Bogotá pone límites a los celulares en colegios: qué impacto tienen en los estudiantes

Bogotá limitará el uso de celulares y otras pantallas en colegios públicos y privados desde marzo de 2027. La medida busca reducir las distracciones y proteger la atención y el aprendizaje, mientras estudios recientes analizan cuánto tiempo pasan los adolescentes frente al teléfono durante la jornada escolar.
La nueva regulación busca reducir las distracciones y proteger la atención de los estudiantes durante la jornada escolar.
La nueva regulación busca reducir las distracciones y proteger la atención de los estudiantes durante la jornada escolar.

El celular se convirtió en una herramienta cotidiana para los estudiantes, pero también en una fuente permanente de distracciones dentro del aula. Un adolescente puede pasar una parte considerable de su jornada escolar mirando la pantalla que lleva en el bolsillo. Investigaciones recientes permiten dimensionar ese fenómeno y ayudan a explicar por qué Bogotá decidió establecer nuevas reglas para el uso de dispositivos tecnológicos en las instituciones educativas.

La regulación fue presentada el 7 de septiembre por el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, y la secretaria de Educación, Julia Rubiano. La nueva normativa comenzará a aplicarse en marzo de 2027, después de un periodo de adaptación para que los colegios incorporen las disposiciones a sus manuales de convivencia.

La norma no plantea eliminar la tecnología de las escuelas. El objetivo es establecer cuándo, cómo y para qué pueden utilizarse los dispositivos, con reglas diferenciadas según la edad de los estudiantes y el propósito de la actividad.

¿Cuánto usan el celular los adolescentes durante las clases?

Una investigación publicada en 2025 en JAMA Pediatrics analizó mediante registros pasivos el uso de teléfonos de 117 adolescentes de entre 13 y 18 años. Los resultados mostraron que los jóvenes utilizaban sus celulares, en promedio, durante 1,5 horas de una jornada escolar de 6,5 horas.

El dato resulta especialmente relevante porque no se basó únicamente en declaraciones de los estudiantes, sino en mediciones directas del uso del dispositivo. Además, uno de cada cuatro participantes superó las dos horas de utilización durante la jornada escolar.

Entre las actividades más frecuentes aparecieron la mensajería, Instagram, videos, audio y correo electrónico. Es decir, buena parte del tiempo de pantalla no estaba necesariamente vinculada con tareas académicas.

Estudios recientes analizaron cuánto tiempo utilizan los adolescentes sus celulares durante la jornada escolar y su posible relación con la atención.
Estudios recientes analizaron cuánto tiempo utilizan los adolescentes sus celulares durante la jornada escolar y su posible relación con la atención.

En 2026, otro estudio publicado en JAMA Network Open profundizó en el fenómeno. Los investigadores siguieron durante 14 días a 79 jóvenes de entre 11 y 18 años y encontraron que el celular estaba presente prácticamente durante todas las horas del día escolar. En conjunto, el uso ocupaba cerca de un tercio de la jornada escolar.

El trabajo también encontró una asociación entre un mayor uso del teléfono y un menor control cognitivo, una capacidad vinculada con la autorregulación y la atención.

Sin embargo, existe una consideración importante: se trató de un estudio transversal. Por lo tanto, sus resultados permiten identificar una asociación, pero no demostrar que el celular sea directamente la causa de una menor capacidad de control cognitivo.

¿Qué cambia con la nueva regulación de Bogotá?

La resolución establece que los celulares deberán permanecer guardados, en silencio y fuera de la vista durante la jornada escolar, incluidos los momentos de descanso.

No se trata, sin embargo, de una prohibición absoluta. La normativa contempla excepciones relacionadas con emergencias, seguimiento de condiciones de salud, accesibilidad, educación inclusiva y situaciones en las que un dispositivo resulte necesario para garantizar la participación o el aprendizaje de un estudiante.

