Tesla, el fabricante de vehículos eléctricos liderado por Elon Musk, anunció un cambio radical en su estrategia industrial: dejará de producir los Model S y Model X para destinar su capacidad productiva al desarrollo de Optimus, su ambicioso robot humanoide. La decisión fue confirmada durante la presentación de resultados del cuarto trimestre, donde Musk recomendó a los interesados adquirir estos modelos de lujo antes de que finalice su producción definitiva.
El Model S, lanzado en 2012, y el Model X, introducido en 2015, son los vehículos más antiguos de Tesla tras el Roadster original. En los últimos años, ambos modelos sufrieron una fuerte reducción de precios debido a la creciente competencia global en el mercado de autos eléctricos. Actualmente, el Model S parte de unos 95.000 dólares, mientras que el Model X ronda los 100.000 dólares.
A pesar de su relevancia histórica, estos vehículos representan hoy una porción mínima del negocio. Los Model 3 y Model Y concentran el 97% de las 1,59 millones de unidades entregadas por Tesla el año pasado. Con precios más accesibles —alrededor de 37.000 y 40.000 dólares— y nuevas versiones económicas lanzadas a fines de 2025, se consolidaron como el verdadero motor comercial de la compañía.
La decisión llega en un momento complejo para Tesla, que reportó su primera caída anual de ingresos, con ventas a la baja en tres de los últimos cuatro trimestres. Frente a este escenario, Musk busca reorientar el foco de la empresa hacia proyectos de largo plazo como la movilidad autónoma y la robótica avanzada, aunque por ahora representen una parte marginal del negocio.
El robot Optimus es la apuesta más visible de esta transformación. Tesla planea presentar este trimestre la tercera generación, diseñada para producción masiva, y reemplazar la línea de montaje de los Model S y X por una capaz de fabricar hasta un millón de robots por año. Con una cadena de suministro completamente nueva y un aumento de personal en Fremont, Tesla deja atrás dos de sus modelos más emblemáticos para apostar a un futuro donde convergen autos eléctricos, inteligencia artificial y robótica, en un giro que podría redefinir a la industria tecnológica y automotriz a escala global.









