La transformación digital comienza con la tecnología, pero solo se hace realidad cuando la operación genera confianza

Por Marcos Reis, CEO y fundador de Mercurius Cybersecurity
Marcos Reis, CEO de Mercurius Cybersecurity
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Durante décadas, la minería estuvo asociada a maquinaria pesada, infraestructura física y operaciones en campo. Hoy, el sector atraviesa una profunda transformación impulsada por los datos, la inteligencia artificial, la automatización y la conectividad. La minería moderna se apoya en sistemas capaces de procesar información en tiempo real, coordinar equipos autónomos y optimizar la producción mediante algoritmos. Esto representa una oportunidad para aumentar la eficiencia de una industria que enfrenta desafíos de productividad, pero también plantea un gran reto: la ciberseguridad.

A medida que las operaciones mineras incorporan tecnologías conectadas, también aumenta su superficie de exposición a riesgos. Camiones autónomos, sensores IoT, sistemas SCADA, plataformas de análisis de datos e infraestructuras híbridas forman parte de un ecosistema cada vez más complejo e interdependiente. Sin embargo, muchas organizaciones implementan primero la innovación y solo después evalúan cómo protegerla.

La ciberseguridad no debe ser una etapa posterior del proceso de transformación digital. Los incidentes más recientes demuestran que el eslabón más vulnerable no siempre se encuentra dentro de la propia empresa. En muchos casos, los ataques se originan a través de terceros con acceso a entornos operativos. Una credencial comprometida, una conexión remota mal gestionada o un proveedor con controles insuficientes pueden convertirse en la puerta de entrada a sistemas críticos que impactan directamente en la producción.

Un estudio de Claroty señala que el 76 % de los ciberataques al sector tuvieron origen en accesos de terceros a entornos OT e IoT, mientras que el 72 % de las organizaciones reconoce no contar con visibilidad completa sobre estas conexiones externas. Esto demuestra que el desafío también radica en gestionar de forma segura todo el ecosistema conectado a la operación. Cuando esto ocurre, un problema que comienza en el entorno corporativo puede afectar procesos físicos esenciales, generando interrupciones operativas, pérdidas financieras y riesgos para la continuidad del negocio.

Además, el panorama de amenazas ha evolucionado y ya no se limita al ransomware o al cibercrimen tradicional. Según el Informe Global de Amenazas 2026 de CrowdStrike, se registró un aumento del 89 % en ataques potenciados por inteligencia artificial y un incremento del 42 % en la explotación de vulnerabilidades de día cero antes de su divulgación pública. En entornos industriales, esto reduce significativamente el tiempo disponible para detectar y contener incidentes antes de que alcancen sistemas críticos.

Las operaciones vinculadas a minerales estratégicos, como el cobre, el litio y las tierras raras, se han convertido en activos de interés geopolítico. Grupos avanzados buscan acceder a información sensible, propiedad intelectual o incluso posicionarse dentro de infraestructuras críticas con vistas a escenarios futuros. Una investigación basada en el Global Cybersecurity Outlook 2026 del Foro Económico Mundial revela que el 64 % de las empresas considera que las tensiones geopolíticas han incrementado su exposición a amenazas cibernéticas. Este dato refuerza la convergencia entre seguridad digital, competitividad económica y soberanía tecnológica.

Durante la edición 2026 del Mining Innovation Summit, mi presentación abordó la necesidad de incorporar la resiliencia digital desde la concepción de los proyectos de transformación tecnológica, y no como una medida correctiva posterior. Toda iniciativa de inteligencia artificial, automatización o digitalización desarrollada sin una estrategia de ciberseguridad desde su origen incorpora una vulnerabilidad potencial para el negocio.

Por el contrario, cuando la ciberseguridad forma parte de la arquitectura inicial, se convierte en un habilitador del crecimiento, permitiendo innovar con confianza, acelerar la adopción tecnológica y garantizar una operación confiable. La próxima etapa de la minería será cada vez más digital. La pregunta es si las empresas están preparadas para proteger aquello que hará posible esa innovación. La transformación digital solo escala cuando la operación confía en los sistemas que la sostienen.

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