Guardianes de la calidad

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Los benchmarks y las pruebas de stress son las herramientas adecuadas para asegurar que una máquina cumpla con los requerimientos de su potencial comprador, guiando correctamente su decisión en función del uso que le dará al equipo. Ya sea trate de una PC de gaming, una PC industrial o un servidor, las herramientas de benchmarking son los aliados incondicionales de la calidad.

Es común ver cifras de benchmarks publicadas en revisiones de productos tendientes a facilitarle al lector la comparación entre distintas marcas y modelos. Pero el benchmarking sirve para más que sólo comparar productos. Para cumplir las condiciones de una licitación puede ser necesario demostrar que un producto alcanza determinadas cifras en un benchmark estándar. El software de benchmark puede usarse como parte de un procedimiento de testing de stress que asegure el cumplimiento de una política de calidad. También pueden usarse herramientas de benchmarking para aislar e identificar problemas de performance en un equipo en funcionamiento, o bien para analizar en qué medida afecta en una PC el cambio de un componente de hardware o software, como una memoria, una placa o un controlador. Aún otro uso de los benchmarks consiste en emplearlos como herramienta para determinar el potencial de overclocking de un equipo.

La tarea de benchmarking va más allá de simplemente instalar el software de benchmark, ejecutarlo con la configuración predeterminada y observar los resultados. El veterano geek/gamer Loyd Case, autor de infinidad de artículos sobre tecnología, destaca una simple regla del benchmarking válida tanto para usuarios como para ensambladores: “Correr benchmarks que den información relativa al uso que se le dará a la PC. Cualquier otra cosa es irrelevante”.

PCS DE JUEGOS Y OVERCLOCKING

En PCs destinadas a gamers, el valor de FPS (cuadros por segundo) para un conjunto representativo de títulos actuales es la principal referencia en la que confían los fanáticos de los juegos al elegir una máquina. Pero ese dato es muy relativo y puede variar en función de cuánto se “exprima” el rendimiento de los componentes por encima de los valores de referencia especificados por sus respectivos fabricantes, aplicando técnicas de overclocking.

El aprovechamiento del potencial extra de los componentes abre un abanico de posibilidades para distintas clases de usuarios y ensambladores. La clave en este aspecto consiste en determinar correctamente ese potencial, y para eso se utilizan las herramientas de benchmarking y pruebas de stress.

El experto en overclocking Alberto Gómez nos indica cómo valerse de estas herramientas para overclockear con mínimos riesgos: “se debe medir la temperatura de los componentes funcionando a un velocidad base o configuración de stock, e ir subiendo la velocidad de los componentes de a poco, siempre midiendo la temperatura y acompañando el proceso con algún benchmark para mantener en condiciones de stress al microprocesador, a las memorias y a las placas de video”.

Los benchmarks más significativos para las PCs de gaming son los de gráficos 3D, los cuales se pueden clasificar en dos tipos: benchmarks sintéticos y benchmarks de juegos reales. Los benchmarks sintéticos son programas diseñados específicamente para la tarea de conseguir cifras de rendimiento, y usualmente son los que ofrecen los resultados más detallados. Dentro de este grupo 3DMark está entre los más populares, pero también hay otros como Furmark (freeware), Catzilla y Unigine Heaven. 3DMark incluye benchmarks para distintos tipos de computadoras, asigna puntajes para procesamiento gráfico y físico, y permite comparar los resultados con los de otros usuarios. Catzilla, por su parte, realiza sugerencias de actualizaciones y configuración, y es capaz de indicar si una máquina es o no apta para correr determinados juegos.

Los benchmarks de juegos reales pueden funcionar mediante la grabación del índice de FPS durante un gameplay con FRAPS u otro software, o bien usando una herramienta de benchmark incluida en el juego. Varios títulos incluyen herramientas de benchmarks que pueden emplearse para registrar el rendimiento de la PC en cada juego en particular.

Pero ninguna herramienta informa todo lo que se necesita saber sobre la performance de una PC, por lo cual es necesario utilizar distintos benchmarks para tener una idea del funcionamiento total del equipo.

MEJORES PRÁCTICAS DE BENCHMARKING

Existe un conjunto de prácticas que se recomiendan para obtener resultados confiables de un procedimiento de benchmarking. El especialista en hardware y juegos Tyler Wilde recomienda como punto de partida tener la certeza de que tanto el sistema operativo como los drivers de la PC estén actualizados con las últimas versiones. “Antes de correr un benchmark, se debe reiniciar la PC y darle algún tiempo para estabilizarse”, señala Wilde.

