RFID vs. Código de barra: ¿Qué tecnología soluciona mejor las necesidades del negocio?

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Un artículo de la BBC News de mediados de 2019 se preguntaba en su título: ¿Por qué las aerolíneas aún pierden 25 millones de maletas cada año? El mercado global de sistemas para manejo de equipajes (puertos marítimos y fluviales, aeropuertos, ferrocarriles) llegará en 2025 a unos US$ 10.300 millones, según MarketsandMarkets. Analizado desde el punto de vista de la tecnología usada para hacer el tracking, RFID se posiciona para ser el segmento de más rápido crecimiento. Hoy en día, el desafío clave para industrias como la aeroportuaria es reducir el mal manejo del equipaje, que deriva en una mala experiencia del cliente. En respuesta a eso, las empresas y las autoridades se están enfocando en el desarrollo de un sistema de manejo de equipaje efectivo. Por ejemplo, la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) ha estado trabajando para lograr la “Resolución 753”. Los sistemas RFID tienen una mejor área de cobertura que los sistemas de códigos de barras y no necesitan colocarse en la línea de visión para escanear. Se espera que el segmento de sistemas RFID muestre un fuerte crecimiento en los próximos años, espoleado por regulaciones como la Resolución 753, si bien éstas nunca descartarán los sistemas de códigos de barras por completo.

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En una senda paralela, Coherent Market Insights estima que la utilización de RFID en el mercado global de la Salud representará más de US$ 116.756,6 millones hacia fines de 2027 (desde los US$ 4.004 millones en 2019), creciendo a una tasa compuesta anual del 19,6% durante el período de pronóstico (2020 a 2027). Detrás de este vertiginoso crecimiento están las mejoras en términos de eficiencia operacional que el sistema aporta, y también se espera que ayude a minimizar los riesgos asociados a medicamentos falsificados, inaceptables, adulterados o manipulados.

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Los párrafos anteriores dan una idea de las transformaciones que se están dando en distintos escenarios, en la medida en que ciertas tecnologías de monitoreo y seguimiento se hacen más asequibles. El objetivo de estas transformaciones es achicar los tiempos involucrados en un servicio, minimizar las pérdidas, ganar en eficiencia, e incluso salvar vidas. Indumentaria, Retail, Manufactura, Salud, Agroganadería, Alimentos, Gobierno, Logística, Transporte… son sólo algunos de los verticales donde las soluciones de RFID desplazan a las de código de barra, si bien ese desplazamiento no se da de manera indiscriminada y debería obedecer a un análisis fino de qué conviene en cada escenario de uso.

“Cada tecnología debe ser evaluada en función de la aplicación que se quiere resolver”

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Alan Gidekel

Para Alan Gidekel, gerente general de Telectrónica, ésta es la primera consideración a tener en cuenta, antes de decidirse por RFID o código de barras. “El código de barras es una tecnología muy madura, sumamente probada, implementada globalmente, de muy bajo costo de implementación, por lo que va a seguir presente en muchos casos de uso. No obstante, es una tecnología que venimos usando desde los años 1970s. Llevamos muchas décadas identificando y capturando datos a través de esta herramienta”.

El gerente general de Telectrónica considera que RFID ya permite, en muchos casos, “optimizar procesos, acelerar la velocidad de captura de los datos, e incluso automatizar ese proceso de captura”. Gidekel señala que hoy RFID se utiliza masivamente en la identificación de vehículos (playas portuarias, centros de distribución), en telepeajes, en la identificación de prendas textiles (moda, deportes), en manufactura y también en el ámbito de la salud (no sólo para identificar equipos, pacientes y medicamentos, sino incluso la ropa que visten los médicos o que se usan en las camas).

En línea con la tendencia a automatizar y hacer más eficientes los procesos, Gidekel da un ejemplo. “Podemos tomar el caso típico de control de ingreso de mercadería en un centro de distribución, o del control del despacho de esa mercadería, que generalmente se hace utilizando lectores o terminales portátiles con lector de código de barras. Por lo general, esto requiere de la intervención de un operario humano. En el caso de RFID, al ser una tecnología que trabaja por la emisión y captación de datos que viajan por ondas de radio, la lectura puede ser realizada por un lector fijo (ubicado, por ejemplo, en un portal situado en una dársena de carga o descarga), el cual a través de un conjunto de sensores de presencia puede empezar el proceso de lectura. Este tipo de portal podría controlar la lectura de medio centenar de cajas ubicadas sobre un pallet, en forma simultánea y desatendida (automática) y transferir esa información a los sistemas de gestión”.

