Hace unos meses, la empresa se planteó lograr tal objetivo para el año 2020. Para ello deberá superar la tendencia histórica de reducción del consumo en más de un 70%, pero está muy segura de saber cómo lograrlo; incluso tiene una hoja de ruta con las características técnicas que necesita implementar para ello.
Las principales tendencias de la industria de la computación personal indican, en primer lugar, que los dispositivos deben hacerse más delgados y livianos; en segundo lugar, deben prolongar la duración de la batería; en tercer lugar, las interfaces de usuario deben hacerse más intuitivas y amigables, y en cuarto, la performance y los conjuntos de funcionalidades deben mejorarse.
Mientras que las dos primeras tendencias requieren una disminución consistente del consumo energético por parte de los componentes de las PCs, las otras dos requieren un importante aumento de la performance de cómputo.
Desafortunadamente, es imposible mejorar la velocidad de proceso y disminuir el consumo energético significativamente al mismo tiempo, razón por la cual los desarrolladores de dispositivos y de componentes buscan el balance óptimo entre ambas tendencias.
Cuando se habla de unidades de cómputo, el balance entre la cantidad de procesamiento que puede hacerse y el consumo de energía requerido para hacerlo se denomina eficiencia energética. El término en general es muy amplio y abstracto, y no considera casos de uso. Por ejemplo, si un procesador de notebook de 35 W ofrece una performance dos veces superior que uno de 35 W de hace dos años, podría decirse que su eficiencia energética se mejoró dos veces, pero el problema es que los procesadores de 35 W ya no tienen cabida en las notebooks modernas. Como resultado, en el mundo real deben encontrarse formas de reducir el consumo energético lentamente mientras se mejora gradualmente la performance de cómputo. En muchos casos, los diseñadores de chips adoptan una estrategia paso a paso y se enfocan en mejorar la performance o reducir el consumo energético.
Históricamente, el balance entre consumo energético y la performance era determinado por las tecnologías de fabricación, por las peculiaridades micro-arquitectónicas y por diversos “trucos” de hardware. Durante años, AMD ha estado diciendo que para lograr futuras mejoras en eficiencia energética el software necesita hacer uso del hardware correcto para cada tipo de tarea. Las tareas ejecutables en paralelo deben llevarse a cabo con núcleos de GPU altamente paralelos (dado que les lleva menos tiempo para concluir el trabajo y usan menos energía para hacerlo), mientras que las tareas secuenciales deben ejecutarse en núcleos de CPU de propósito general.
AMD considera que a medida que el software comience a usar las capacidades de procesamiento heterogéneo de las unidades de procesamiento moderno a través de las APIs OpenCL, la eficiencia energética de las PCs mejorará sustancialmente.
Pero aunque la empresa pone grandes esperanzas en sus APUs y en el software futuro, no planea dejar de lado las mejoras a nivel de hardware. Entre las cosas que AMD pretende implementar en sus APUs y CPUs de próxima generación se encuentra la regulación integrada de voltaje, la capacidad para escalar el voltaje individualmente en cada parte de un chip, la operación adaptativa de voltaje requerido, entre otras, según lo dicho por la compañía en su evento “Future of Compute”.
Entre otras cosas, AMD propone mejorar dinámicamente la performance en la ejecución de ciertas aplicaciones para hacer el trabajo más rápidamente y ahorrar energía a nivel de sistema. Al mismo tiempo, la empresa planea implementar una tecnología inteligente que evita incrementos dinámicos de la frecuencia de reloj en aplicaciones que no se benefician significativamente de mayores frecuencias. En general, lo que busca AMD es lograr que los chips puedan hacer un ajuste fino en sus performances en base a cada carga de trabajo y a cada contexto de ejecución.
Debe notarse que el consumo reducido de energía es sólo una parte de la ecuación en las métricas de la eficiencia energética. La performance es un aspecto importante dado que los chips de baja performance no estarán a la altura para procesar las cargas de trabajo de próximas generaciones. Por tal motivo, es sumamente importante que los microprocesadores de AMD basados en las microarquitecturas denominadas “Xen” (x86) y “K12” (ARMv8) ofrezcan una mayor performance que los actuales núcleos de propósito general. Es igualmente importante que las futuras GPUs de AMD ofrezcan una performance significativamente superior a la de las GPUs actuales. Lamentablemente, la empresa no detalló sus planes acerca de cómo incrementará la performance de sus CPUs y GPUs, o al menos qué clases de incrementos podemos esperar.
Tradicionalmente, AMD fija sus metas pero no da a conocer los planes con precisión. Por tal motivo se desconoce qué innovaciones tecnológicas presentarán los procesadores “Carrizo” de próxima generación y sus sucesores. Lo único que se sabe al respecto es que AMD tiene una hoja de ruta tecnológica para muchos años hacia delante, y que planea ejecutar ese plan en forma gradual.









