasificación de variantes genéticas, tareas que hoy demandan tiempo y análisis exhaustivo. “El día de mañana a lo mejor se puede hacer de manera más rápida”, proyectó.

Sin embargo, reiteró que la tecnología no sustituirá el criterio clínico. “Siempre la última palabra la va a tener el profesional”, insistió. En un campo donde cada dato impacta en decisiones profundamente personales, la combinación entre algoritmos y humanidad parece ser, más que una tendencia, una necesidad.

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