Con todo, advierte el ejecutivo, si bien RFID ha avanzado muchísimo en las últimas décadas, “no es una tecnología plug & play”.

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En el video que acompaña este artículo, podrá asistir a la charla completa con Alan Gidekel, de Telectrónica, donde estos temas se analizan más detenidamente.

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Nacimiento, caída y renacimiento del RFID

Cuentan los memoriosos que, en 2003, el gigante del retail Walmart le pidió a sus cien principales proveedores y vendedores que etiquetasen todas las tarimas y cajas con etiquetas RFID, dándoles un plazo de dos años para ejecutar ese proyecto. Éste fue el arranque del uso de RFID en el retail, pero la falta de madurez de la tecnología produjo resultados poco satisfactorios en aquel primer piloto.

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Fabián Audisio

Fabián Audisio, Chief Revenue Officer de Boreal Technologies, aclara que “la tecnología de RFID existe desde hace unas tres décadas, aunque no comenzó siendo usada en logística, sino para el seguimiento de animales en el ámbito agroganadero”. La popularidad llegó de la mano de aquel primer piloto de Walmart, que movió las aguas en el mercado, y del trabajo de GS1, que es la entidad encargada de estandarizar la identificación electrónica de los activos (hoy con presencia en 150 países, y brindando servicio a más de un millón de compañías en más de veinte sectores). “Hoy existen muchas aplicaciones de RFID, y se logra un nivel de eficiencia muy alto en todos los casos. Sin embargo, hay casos en los que se justifica reemplazar el código de barras por RFID y otros en los que no, porque el costo de una etiqueta de RFID sigue siendo más alto que el código de barras”, resume Audisio.

Con todo, no se trata sólo de una cuestión de costos. En opinión de Audisio, RFID se integra mejor con las soluciones robóticas y de automatización que aterrizarán en muchos de estos escenarios de uso. Para Audisio, RFID es el presente. Y si bien su aplicación más estándar requiere etiquetas (tags) de RFID pasivo (la antena está metida en el papel de la etiqueta y reacciona a la señal de los lectores), hay tags activos: que se alimentan con baterías logrando así un mayor alcance de la señal. Dentro de estos últimos, Audisio advierte el surgimiento de una nueva generación de tags que pueden emitir señales de RFID en distintas frecuencias, con mayor alcance, pero que también incluyen Bluetooth (el tipo de señal que puede servir para vincularlo a otros dispositivos como smartphones o notebooks, o bien a las llamadas “anclas” o balizas para la geolocalización en tiempo real, lo que se dio en llamar RTLS). “Hablamos de tags que permiten la identificación de activos físicos de cierto valor. Pero las capacidades que incluyen le dan una gran flexibilidad a la solución que se puede proveer”.

Esta confluencia tecnológica también se observa en los dispositivos de lectura. Audisio menciona uno de los últimos lectores de RFID de la marca Zebra, el ATR7000, que fue concebido para hacer RTLS con tags pasivos (esto es: las etiquetas de RFID de papel más baratas). Son equipos que cumplen funciones análogas a la de los access points de Wi-Fi: ofrecen mucha potencia de señal y se pueden disponer a cierta altura (varios de ellos), lográndose una precisión muy aceptable para, por ejemplo, ubicar tarimas. Estos dispositivos ya están disponibles en la región.

Audisio estima que el código de barras continuará aplicándose en el punto de ventas por bastante tiempo, a nivel de artículo. Si bien las etiquetas RFID de papel son mucho más económicas que antaño, y el precio sigue bajando, la realidad es que el código de barras tiene un costo prácticamente nulo para la mayoría de los fabricantes, dado que está incluido en el diseño del package.

Adicionalmente, y si bien el uso de RFID a escala de tarimas y de cajas va en aumento, Audisio considera que ciertas afirmaciones sobre el funcionamiento de estos sistemas deben ser tomadas con pinzas. “Decir que cualquier sistema de RFID puede leer fácilmente todas las etiquetas de las cajas que hay en un pallet, sin que falle ninguna, tiene algo de mito. Desde luego que eso puede hacerse, pero requiere de un análisis completo y de cierta complejidad para poder sintonizar la solución y hacer que funcione”. Ahora bien, una vez que se logra (y que dichas lecturas han sido integradas con los sistemas de backend, claro está), la optimización que se alcanza es impresionante, resume Audisio.

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