Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería: visibilidad, historia y el largo camino hacia la equidad

La participación femenina en carreras de ingeniería crece año a año, impulsada por políticas de inclusión y referentes inspiradoras.
La participación femenina en carreras de ingeniería crece año a año, impulsada por políticas de inclusión y referentes inspiradoras.
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Cada 23 de junio se celebra el Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería, una jornada creada para visibilizar y reconocer los aportes de las mujeres en un campo históricamente dominado por varones. Si bien el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, impulsado por la ONU desde 2015, ha cobrado notoriedad en la agenda global, este día dedicado a las ingenieras fue instaurado en 2014 por la Women’s Engineering Society (WES) del Reino Unido y cuenta, desde 2017, con el patrocinio oficial de la UNESCO.

La fecha no solo busca reconocer el trabajo de ingenieras en todo el mundo, sino también inspirar a niñas y jóvenes a considerar la ingeniería como una opción de carrera, en un contexto donde la representación femenina sigue siendo muy baja. En el Reino Unido, por ejemplo, solo el 16,5 % de las personas que ejercen la ingeniería son mujeres.

La WES tiene una historia profunda y significativa. Nació tras la Primera Guerra Mundial, en 1919, como respuesta al deseo de muchas mujeres que, tras haber ocupado puestos en ingeniería durante el conflicto, querían permanecer en la profesión. Fue la primera sociedad profesional de mujeres ingenieras en el mundo, y su labor fue clave para fomentar la inclusión femenina en una industria que, incluso hoy, conserva sesgos estructurales.

Impulsadas por vocación y compromiso, miles de mujeres construyen el presente y el futuro de la ingeniería en el país.
Impulsadas por vocación y compromiso, miles de mujeres construyen el presente y el futuro de la ingeniería en el país.

Ingenieras que marcaron la historia

La historia de la ingeniería está llena de nombres de mujeres que, pese a los obstáculos, se destacaron por su talento, perseverancia e innovación.

Una de ellas es Elisa Leonida Zamfirescu, ingeniera rumana que obtuvo su título en Alemania en 1912, tras haber sido rechazada en su país natal. Se dedicó a la geología y la educación, y es considerada una de las primeras mujeres ingenieras del mundo.

Otra figura destacada es Alice Perry, irlandesa que en 1906 logró su título en ingeniería civil en Galway, siendo probablemente la primera mujer europea en conseguirlo. Aunque más tarde se volcó a la literatura y a movimientos espirituales, su paso por la ingeniería abrió camino para muchas otras.

En Estados Unidos, Edith Clarke rompió barreras al convertirse en la primera mujer ingeniera eléctrica graduada en el MIT, en 1919. Fue también la primera profesora de ingeniería en su país y creó la revolucionaria Calculadora Clarke, un dispositivo gráfico para cálculos complejos en la transmisión de energía eléctrica.

Otro nombre insoslayable es Emily Warren Roebling, quien, aunque no tenía título formal, asumió la dirección técnica de la construcción del Puente de Brooklyn tras la enfermedad de su esposo. Su rol fue determinante en una de las obras de infraestructura más emblemáticas del siglo XIX.

En España, Pilar Careaga se convirtió en 1929 en la primera ingeniera industrial del país. También fue la primera mujer en conducir un ferrocarril y, años después, la primera alcaldesa de Bilbao.

Más allá de sus títulos o nacionalidades, todas estas mujeres tienen algo en común: fueron pioneras. Abrieron camino en un terreno donde los estereotipos de género, la falta de acceso a la educación y las oportunidades laborales limitadas les ponían el doble de obstáculos.

Innovación con firma femenina

Muchas mujeres ingenieras no solo ejercieron la profesión, sino que también dejaron huella con innovaciones que cambiaron el mundo. Es el caso de Hedy Lamarr, actriz e inventora, cuyo sistema de comunicación de espectro ensanchado por salto de frecuencia es la base de tecnologías como el Bluetooth y el Wi-Fi.

O el de Stephanie Louise Kwolek, química e ingeniera que creó el Kevlar, una fibra cinco veces más resistente que el acero y usada en chalecos antibalas, aviones y cables de fibra óptica.

También Helen Augusta Blanchard, conocida como “Lady Edison”, revolucionó la industria textil con 28 patentes, incluida la máquina de coser en zigzag.

María Julia Bearzi, Directora Ejecutiva de Endeavor.
María Julia Bearzi, Directora Ejecutiva de Endeavor.

El presente: desafíos aún vigentes

A pesar de todos estos avances y ejemplos, la brecha de género en la ingeniería y los campos tecnológicos sigue siendo enorme, especialmente en América Latina. Las mujeres representan solo el 28,2 % de la fuerza laboral en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) en la región. Cuando emprenden, lo hacen mayoritariamente por necesidad: el 82,2 %, según el Foro Económico Mundial. Además, suelen hacerlo en soledad, sin redes ni respaldo, lo que limita sus posibilidades de crecimiento.

Argentina es un caso paradigmático. Mientras países vecinos como Brasil, Uruguay y Chile ya tienen startups lideradas por mujeres que alcanzaron la categoría de unicornio (empresas valuadas en más de 1.000 millones de dólares), nuestro país no ha registrado aún ninguna “unicornia”. No es por falta de talento: es por estructuras de poder que siguen premiando la familiaridad por sobre la diversidad.

“Las mujeres acceden con menos frecuencia al capital necesario en las primeras etapas, lo que condiciona todo lo que viene después”, explica Julia Bearzi, directora ejecutiva de Endeavor Argentina. En 2024, solo el 2,3 % del capital de riesgo en la región fue destinado a startups lideradas por mujeres, según datos de Crunchbase.

Lisa Ocampo, asesora de startups, lo resume así: “Construir un unicornio exige capital, red de contactos, tolerancia al riesgo y liderazgo en escala. Y las mujeres aún enfrentan barreras en todos esos frentes”. De hecho, el 80 % de los inversores ángeles en la región son varones.

El futuro: romper el techo de cristal

El camino hacia una ingeniería más equitativa no es solo una cuestión de justicia social: también es una necesidad para el desarrollo sostenible y la innovación. No se puede prescindir del talento de la mitad de la población en una era donde la tecnología y la ingeniería definen el futuro.

Celebrar el Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería es, entonces, mucho más que una efeméride. Es una oportunidad para visibilizar el camino recorrido, honrar a quienes lo abrieron, y —sobre todo— trabajar para que las nuevas generaciones encuentren un ecosistema más justo, diverso y accesible.

La ingeniería necesita más mujeres. Y las mujeres, más puertas abiertas.

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