CertiSur y la consultora D’Alessio IROL publicaron los resultados de su informe anual de percepción sobre seguridad digital y tendencias tecnológicas correspondiente al año 2026. La investigación, que consolida respuestas de 500 adultos, se desarrolla en un contexto donde las principales inquietudes ciudadanas se dividen entre la incertidumbre en la situación económica (65%) y la inseguridad o delincuencia (61%).
En ese escenario, la digitalización ya no aparece como una novedad, sino como una dimensión incorporada a la vida cotidiana. Sin embargo, el avance del uso no necesariamente se traduce en una mayor sensación de protección. “Durante muchos años medimos cuántos usuarios de Internet había en Argentina. Hoy esa pregunta ya no tiene sentido: la vida digital es masiva. El problema es que la sensación de protección sigue siendo limitada, incluso más que en años anteriores”, señaló Nora D’Alessio, vicepresidente en D’Alessio IROL.
Avance de los contratos en línea y herramientas de validación
Los registros demográficos del estudio indican que la penetración de Internet alcanza a 41,2 millones de usuarios, una cifra equivalente al 90% de la población. Dentro de este ecosistema de conectividad, el 43% de los individuos generó o recibió un contrato en línea durante el último período, lo cual refleja una variación en ascenso de 15 puntos porcentuales frente a los indicadores del año 2025.
Para D’Alessio, este comportamiento confirma que los procesos digitales ya forman parte de operaciones cada vez más sensibles para los usuarios. “Los contratos online van a crecer, no tengo la menor duda. En muy poco tiempo será la forma habitual de realizar muchas operaciones, por eso todos los niveles tienen que saber manejarlos”, afirmó.
A pesar de este volumen de uso, el 80% de las personas encuestadas afirma carecer de procedimientos técnicos para detectar alteraciones en la autenticidad de los documentos en formato digital. Adicionalmente, el 76% declara desconocer los pasos formales para iniciar reclamos ante problemas en la recepción o validación de los archivos.
Incidentes de seguridad y retroceso en la confianza corporativa
En el área de incidentes informáticos, los datos muestran que el 43% de los usuarios resultó víctima de hackeos o fraudes durante 2025 y los primeros meses de 2026. Específicamente, la modalidad con mayor número de reportes es la suplantación de identidad o phishing, vehiculizada a través de la aplicación WhatsApp (31%), el servicio de correo electrónico (23%) y los llamados por teléfono (20%).
“Internet se masificó y lo usamos para contratos, operaciones bancarias y trámites cotidianos. Pero eso también muestra un peligro en rojo: los usuarios perciben que, si tienen un problema en Internet, no siempre hay alguien que salga a ayudarlos”, advirtió D’Alessio.
En la misma línea, la ejecutiva remarcó que una parte del problema está asociada a la forma en que se comunican las herramientas de seguridad. “Acá tenemos que aprender a comunicar mejor. La falla puede estar en que estamos hablando en un lenguaje que la gente no entiende”, sostuvo.
“Durante muchos años el desafío estuvo puesto en lograr que las personas adoptaran los canales digitales. Hoy ese objetivo está cumplido: nueve de cada diez argentinos utilizan Internet y cada vez realizan más operaciones en línea. El nuevo reto es que esa experiencia sea segura. La confianza ya no depende únicamente de la tecnología, sino de la capacidad de validar identidades, proteger la información y ofrecer procesos simples que den certezas al usuario”, destacó Néstor Markowicz, COO de CertiSur.
Como consecuencia de la ocurrencia de estos eventos, la expectativa de los individuos sobre el accionar de las organizaciones mostró alteraciones a la baja. De hecho, el porcentaje de usuarios que confía en la prevención de fraudes por parte de las empresas y los bancos pasó del 83% en la medición de 2025 al 40% en 2026.
En respuesta a esta coyuntura, el 48% de la muestra adoptó medidas de seguridad y el 17% detuvo sus operaciones en determinadas plataformas web. Las herramientas de prevención con mayor nivel de utilización actual son el uso de contraseñas (91%), la inhabilitación de archivos provenientes de correos desconocidos (76%) y la autenticación mediante SMS (59%).
Penetración de Inteligencia Artificial y exigencias de control
En paralelo, el informe detalla la inserción de las herramientas de Inteligencia Artificial. Las estadísticas determinan que el 91% de la población conectada utiliza productos o servicios con este desarrollo, y el 70% opera con plataformas de formato generativo. En particular, las actividades delegadas a la Inteligencia Artificial abarcan la búsqueda de datos (81%), la resolución de tareas laborales (47%) y la redacción de textos (39%).
Según D’Alessio, la percepción social sobre esta tecnología se modificó con rapidez. “En un año cambió la forma en que la gente habla de Inteligencia Artificial. Ya no aparece solamente como una herramienta: también aparece asociada a ayuda, utilidad y futuro. La gente ya la incorporó y empieza a verla como algo que puede usar”, explicó.
Sin embargo, esta adopción tecnológica coexiste con exigencias sobre el control de los procesos. El 81% de los usuarios asocia el despliegue de Inteligencia Artificial con los riesgos de fraude, mientras que el 40% muestra desconfianza sobre la privacidad de la información provista. Por consiguiente, el 87% de las personas solicita intervención del factor humano para la supervisión de las decisiones algorítmicas.
“Cuando empezamos a meternos más en la cabeza de las personas aparece el freno: no necesariamente ven a la Inteligencia Artificial como peligrosa en sí misma, pero sí dudan al compartir información”, sostuvo la vicepresidente de D’Alessio IROL.
“La inteligencia artificial está acelerando la transformación digital, pero también está modificando la forma en que operan los ciberdelincuentes. Hoy es posible generar ataques más sofisticados, personalizados y difíciles de detectar. Frente a ese escenario, la identidad digital y los mecanismos de validación cobran un rol estratégico para reducir los riesgos sin afectar la experiencia del usuario”, destacó Armando Catarralá, CTO y founder de CertiSur.
Identidad digital, experiencia y protección del usuario
El informe también evidencia una tensión creciente entre la necesidad de reforzar los controles y la percepción de fricción por parte de los usuarios. Las medidas de validación son entendidas como necesarias, pero muchas veces resultan molestas cuando no están bien explicadas o anticipadas.
“Hay un tema de anticipación. La gente, si uno se lo explica, funciona bien. El problema es que falta ese paso previo”, planteó D’Alessio al referirse a los mecanismos de validación de identidad y protección de datos personales.
A modo de cierre, los datos determinan que la gestión de la identidad digital se establece como un componente central, donde el ecosistema de tecnología exige desarrollar métodos de trazabilidad y validación que operen con una menor cantidad de pasos de interacción para restituir las garantías de protección de datos.
Para D’Alessio, el reclamo de los usuarios hacia las organizaciones es cada vez más concreto: “Están pidiendo algo más claro a las empresas: protegerme de verdad, con un sistema sencillo que pueda usar o con un paraguas de protección que me ampare”.
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