La innovación ya no es un área más dentro de la empresa, sino el eje que debe atravesar toda su estrategia. Así lo sostiene Gastón Galanternik, líder senior de innovación de AmCham, en diálogo con ITSitio durante el AmCham Business Transformation Forum, un evento que puso en agenda el valor de transformar los negocios a través de la colaboración, la apertura y la sostenibilidad.
Innovación corporativa: el nuevo imperativo
“La idea del foro es traer la innovación a la agenda de las corporaciones, pero también del gobierno, de las universidades y de toda la sociedad”, remarca Galanternik. Desde AmCham, esta transformación se promueve a través de un programa que trabaja sobre tres ejes: tendencias tecnológicas, cultura organizacional y vínculo con el ecosistema emprendedor.
El foco tecnológico actual está puesto en la inteligencia artificial. “Y lo seguirá siendo por su potencial transformador. Las compañías ya no se preguntan si usar IA, sino cómo hacerlo de forma estratégica”, explica.

Pero la tecnología, por sí sola, no alcanza. El cambio también debe venir desde adentro. “La cultura de innovación es clave. Antes se designaba a un manager de innovación sin herramientas ni conexión con otras áreas. Hoy vemos que el cambio viene cuando toda la organización se involucra”, señala. Innovar no es una función aislada: es un modo de operar.
Innovación abierta: romper el aislamiento
Uno de los puntos centrales fue el concepto de innovación abierta, cada vez más presente en las compañías líderes. “Las corporaciones están aprendiendo a abrir sus procesos. La clave es no trabajar solo puertas adentro. Cualquier eje de la compañía puede transformarse a partir de alianzas externas”, destaca Galanternik.
En este sentido, la innovación abierta implica interactuar con startups, universidades, investigadores y proveedores, no con una lógica transaccional, sino con una mentalidad colaborativa. “Se trata de generar relaciones de confianza y largo plazo. No se trata solo de ver al otro como un proveedor o cliente, sino de construir estrategias win-win”, puntualiza.

Esta dinámica, según Galanternik, permite no solo absorber tecnología, sino también acelerar los tiempos de desarrollo. “Muchos investigadores se están animando a fundar sus propias startups. Y muchas compañías ya no solo los aceleran, sino que hacen client venturing: se convierten en sus primeros clientes, y eso cambia el juego”, ejemplifica.
IA como aliada del negocio
En el plano tecnológico, la IA avanza sobre todos los procesos. No solo como asistente, sino como motor de análisis y personalización. “Hoy la tendencia es aprovechar los datos no solo de manera macro, sino llevarlos hasta el último nivel de personalización con el cliente. Eso agrega valor real”, explica Galanternik.

Además, la evolución en el uso de agentes inteligentes está marcando una nueva etapa. “Cada vez se habla más de agentes que no solo ejecutan tareas, sino que aprenden, se integran y optimizan decisiones dentro del flujo del negocio”, indica.
Esto también plantea desafíos en términos de habilidades y liderazgo. “Las compañías están buscando cómo escalar estos procesos sin perder agilidad. Y eso requiere repensar estructuras, capacitar equipos y derribar silos internos”, advierte.

La cultura del cambio constante
Uno de los cambios más notables que identifica Galanternik tiene que ver con la evolución del rol de la innovación dentro de las estructuras corporativas. “Antes se creaba un área aislada. Hoy se entiende que innovar es responsabilidad de todos. Las áreas están aprendiendo a hacerlo por sí mismas, incluso sin depender de un líder específico”, afirma.
Este cambio cultural se sostiene también en nuevas metodologías, como design thinking, lean startup o agile. Pero, sobre todo, en un cambio de mentalidad. “Innovar es aprender a equivocarse rápido, probar, corregir y volver a intentar. Las empresas que lo entienden son las que están marcando el rumbo”, asegura.
Ecosistema emprendedor: una red para crecer
La articulación con el ecosistema emprendedor aparece como una fuente clave de renovación. “Las grandes empresas están mirando más allá de su perímetro. Y eso incluye startups, universidades, centros de investigación. En AmCham acompañamos ese proceso desde hace cuatro años, con muchas buenas prácticas para compartir”, comenta Galanternik.

Estas interacciones no solo aportan agilidad, sino también nuevos lenguajes, formas de pensar y modelos de negocio. “Lo interesante es cómo las empresas van mutando. Algunas empezaron como aceleradoras y hoy hacen inversión directa o se convierten en early adopters. Eso habla de un aprendizaje colectivo”, señala.
Sostenibilidad e innovación: un mismo camino
Finalmente, Galanternik destaca que toda innovación, para ser relevante, debe ser sostenible. “No se trata solo de innovar por innovar. Hay que pensar en términos de ESG: ambiental, social y gobernanza. La innovación también debe responder a estos criterios si quiere proyectarse a largo plazo”, afirma.
En este sentido, la sostenibilidad no es una restricción, sino una guía estratégica. “Una compañía ética, con gobernanza clara, que impacte positivamente en la sociedad y cuide el ambiente, es una compañía preparada para el futuro”, concluye.
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