El siguiente paso consiste en desactivar software antivirus, actualizaciones automáticas, así como también cualquier software que corra en segundo plano y pueda desactivarse en forma segura. Futuremark, la empresa creadora del software 3DMark y de otras aplicaciones de benchmarking, recomienda esperar otros 15 minutos luego de desactivar todas las aplicaciones que corran en segundo plano para obtener óptimos resultados. Obviamente, mientras se ejecuta la aplicación de benchmarking, no se debe usar el equipo para ninguna otra cosa.

La pantalla de 3DMark Vantage
La pantalla de 3DMark Vantage

La corrida del benchmark debería repetirse dos o tres veces para asegurar que no haya desvíos importantes entre distintas corridas.

MÁS ALLÁ DE LOS JUEGOS

Si bien es cierto que cuando una PC tiene un buen rendimiento con los juegos probablemente funcione bien con cualquier otra cosa, hay algunas excepciones a esa regla. Loyd Case menciona el caso de una aplicaciones de CAD para arquitectura, por ejemplo. “Un sistema que corre juegos en forma en forma fluida, muy probablemente funcione bien con esa aplicación de CAD, pero de seguro funcionaría mejor con una placa gráfica profesional”, destaca el especialista.

Pero los benchmarks no sólo se utilizan para medir performance en sistemas de propósito específico. También cumplen la función de garantizar el correcto funcionamiento de máquinas de uso general durante largos períodos de operación. Si bien muchos benchmarks de performance pueden configurarse para correr en ciclos infinitos (o durante períodos de tiempo determinados) para simular situaciones de stress, existen herramientas diseñadas especialmente para esta finalidad; principalmente para estresar a la CPU, por ser la principal causante de problemas de inestabilidad en las PCs.

El software Prime95 es la herramienta gratuita más popular para realizar esta clase de pruebas. Prime95 puede configurarse en diferentes modos de “tortura”, para manejar el balance de stress entre los componentes. Es conveniente utilizar esta herramienta junto con una aplicación de monitoreo como SpeedFan o HWMonitor para verificar que las temperaturas de los componentes no alcancen niveles peligrosos. En general, el BIOS se encargará de detener el sistema en caso de peligro, pero no es seguro que todos los BIOS lo hagan.

La pantalla de Prime95 no es muy visual, pero ofrece gran cantidad de información.
La pantalla de Prime95 no es muy visual, pero ofrece gran cantidad de información.

 

IntelBurnTest es otra opción popular para testear CPUs de Intel. Esta aplicación emplea el mismo motor para testeo de stress que Intel usa internamente para realizar el control de calidad previo a la venta de sus procesadores. El programa requiere sólo 8 minutos para llevar a cabo sus pruebas, contra tres horas que se necesitan con Prime95.

Una buena práctica que se suma a las mencionadas anteriormente para el caso específico de las pruebas de stress consiste en desactivar las características de ahorro de energía para evitar que la prueba se detenga al estar el equipo desatendido.

Hoy en día las pruebas de stress del hardware (también llamadas “burn-in”) no son tan necesarias como hace unos años. “Es mi creencia que el burn-in de un sistema no es tan necesario en la actualidad como lo era hace tiempo”, destaca Case. “Una de las razones para hacer burn-in de un sistema era verificar las probabilidades de la falla temprana de un componente: si todos los componentes sobrevivían al proceso de burn-in, entonces era probable que pudieran funcionar durante años sin problemas. Hoy en día, los componentes son en general más estables”.

BENCHMARKING PARA SOLUCIONAR PROBLEMAS

Cuando se nota que un sistema ofrece una performance inferior a la esperada, los benchmarks pueden ser de ayuda para identificar la raíz del problema. Para esto es necesario primero correr primero los benchmarks mientras el sistema funciona correctamente, de forma tal de contar con información de referencia para comparar.

Es importante documentar debidamente los resultados de los benchmarks, así como interpretarlos correctamente, ya que no siempre se presentan en un formato sencillo de entender. Por ejemplo, un benchmark de juegos puede dar como resultado un valor máximo de FPS muy atractivo, pero la realidad es la que se observa en el valor promedio (average) de FPS.

La correcta documentación de los resultados de los benchmarks es fundamental para mantener un seguimiento del rendimiento de un equipo a través del tiempo. Loyd Case recomienda registrar los resultados de las pruebas en planillas clasificadas por tipo de componente. “Puedo abrir mi planilla de placas gráficas y ver los resultados hasta varios años atrás. Tal información es realmente importante, por que no siempre es cierto que el nuevo hardware corre las aplicaciones más velozmente. A menos que se documenten los resultados con un buen nivel de detalle, el impacto de un cambio de hardware en el rendimiento de un equipo es difícil de determinar”.

El uso de las herramientas correctas de benchmarking, junto con la aplicación de las buenas prácticas recomendadas por los expertos, permite definir procedimientos de testeo que bien pueden formar parte de un estándar de calidad certificado tendiente, en definitiva, a maximizar la satisfacción del cliente.

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