La inteligencia artificial generativa dejó de ser una tecnología asociada exclusivamente al futuro para convertirse en una herramienta que ya modifica la manera en que trabajan empresas y profesionales. En este escenario, una de las principales preguntas es qué empleos serán más afectados por su avance y cuáles tendrán mejores posibilidades de adaptación.
Un reciente informe del Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CESBA) buscó responder esa pregunta desde una perspectiva local y desarrolló un índice que mide la exposición de distintas ocupaciones porteñas a la IA generativa.
El estudio plantea que la discusión ya no pasa por determinar si la inteligencia artificial transformará el trabajo, sino por entender cuánto, dónde y a quiénes afectará esa transformación. En este contexto, estar “expuesto” a la IA no significa necesariamente que un puesto vaya a desaparecer. El concepto refiere a que una parte significativa de las tareas que lo componen puede ser asistida, complementada o realizada por herramientas de inteligencia artificial.
CABA tiene una alta exposición a la IA
En una escala de 0 a 1, el índice de exposición de la Ciudad de Buenos Aires alcanza 0,353. Según el informe, el 66,9% del empleo porteño presenta algún grado de exposición a la IA generativa.
El valor resulta elevado incluso frente a países desarrollados. El índice de CABA supera al de Estados Unidos, que registra 0,322; Francia, con 0,318; y Reino Unido, con 0,331. También está por encima del promedio de Argentina, ubicado en 0,292, y de América Latina y el Caribe, que alcanza 0,257.
Sin embargo, el informe advierte que una comparación más adecuada debería realizarse con otras grandes ciudades, debido a que los conglomerados urbanos concentran una elevada proporción de empleos administrativos, profesionales y de servicios, precisamente algunas de las actividades con mayor exposición a la IA generativa.

En Buenos Aires, esta característica es particularmente marcada. El 88% de los trabajadores se desempeña en el sector servicios, que incluye actividades vinculadas al comercio, la salud, la educación, el transporte, las finanzas, la administración pública y los servicios profesionales y técnicos. Solo el 12% trabaja en actividades relacionadas con la transformación de bienes físicos, como la industria, la construcción, el agro o los servicios públicos.
A esto se suma otro factor: la Ciudad concentra una proporción de trabajadores calificados considerablemente mayor que otras regiones del país. Y muchas de las tareas que tradicionalmente requirieron formación universitaria —como escribir, analizar información, sintetizar contenidos o programar— se encuentran entre aquellas en las que la IA generativa puede ofrecer mayor asistencia.
De esta manera, la combinación de una economía fuertemente orientada a los servicios y una elevada concentración de empleo calificado explica buena parte de la exposición de CABA a esta tecnología.
Los trabajos más expuestos a la inteligencia artificial
El índice analiza 39 ocupaciones y permite identificar cuáles presentan los mayores niveles de exposición.
En primer lugar aparecen los oficinistas y empleados que tienen trato directo con el público, con un índice de 0,642. Le siguen los profesionales de tecnología de la información y las comunicaciones (TIC), con 0,517, y los trabajadores vinculados a negocios y administración, con 0,502.
La clasificación también permite observar diferencias según el sector de actividad. Las finanzas, las TIC y los servicios profesionales alcanzan un índice de exposición de 0,420, mientras que la administración pública llega a 0,423. En conjunto, ambos sectores representan alrededor del 35% del empleo porteño.
En el extremo contrario se encuentran actividades en las que predominan las tareas físicas, manuales o de cuidado. El servicio doméstico, con un índice de 0,149, y la construcción, con 0,211, figuran entre los sectores menos expuestos a la IA generativa.
Esto no significa que la tecnología no vaya a tener ningún impacto en esas actividades, sino que las capacidades actuales de la IA tienen mayores dificultades para intervenir directamente sobre tareas que requieren presencia física, manipulación de objetos, movilidad o interacción humana presencial.
Más exposición no significa necesariamente más riesgo
Uno de los puntos centrales del informe es evitar una interpretación simplista del concepto de exposición. Que una profesión tenga un alto nivel de contacto potencial con la IA no significa automáticamente que vaya a ser reemplazada.
Juan Pablo Cosentino, profesor asociado y director académico del área Operaciones y Tecnología de IAE Business School, señaló que una mayor exposición puede incluso estar acompañada por mejores herramientas para enfrentar el cambio. El problema aparece cuando existe una elevada exposición combinada con pocas posibilidades de capacitación, reconversión o protección laboral.