El uso académico también continuará permitido. A partir de octavo grado, los estudiantes podrán utilizar celulares cuando estos formen parte de una actividad o proyecto pedagógico y exista supervisión del docente.

Además, la regulación establece que ningún estudiante podrá quedar obligado a contar con un teléfono, tableta u otro dispositivo propio para participar de una actividad educativa.

Las restricciones también dependerán de la edad

Uno de los aspectos centrales de la medida es que no todos los estudiantes tendrán las mismas reglas.

En prejardín y ciclo 1 no habrá acceso a pantallas para actividades pedagógicas. En jardín y transición, el límite será de 30 minutos diarios, mientras que en primaria se establece un máximo de una hora.

Para sexto y séptimo grado, el límite será de dos horas. Desde octavo grado, en cambio, se permitirá el uso de dispositivos cuando esté vinculado con actividades académicas y exista supervisión docente.

La intención es establecer una relación más controlada entre tecnología y educación, evitando que el dispositivo se convierta en una presencia constante que compita con la atención de los estudiantes.

El desafío: medir si la restricción funciona

Los colegios tendrán hasta seis meses para incorporar las nuevas disposiciones en sus manuales de convivencia y definir los mecanismos concretos de aplicación. Posteriormente, también habrá seguimiento para evaluar los resultados de la implementación.

La principal incógnita será determinar si reducir el acceso al celular durante la jornada escolar realmente mejora la atención, la autorregulación y el tiempo destinado al aprendizaje.

La evidencia científica disponible ofrece señales relevantes sobre la magnitud del uso de los teléfonos entre adolescentes, pero todavía existen preguntas abiertas sobre sus efectos directos en el rendimiento académico y las capacidades cognitivas.

Por eso, la decisión de Bogotá puede entenderse como una fórmula intermedia: no busca expulsar la tecnología de las aulas, sino convertirla en una herramienta condicionada por la edad, el contexto y el propósito pedagógico.

El resultado dependerá, en buena medida, de cómo los colegios implementen las reglas y de si logran equilibrar dos necesidades que ya forman parte de la educación contemporánea: aprovechar las posibilidades de la tecnología sin permitir que su uso permanente termine desplazando la atención y el aprendizaje.

Preguntas frecuentes

1. ¿Por qué los colegios están regulando cada vez más el uso de celulares?
El debate se relaciona con la necesidad de establecer límites frente a dispositivos diseñados para captar y mantener la atención. Además de las cuestiones académicas, las instituciones buscan ordenar la convivencia escolar y reducir interrupciones durante las actividades.

2. ¿El uso de celulares puede tener beneficios educativos?
Sí. Un teléfono puede funcionar como herramienta para consultar información, utilizar aplicaciones educativas, realizar actividades multimedia o acceder a recursos digitales. El beneficio depende de que exista un objetivo pedagógico claro y de que el dispositivo sea utilizado de manera supervisada.

3. ¿Qué alternativas pueden utilizar los estudiantes cuando necesitan tecnología para estudiar?
Las instituciones pueden recurrir a computadoras, tabletas administradas por el colegio, proyectores, pizarras digitales y plataformas educativas. Estas opciones permiten incorporar tecnología sin que cada estudiante dependa necesariamente de su teléfono personal.

4. ¿Cómo pueden los padres acompañar a sus hijos frente al uso de celulares?
Una estrategia útil es establecer pautas claras sobre horarios, notificaciones y momentos libres de pantallas, además de conversar con los adolescentes sobre el uso responsable de las aplicaciones. También es importante diferenciar entre el tiempo destinado al estudio, al entretenimiento y a la comunicación.

5. ¿Qué otros factores pueden afectar la concentración de los estudiantes?
La atención no depende de un único elemento. El descanso insuficiente, el estrés, el entorno familiar, las condiciones del aula, la carga de actividades y los hábitos de estudio también pueden influir en la capacidad de concentración.

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