Zoom, una de las plataformas de videollamadas más utilizadas en el mundo, acaba de dar un paso más en la integración de la inteligencia artificial en sus servicios. La compañía anunció una nueva función que promete revolucionar la forma en que los usuarios participan en reuniones virtuales: un clon digital fotorrealista que puede reemplazarte durante un tiempo en las videoconferencias.
Esta novedad llega en un contexto en el que la virtualidad sigue siendo clave tanto en el ámbito laboral como académico. Desde la pandemia, herramientas como Zoom, Microsoft Teams o Google Meet se convirtieron en indispensables para mantener la comunicación a distancia. Con el correr del tiempo, estas plataformas fueron incorporando nuevas funciones para mejorar la experiencia de los usuarios, y ahora Zoom vuelve a estar en el centro de la innovación.
Clones digitales en videollamadas: una respuesta a la productividad
La nueva herramienta de Zoom busca resolver una situación muy común: la necesidad de ausentarse por unos minutos durante una reunión sin interrumpir el encuentro ni dar la impresión de desconexión. Gracias a esta actualización, los usuarios podrán activar su clon digital, un avatar que ocupará su lugar en pantalla mientras atienden otras tareas.
Lo interesante es que no se trata de un avatar caricaturesco o de una simple foto estática. Según explicó la compañía, el clon digital es un avatar fotorrealista capaz de replicar con gran detalle la apariencia del usuario, incluyendo sus expresiones faciales y gestos básicos. Incluso es posible personalizar aspectos como la vestimenta que lucirá en cada reunión, lo que aporta un nivel de realismo adicional.

La herramienta no está diseñada para engañar, sino para facilitar la dinámica de las reuniones. Cada vez que un participante active su clon, el sistema mostrará un aviso visible que informará al resto de los asistentes que se trata de un avatar generado con inteligencia artificial.
Cómo funciona el clon digital de Zoom
En versiones anteriores, Zoom ya había experimentado con la inteligencia artificial a través de funciones como los mensajes pregrabados enviados mediante un avatar animado. Sin embargo, este nuevo desarrollo lleva la experiencia a un nivel más avanzado.
El proceso comienza con la creación del clon digital. Para ello, el usuario debe capturar su rostro y expresiones mediante la cámara, lo que permite al sistema generar un modelo tridimensional altamente realista. Una vez listo, el avatar puede activarse durante cualquier reunión.
Entre las características más destacadas, se incluyen:
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Rasgos faciales fotorrealistas: el clon digital reproduce con precisión la apariencia del usuario.
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Gesticulación y movimiento: el avatar no es estático, sino que gesticula y sigue con la mirada a los oradores.
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Personalización de vestimenta: el usuario puede elegir cómo se verá su clon en pantalla.
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Transparencia para el grupo: los participantes de la reunión reciben una notificación de que se está utilizando un avatar.
Con estas funciones, Zoom busca transformar la experiencia de las videollamadas en algo más dinámico y flexible, al tiempo que mantiene la transparencia y la confianza entre los participantes.
Limitaciones y seguridad de la función
Si bien la propuesta parece sacada de una película de ciencia ficción, los desarrolladores de Zoom remarcaron que la función tiene limitaciones claras para evitar un uso indebido.
Una de las medidas más importantes es que no será posible crear clones digitales de terceras personas, como celebridades o colegas. Para evitarlo, la plataforma implementará un sistema de autenticación en vivo, que verificará que el avatar corresponda al usuario original. Esto busca proteger la identidad digital y prevenir intentos de suplantación.
Además, el hecho de que el clon siempre aparezca acompañado de un aviso visible refuerza la idea de que no se trata de un engaño, sino de una herramienta de productividad.
Impacto en el futuro de las reuniones virtuales
La introducción de clones digitales en Zoom abre un debate más amplio sobre el rol de la inteligencia artificial en la vida cotidiana. Por un lado, representa una solución práctica para quienes necesitan un descanso en medio de una larga jornada de reuniones. Por otro, plantea preguntas sobre el grado de presencia real que se espera de los participantes en entornos virtuales.
Algunos especialistas señalan que esta función podría cambiar las reglas del juego en el trabajo remoto e híbrido, ya que ofrece más flexibilidad sin comprometer la imagen profesional. Otros advierten que depender demasiado de avatares digitales podría generar una desconexión entre las personas y restar valor a la interacción humana en tiempo real.
Lo cierto es que, al menos en esta primera etapa, Zoom parece haber encontrado un equilibrio entre innovación y responsabilidad. Al garantizar la autenticidad de los clones digitales y al mantener la transparencia con avisos visibles, la plataforma busca brindar una experiencia útil sin caer en riesgos éticos o de seguridad.
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