La transformación digital ya no depende solo de la capacidad tecnológica. En los próximos años, el mayor punto de inflexión vendrá del lado del cliente: más exigente, más informado y con nuevos parámetros de confianza.
El informe “Future Consumer 2026” de WGSN —referencia global en tendencias de consumo— anticipa que los próximos consumidores serán definidos no por su edad, sino por sus valores: curiosidad, mentalidad experimental, propósito y conciencia tecnológica.
“Las marcas que no comprendan el nuevo perfil de consumidor, perderán relevancia incluso si tienen la mejor tecnología”.
En paralelo, informes de Qualtrics y NielsenIQ coinciden en una conclusión estratégica: la fidelidad ya no se construye solo con eficiencia o innovación. Se gana con experiencias personalizadas, respeto por la privacidad y alineación con valores reales.

“El consumidor del futuro será curioso, con mentalidad experimental, impulsado por la tecnología, con un sentido claro del propósito y la intención”.
Cuáles son las principales características del nuevo consumidor:
- Curioso: quiere entender cómo funcionan las cosas y cómo las marcas toman decisiones.
- Con mentalidad experimental: adopta tecnologías emergentes, prueba nuevos formatos de consumo y es receptivo a modelos descentralizados.
- Impulsado por la tecnología: se espera que más del 60% de las decisiones de consumo estén mediadas por IA en los próximos 5 años.
- Orientado al propósito: exige que las marcas tengan un impacto positivo real, tanto social como ambiental.

Tecnología para empoderar al usuario
Desde la verificación de identidad hasta la participación activa en nuevas economías, el consumidor del futuro no es pasivo: quiere tener el control.
Casos como el de Elvira Contreras, quien desarrolló una IA para certificar algodón, muestran cómo incluso usuarios fuera del circuito tradicional pueden transformarse en innovadores si se les da acceso a la tecnología adecuada.
“El impacto del proyecto es doble: mejora la cadena productiva y empodera a mujeres rurales con tecnología”, explica Elvira.
Identidad digital y verificación: un nuevo estándar
En un entorno donde la inteligencia artificial puede generar voces, imágenes o incluso identidades falsas con facilidad, verificar que una persona es quien dice ser —y hacerlo respetando su privacidad— se vuelve un nuevo pilar de confianza digital.
Por eso, cada vez más organizaciones están adoptando tecnologías como las credenciales verificables (VC) y las identidades descentralizadas (DID), impulsadas por organismos como el W3C, para asegurar interacciones digitales más seguras y transparentes.

Un ejemplo concreto es el caso de Microsoft Entra Verified ID, que ya se utiliza en empresas globales para autenticar empleados, proveedores o estudiantes mediante credenciales digitales que el usuario controla desde su wallet, sin exponer información innecesaria.
“El nuevo estándar no es solo saber quién sos, sino que puedas demostrarlo de forma segura, privada y sin depender de un intermediario”, explican desde Microsoft Identity Division.
Para el ecosistema IT y los partners tecnológicos, estas soluciones abren un nuevo mercado:
- Desarrollo de plataformas de emisión y validación de credenciales
- Soluciones integradas en banca, salud, educación y logística
- Servicios de onboarding digital, firma electrónica y autenticación sin contraseña
En todos los casos, el foco ya no está solo en la eficiencia, sino en algo más profundo: la confianza. Y eso cambia las reglas de juego.
El 86% de los consumidores globales cree que la autenticidad es un factor clave para confiar en una marca.

¿Cómo puede el ecosistema IT prepararse para responder a este nuevo perfil de consumidor?
- Redefiniendo el diseño de productos y servicios: pensar en términos de identidad, confianza y personalización.
- Invirtiendo en formación y acompañamiento para partners y clientes que quieran innovar en IA generativa y datos.
- Desarrollando soluciones éticas y sostenibles: el propósito no es un agregado, es el corazón de la decisión de compra.
- Aportando tecnologías como identidad digital, Web3 y blockchain, que serán clave para interactuar con consumidores que exigen transparencia.
¿Y si el verdardero desafío ya no es técnico, sino cultural?
La pregunta clave para los negocios IT no es solamente “qué tecnología hay disponible”, sino “para qué perfil de consumidor la estamos construyendo”.
Y ese consumidor ya no es pasivo.
Está informado, exige transparencia, valora el propósito y espera experiencias que respeten su humanidad.
Las empresas que se anticipen a esta transformación no solo ganarán participación de mercado. Ganarán relevancia. Y en un mundo saturado de opciones tecnológicas, eso vale más que cualquier feature.
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