La transformación digital dejó de ser un discurso aspiracional para convertirse en una exigencia concreta de competitividad. Marcelo Ahumada, Business Developer Manager de LatamAdvisory, sostuvo que ese cambio ya se siente con fuerza en Chile y América Latina. En su mirada, el mercado entró en una etapa en la que ya no alcanza con digitalizar la superficie del negocio: el verdadero diferencial pasa por integrar procesos, conectar operación y finanzas, y eliminar fricciones estructurales.
En una entrevista con ITSitio, Ahumada repasó el distinto grado de madurez digital entre Chile y otros mercados de la región, el costo de seguir operando con planillas o sistemas fragmentados, los beneficios de centralizar la gestión en plataformas integradas y las oportunidades que se abren para canales, integradores y proveedores de servicios. También explicó el rol que pueden jugar soluciones como ZerBI y Odoo en ese proceso, y anticipó las tendencias que, a su entender, marcarán la evolución de la gestión empresarial en los próximos años.
Chile, más maduro, pero con desafíos de fondo
Para Ahumada, la región atraviesa un “punto de inflexión”. “La transformación digital dejó de ser una iniciativa y pasó a ser una condición para competir”, afirmó. En ese marco, señaló que Chile exhibe un nivel de madurez superior al promedio latinoamericano, sobre todo por su infraestructura, la adopción de tecnologías cloud y una mayor disposición a invertir.
Sin embargo, advirtió que ese avance no siempre implicó una transformación profunda. Según explicó, muchas organizaciones “han avanzado más en digitalizar interfaces que en transformar su operación”, mientras que en otros países de América Latina existe más rezago, aunque también una posibilidad concreta de dar saltos más rápidos hacia modelos integrados. En ambos escenarios, remarcó, el desafío es similar: pasar de la digitalización aislada a una integración real de los procesos.
Del parche tecnológico a la integración de procesos
Ahumada consideró que las organizaciones chilenas sí comenzaron a incorporar la tecnología de manera más estructural, en buena medida empujadas por el contexto. “La presión por eficiencia, la reducción de márgenes y el aumento en las expectativas de los clientes están obligando a las empresas a repensar su operación”, dijo.
En ese proceso, observó un cambio nítido: ya no se trata solo de sumar herramientas, sino de articularlas. Las compañías más avanzadas, explicó, están construyendo capas operativas donde conviven ERP, CRM, monitoreo y automatización de manera integrada. Las que no dieron ese paso, en cambio, siguen trabajando con soluciones fragmentadas que recortan su capacidad de escalar y responder con agilidad.
El costo invisible de seguir con planillas y sistemas aislados
Uno de los puntos más enfáticos de la entrevista estuvo puesto en las ineficiencias que todavía arrastran muchas empresas. Ahumada señaló que el uso de planillas y sistemas no integrados tiene un impacto “directo y acumulativo” sobre la operación. “Las planillas y sistemas no integrados generan errores, falta de trazabilidad y tiempos de respuesta más largos”, afirmó.
Ese esquema, agregó, se traduce en mayores costos operacionales y una menor calidad de servicio. También debilita la toma de decisiones, porque la información no está disponible en tiempo real ni de manera confiable. Ahí apareció una de sus definiciones más fuertes: “Estas organizaciones no están compitiendo por eficiencia, sino que están absorbiendo ineficiencias”.
Qué cambia cuando la operación se centraliza
Cuando una empresa logra centralizar su operación en plataformas de gestión integradas, el primer salto, según Ahumada, es cultural y operativo a la vez. “El principal cambio es el paso desde una operación reactiva a una operación gestionada con visibilidad y control”, resumió.
A partir de ahí, las organizaciones empiezan a trabajar con información en tiempo real, ganan control financiero y mejoran la coordinación entre áreas. Los resultados más rápidos suelen aparecer en procesos sensibles para el negocio, como facturación y cobranza, gestión de inventario, operación de servicios y compras, porque impactan de forma directa en el flujo de caja, los costos y la experiencia del cliente.
ZerBI, Odoo y la conexión entre operación y resultado financiero
Al referirse al aporte de soluciones como ZerBI y Odoo, Ahumada planteó que ambas apuntan a resolver un problema estructural: la desconexión entre la operación y el resultado financiero. En muchas empresas, sostuvo, el soporte, los dispositivos y el trabajo en terreno funcionan separados del negocio, lo que deriva en procesos manuales, tiempos de reacción altos y una fuerte dependencia de intermediarios.
“Lo que hacemos es que la máquina converse directamente con los procesos de negocio, o lo que llamamos M2M (Machine to Machine)”, explicó sobre ZerBI. Esa lógica permite que los propios dispositivos disparen acciones automáticas dentro de la empresa, sin necesidad de que un usuario o un agente de contact center interprete primero qué está ocurriendo.
En esa línea, detalló que procesos como la reposición de insumos, la generación de órdenes de servicio, la asignación de técnicos y la facturación pueden ejecutarse en tiempo real y con menor intervención humana. Además, destacó que, con apoyo de inteligencia artificial, el diagnóstico técnico puede realizarse de forma remota y anticipada, de modo que el personal de campo ya no se traslade para identificar el problema, sino para resolverlo. Odoo, por su parte, cumple el rol de estructurar el negocio y transformar esos eventos operativos en transacciones dentro de un ERP integrado.
Para Ahumada, la ventaja competitiva aparece cuando ambas plataformas funcionan juntas. Ahí, dijo, cada evento en un dispositivo impacta automáticamente en el ERP, conectando la ejecución operativa con el negocio sin pasos intermedios.
Una nueva oportunidad para canales, integradores y MSP
El ejecutivo también puso el foco en cómo este cambio reconfigura el negocio del canal. Según sostuvo, la incorporación de este tipo de plataformas abre la puerta a una evolución concreta: pasar de la venta de productos o proyectos puntuales a la prestación de servicios recurrentes apoyados en datos y operación.
Eso, remarcó, permite generar ingresos más predecibles, mejorar la retención de clientes y construir una propuesta de mayor valor agregado. En ese escenario, el MSP deja de ocupar un lugar puramente técnico y asume un rol más estratégico, vinculado de manera directa con la operación y los resultados del cliente.
Las tendencias que van a marcar los próximos años
De cara al futuro, Ahumada identificó tres grandes tendencias. La primera es la automatización operacional de punta a punta, con procesos que se ejecutan sin intervención manual. La segunda es la integración entre dispositivos, operación y sistemas financieros bajo esquemas M2M, que habilitan trazabilidad completa desde la ejecución hasta el resultado económico. La tercera es el uso de inteligencia artificial aplicada a la toma de decisiones operativas y financieras.
En ese escenario, su conclusión fue tajante: “La transformación digital ya no es una ventaja competitiva; es un requisito básico para sostener el negocio”. Más que una promesa de modernización, su planteo dibujó un mapa de supervivencia empresarial para los próximos años.
Leer más
- ASUS presenta en Chile la nueva laptop ProArt GoPro Edition, un estudio portátil versátil y estación de trabajo con IA avanzada para profesionales
- Samsung y una década de evolución tecnológica que ha marcado la industria
- ¿Tienes Windows 11 y tu PC no rinde como esperas? Aceléralo con estos consejos









