Seguridad

Radiografía de un ciberataque: cómo los hackers planifican y ejecutan sus invasiones

Los ataques cibernéticos son invasiones silenciosas que pueden paralizar a una organización entera. Conozca cómo un adversario se infiltra, se mueve durante semanas sin ser detectado y las claves para anticipar su golpe.

La ciberdelincuencia ya no es solo una amenaza, sino una crisis real que afecta a empresas de todos los tamaños y sectores. Las estadísticas son alarmantes: en la primera mitad de 2025, Argentina fue el epicentro de 1.600 millones de intentos de ciberataques, según FortiGuard Labs, el área de inteligencia y análisis de amenazas de Fortinet. Como región, Latinoamérica representó el 25% del total de las detecciones globales.

Estas cifras reflejan la creciente sofisticación de los ciberdelincuentes. ¿Cómo piensan y actúan desde el momento en que se infiltran? Arturo Torres, director de inteligencia contra amenazas de FortiGuard Labs para América Latina y el Caribe, explica las claves de su estrategia.

Reconocimiento, planeación y primer movimiento

El primer paso del cibercriminal no es atacar, sino observar. Antes de ejecutar cualquier acción, dedica tiempo a estudiar al objetivo. Su misión es crear un mapa detallado: qué servicios están expuestos, qué sistemas se utilizan y qué puertas están abiertas.

Con esta información, el atacante traza su plan. El phishing es la primera línea de acción. Es la herramienta preferida por ser la que explota al eslabón más débil: la confianza humana. Gracias a la inteligencia artificial, ahora diseñan ataques personalizados, casi perfectos, como solicitudes de pagos o alertas de seguridad internas, esperando solo un clic equivocado.

A la par, el atacante recurre a los Initial Access Brokers, quienes venden accesos ilícitos ya obtenidos mediante malware. En vez de forzar la entrada, compra credenciales robadas y puede comenzar a moverse dentro de la red de forma inmediata.

Los ciberdelincuentes también buscan vulnerabilidades en sistemas expuestos a internet, como aplicaciones web, VPNs, firewalls y dispositivos IoT. Cuando encuentran una brecha, no dudan en lanzar ataques masivos, incluso horas después de que la vulnerabilidad haya sido descubierta.

La invasión silenciosa

Una vez dentro, el cibercriminal actúa en silencio. Ya no busca abrir más puertas, sino moverse sigilosamente por la red y tomar control de la información más valiosa. Para lograrlo, utiliza herramientas legítimas del sistema para incrementar su poder de forma gradual, como si estuviera encontrando llaves maestras.

Se desplaza de un equipo a otro y puede robar contraseñas para moverse libremente sin levantar sospechas. Su actividad se disfraza como tráfico normal y puede pasar semanas explorando sin ser detectado. La organización no sabe que el peligro ya está dentro, creciendo en silencio.

El 92% de los especialistas cree que la inteligencia artificial será clave para proteger a las empresas en 2025.
Los ciberdelincuentes buscan información valiosa, que puede ser comercial, operativa o estratégica

La búsqueda del tesoro

¿Qué buscan los ciberdelincuentes? Información valiosa, que puede ser comercial, operativa o estratégica. Algunos se centran en credenciales y datos personales para venderlos o cometer fraudes, mientras que otros grupos de ransomware buscan datos críticos para extorsionar a las víctimas. Los atacantes más sofisticados también se enfocan en metadatos internos, que les permiten planificar ataques más devastadores.

Una vez dentro, su objetivo es extraer la información sigilosamente o cifrarla y borrarla. Utilizan herramientas del sistema para comprimir, dividir y transferir los datos lentamente, sin ser detectados. Incluso pueden usar software especializado para enviar la información a servidores remotos, mezclando su actividad con el tráfico normal.

¿Se puede identificar un ataque en sus inicios?

Aunque los ataques están diseñados para ser invisibles, existen señales que pueden alertar sobre su presencia. Algunas son sutiles: escaneos internos, accesos en horarios inusuales, creación de nuevas cuentas de usuario o cambios inexplicables.

Los empleados pueden notar lentitud, errores o archivos desaparecidos. Otras alertas son más técnicas: tráfico de red anómalo, picos de transferencia de archivos o comandos sospechosos detectados por herramientas como EDR o SIEM. Cuando aparece un mensaje de ransomware, el ataque ya está en fase de impacto. La clave está en contar con telemetría unificada que permita compartir información entre herramientas de seguridad.

¿Qué hacer en caso de ataque?

La respuesta debe ser rápida, estructurada y multidisciplinaria. Esto comienza mucho antes, con políticas claras, roles definidos y simulacros regulares.

Una vez detectada la intrusión, se activa un protocolo en fases: detección y análisis, contención, erradicación y recuperación.

El éxito depende de la automatización, la visibilidad completa de la red y la colaboración entre áreas. Todo respaldado por inteligencia de amenazas en tiempo real para actuar con precisión. Así, el incidente puede transformarse en una oportunidad de aprendizaje.

Un ecosistema unificado

La estrategia más efectiva hoy es integrar sistemas que operen como un ecosistema unificado. Crear esta arquitectura tecnológica, donde cada componente se comunica y fortalece al otro, requiere conocimiento profundo. Por eso, es fundamental contar con el asesoramiento de expertos en ciberseguridad, como Fortinet, para diseñar plataformas robustas que no solo respondan a las amenazas, sino que las anticipen.

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