En la misma línea, Fernando Troilo, director del posgrado de Recursos Humanos de UCEMA y miembro de ADRHA, sostuvo que muchas ocupaciones no desaparecerán, sino que se transformarán y podrán incrementar su productividad mediante el uso de IA.
La propia investigación del CESBA plantea que la inteligencia artificial no reemplaza ocupaciones completas de manera inmediata, sino que transforma tareas específicas dentro de cada puesto. Por eso, la pregunta relevante es cómo cambiará cada trabajo, a qué velocidad y quiénes participarán en la definición de ese proceso.
Las habilidades que ganarán valor
Frente a este escenario, el avance de la IA también modifica el perfil de las habilidades más demandadas.
Cosentino considera que, si las herramientas de inteligencia artificial permiten obtener respuestas cada vez más rápido y a menor costo, aumentará el valor de formular buenas preguntas, verificar información, aplicar conocimiento específico y asumir responsabilidades sobre las decisiones.
La capacidad para plantear problemas, el conocimiento del negocio o la actividad, el pensamiento crítico y las habilidades relacionales aparecen así como competencias especialmente relevantes.
El desafío, entonces, no consiste únicamente en aprender a utilizar nuevas herramientas tecnológicas, sino en desarrollar capacidades que permitan trabajar junto con ellas y aprovechar sus ventajas sin delegar completamente el criterio profesional.
Mujeres en ocupaciones operativas, el grupo más expuesto
El estudio también identifica una diferencia significativa cuando cruza variables de género, calificación, registro laboral y categoría ocupacional.
Las mujeres asalariadas registradas que trabajan en ocupaciones operativas alcanzan un índice de exposición de 0,484, el valor más alto entre los distintos cruces analizados.
Para el CESBA, este grupo requiere especial atención debido a que la transición podría producirse con mayor rapidez y, por lo tanto, demanda políticas activas de capacitación y reconversión laboral.
Manuel Socías, presidente del Consejo, sostuvo que Buenos Aires atraviesa una transformación profunda de su mercado de trabajo, impulsada en parte por una estructura productiva basada en los servicios. En ese contexto, consideró necesario generar espacios de diálogo entre trabajadores, empresas y Estado para que la inteligencia artificial pueda convertirse en una oportunidad y no en una amenaza.
El avance de la IA, en definitiva, plantea un escenario en el que la principal diferencia del mercado laboral podría no estar entre quienes tienen empleos expuestos y quienes no, sino entre quienes aprenden a trabajar de manera complementaria con la inteligencia artificial y quienes no logran adaptarse a ese nuevo entorno.
Más que anticipar una lista de profesiones destinadas a desaparecer, el desafío para trabajadores, empresas e instituciones será identificar qué tareas pueden automatizarse, cuáles pueden potenciarse y qué nuevas capacidades serán necesarias para el trabajo de los próximos años.
Preguntas frecuentes
1. ¿La inteligencia artificial puede crear nuevos puestos de trabajo?
Sí. Además de automatizar determinadas tareas, la adopción de IA puede generar nuevas funciones relacionadas con la implementación, supervisión, auditoría, capacitación y mantenimiento de sistemas basados en esta tecnología. También puede impulsar la aparición de servicios y modelos de negocio que antes no existían.
2. ¿Qué debería tener en cuenta una empresa antes de incorporar IA?
Además de evaluar los beneficios potenciales, una organización debería definir qué problemas busca resolver, qué información utilizará, cómo protegerá los datos y quién será responsable de supervisar los resultados. También es importante establecer criterios para detectar errores y determinar cuándo una decisión requiere intervención humana.
3. ¿La experiencia laboral seguirá siendo importante con el avance de la IA?
Sí. La experiencia permite interpretar situaciones concretas, reconocer excepciones y tomar decisiones a partir del contexto. En muchos puestos, el conocimiento acumulado puede complementar las capacidades de las herramientas de inteligencia artificial y ayudar a evaluar críticamente sus resultados.
4. ¿Puede la IA cometer errores en el trabajo?
Sí. Los sistemas de IA pueden producir información incorrecta, incompleta o poco adecuada para un contexto determinado. Por eso, sus resultados no deberían considerarse automáticamente correctos, especialmente cuando las decisiones pueden tener consecuencias económicas, legales o personales.
5. ¿Qué papel tendrá la capacitación laboral frente a la IA?
La capacitación será una herramienta importante para facilitar la adaptación a los cambios tecnológicos. No necesariamente implica aprender a programar: también puede incluir alfabetización digital, uso responsable de herramientas de IA, análisis de información, evaluación de resultados y desarrollo de habilidades específicas de cada profesión.
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