De acuerdo con FireEye, México ocupa el tercer lugar en una lista de las naciones con más amenazas en Latinoamérica, debajo de Brasil y Chile. Los segmentos con mayores estragos son gobierno, telecomunicaciones y finanzas, en donde los Canales pueden llevar ofertas completas y específicas, afirma Robert Freeman, Director Senior para América Latina en la compañía.
“Los distribuidores buscan diferenciarse y nosotros integramos productos con servicio de inteligencia para ellos. Invitamos a que no vean a la seguridad como una caja con luces, sino como una forma de detección ante los ataques desconocidos y es con ello con lo que se pueden diferenciar de su competencia, no es sólo vender un producto y reñir por precios”.
Datos del Reporte de Amenazas Avanzadas para América Latina, realizado a diferentes empresas en América Latina y en el que cooperaron más de 150 organizaciones mexicanas, arrojan otro tercer lugar para México en cuanto al éxito de los ataques, precedido por Brasil y Perú, y seguido de Chile y Argentina, en cuarto y quinto lugar.
Para toda la región, la industria de Química/Manufactura/Minería es la más impactada por infecciones callback, es decir, aquellas comunicaciones no autorizadas entre equipos internos y externos. Le siguen los sectores financiero, energético, gubernamental y, por último, bienes de consumo y mercado de retail.
En América Latina están muy presentes las amenazas desconocidas, que no son detectadas por firewalls ni antivirus. Son ataques persistentes que utilizan las vulnerabilidades y comprometen las áreas de trabajo; los más comunes son Gh0st rat y Xtreme rat, que dan acceso remoto a la computadora, explica Freeman.
También comenta que se halló malware relacionado con las agendas de trabajo internacional: “cada vez que una entidad o un país se acerca a China, vemos que el nivel y la cantidad de amenazas aumenta”.
Las compañías necesitan cerciorarse de que las tecnologías de seguridad existentes estén actualizadas, pues muchos malware pueden ser fácilmente removidos con ellas, asegura. Más allá de eso, es imperativo tener un modelo de defensa que ayude a disminuir el tiempo entre la detección de un daño y su detención, finaliza Freeman.










