La interrupción global de Cloudflare volvió a poner en evidencia un problema que suelen pasar por alto muchas organizaciones: la fragilidad de concentrar toda la infraestructura en un único punto de falla. La caída afectó plataformas, servicios y operaciones en todo el mundo, y reactivó una discusión que Red Hat viene planteando desde hace años: la necesidad de adoptar arquitecturas abiertas, híbridas y multi-cloud para evitar que un incidente paralice la actividad de punta a punta.
Thiago Araki, director senior de tecnología para Latinoamérica en Red Hat, analizó el impacto del suceso y explicó por qué este tipo de eventos obliga a revisar estrategias de TI en toda la región.
El riesgo del “camino único”
Para Araki, la lección principal es clara: depender de un solo proveedor amplifica el impacto de cualquier falla. Tal como señala, cuando la operación está concentrada en el mismo punto, “cualquier interrupción, por más pequeña que sea, puede detener operaciones completas, afectar ingresos y comprometer la experiencia del usuario”.

El problema no se limita a disponibilidad. Según el ejecutivo, una arquitectura centrada en un solo proveedor reduce la capacidad de respuesta ante incidentes, limita la flexibilidad para optimizar costos y condiciona el cumplimiento normativo. En otras palabras, deja a la organización sin opciones. “En un escenario mono-cloud, las opciones de mitigación son muy limitadas. La organización queda, literalmente, a la espera de que el proveedor se recupere”, advierte.
Frente a este desafío, Red Hat sostiene que la resiliencia verdadera surge de distribuir riesgo y planificar bajo el supuesto de que las fallas ocurren, incluso en proveedores altamente robustos.
Multi-cloud e híbrido: diseñar para la continuidad
La caída de Cloudflare también reavivó la conversación sobre qué significa, en la práctica, adoptar un enfoque híbrido o multi-cloud. Araki lo resume de manera directa: utilizar más de una nube o combinar nubes públicas y privadas permite que las organizaciones no queden inmovilizadas durante un incidente.
“Es la diferencia entre tener un plan B operativo o no tener ninguno”, explica. Si un proveedor falla, la carga puede moverse, el tráfico puede redirigirse y los servicios pueden activarse en otro entorno sin detener el negocio.
El open source cumple un rol central en ese proceso. Según Araki, “las tecnologías abiertas proporcionan una base común que permite ejecutar y gestionar aplicaciones de forma consistente en cualquier nube”. Esa estandarización reduce dependencia, agiliza la respuesta y facilita la adopción de nuevas capacidades sin quedar atrapado en un ecosistema cerrado.

La región avanza, pero todavía enfrenta barreras
Los modelos híbridos ya son una realidad en Latinoamérica. De acuerdo con el ejecutivo, la nube híbrida se consolidó como el estándar regional. “El 59,81% de las empresas la eligen como arquitectura principal para equilibrar flexibilidad, control y eficiencia de costos”, señala, citando el informe Cloud y Seguridad en Iberoamérica 2025.
Sin embargo, la adopción no está exenta de desafíos. La seguridad aparece como una de las mayores preocupaciones, especialmente cuando los datos quedan distribuidos en múltiples entornos. A esta complejidad se suma la fragmentación regulatoria y la falta de talento especializado, un obstáculo recurrente para avanzar hacia modelos más sofisticados.
La operación también presenta dificultades: visibilidad unificada, control de costos, optimización de cargas y gestión de proveedores continúan siendo puntos sensibles. Para Red Hat, estas barreras pueden reducirse mediante plataformas abiertas, automatización y una estrategia consistente de gobernanza tecnológica.

El “abrigo” híbrido y su impacto en seguridad y gobernanza
Gilson Magalhães, vicepresidente de Red Hat para la región, había usado una metáfora que Araki retoma: la arquitectura híbrida como un abrigo. No se trata de un slogan, sino de un concepto práctico.
El “abrigo” implica proteger el negocio ante lo inesperado. En materia de seguridad, permite aislar cargas críticas y segmentar riesgos para evitar que una amenaza comprometa toda la operación. En términos de estándares, significa contar con una base interoperable que habilite mover cargas y modernizar aplicaciones sin restricciones propietarias. Y en gobernanza, habilita un mayor control sobre los datos, su ubicación y el cumplimiento normativo en países con marcos legales heterogéneos.
Como resume Araki, “es una estrategia de protección, una estrategia operativa, una prevención que garantiza la continuidad cuando llega lo inesperado”.
Cómo avanzar cuando la dependencia ya es muy alta
Muchas organizaciones hoy dependen fuertemente de un proveedor principal. Para esos casos, Red Hat propone un camino progresivo. El primer paso consiste en recuperar control mediante tecnologías abiertas que aseguren independencia, trazabilidad y procesos estandarizados. “No se trata de abandonar de inmediato un proveedor, sino de crear espacio para elegir”, explica Araki.
Luego, sugiere evolucionar hacia una arquitectura de nube híbrida abierta que permita mover cargas sin reescribir aplicaciones. Esa portabilidad es la base de la resiliencia. La seguridad y la gobernanza también deben reforzarse con automatización, controles de integridad y cumplimiento normativo unificado.

Finalmente, Araki destaca que estas prácticas abren la puerta a modelos de IA y gestión de datos más soberanos, donde la organización mantiene control real sobre sus activos tecnológicos y su evolución.
Una advertencia que vuelve a quedar en evidencia
El incidente de Cloudflare dejó una señal difícil de ignorar: la infraestructura digital es cada vez más interdependiente, y apoyarse en un único proveedor convierte cualquier falla en un problema sistémico.
Red Hat lo resume con claridad: la resiliencia no consiste en evitar cada incidente, sino en diseñar la operación para que el negocio continúe, incluso cuando una pieza crítica se cae. Y la arquitectura híbrida y multi-cloud se presenta como el camino más estable para lograrlo.
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